lunes, 22 de mayo de 2017

Banderín de ‘El Gallito’ llegó al Misti

Autor director del quincenario
mensual se quedó a medio camino
por sorpresivo problema de salud

Nota del editor – El creador, director y hasta “chulillo de sí mismo”, Álvaro Javier “Lessness” Podestá Cuadros no pudo llegar al cráter del volcán Misti, como era -es- su deseo debido a un sorpresivo problema de salud que lo detuvo “a poco menos de 5 000 metros de altura. Pero dejemos que él mismo nos cuente sobre el principio y final de la aventura y su deseo de persistir en el intento.

A mitad del camino

Por A. J. “Lessness” Podestá Cuadros


El autor
Tres de la mañana del martes, sentado en una piedra a poco menos de cinco mil metros de altura, solo, en la parte de atrás del Misti (o Mistimanjaro como le digo de broma), esa parte que no se ve desde la ciudad, trato de no perder de vista la represa de Aguada Blanca.

Su brillo y las lucecitas de una estación donde trabajan unas personas, deben orientarme para llegar al campamento que a esa hora sólo intuyo dónde debe estar.

-Anda nomás, Alexei -le dije a mi amigo-, si me esperas te vas a atrasar y ya ni siquiera estoy caminando, estoy rengueando.

-Toma mi linterna -me dice él-, ese foquito que tienes en la cabeza no te va a durar.

Consejos para la próxima 
-Gracias, ve nomás. Me quedo acá porque si doy la vuelta a ese cerro y me planto, ahí sí me voy a perder.

Le doy la bandera que hice para subir al Misti y hacer jodas para mi magazine "El Gallito" y le digo que se tome fotos con ella allá arriba.

El banderín llegó en otras manos
Alexei se aleja para unirse al grupo el cual ya está dando la vuelta a esa parte de la montaña, siempre en zig zag, para seguir caminando ¿cuatro horas más, cinco más?

Debo estar bien abrigado (me dijeron que llegó a hacer sólo dos grados bajo cero esa noche) y no siento tanto frio, es más estoy transpirando.

Amanecer andino que no pudo ver
No puedo dormir sobre la piedra donde estoy sentado porque hipotermia es una palabra que golpea mi cabeza.

Estoy frustrado porque con el esfuerzo hecho para ascender al campamento por la arena gris que imagino debe ser por la mezcla con ceniza (imagino) mi ingle derecha se fue al diablo.

Sobre un manto de ceniza
Me pongo a pensar que ese sería un lugar ideal para que a uno se le presente el diablo tentándolo, ofreciéndole cosas. Solo, la silueta nocturna del Pichu Pichu miro a mi derecha.

Desciendo un tramo por el camino de zig zag y luego no lo veo más así que decido bajar verticalmente.

Escucho ruidos y creo que es parte de las correas de mi mochila, la ropa térmica y hasta mis gorras en la cabeza.

Campamento-refugio de El Gallito
Volteo y todo se ve tranquilo. Me detengo, me siento un rato y veo que siendo las tres y media de la mañana falta harto todavía para que amanezca. Maldigo mi ingle y sigo bajando...es un decir.

Me caigo tres veces en ese descenso y no veo aún el campamento. Me dijeron que ratas, vizcachas y zorros suelen ir a buscar los residuos de comida que dejan los montañistas, así que espero no encontrarme con alguno de estos personajes cuando llegue.

Sopla el viento, me detengo agitado, me pregunto quién carajo me manda a meterme en estas cosas y sé la respuesta.

Arequipa nocturna desde la cumbre de su volcán
No dejo de escuchar ruiditos y cuando me detengo para ver si me topo con los ojitos del intruso (aunque en esta zona el intruso soy yo) nunca hay nadie.

Más de lo mismo, ya no veo las luces de Aguada Blanca y es señal de que el campamento debe estar cerca... o quizás muy lejos.

Llego al campamento a las cuatro de la mañana y comienza una historia tipo "Proyecto de la Bruja de Blair", pero eso -si se portan bien- lo contaré otro día.

Soy A.J. "Lessness" Podestá y todavía me duele un poco el cuerpo, sin embargo podré añadir estas historias en la próxima edición de El Gallito.


(Imágenes de Alexei López postigo)

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