miércoles, 18 de octubre de 2017

Artillero de 85 años camina por el Perú

Exalumno de promoción
rebelde de la “I” exhibe
decenas de medallas

De Leonidas Gutiérrez López, exalumno de la promoción rebelde de 1951 del Colegio Nacional de la Independencia Americana de Arequipa, y ex teniente coronel de artillería del ejército, se puede decir que fue el guerrero distinguido de tiempos de paz que a los 85 años no halla reposo porque quiere recorre el Perú que le falta conocer.

Muchas medallas premiaron su brillante carrera
Cargado de medallas “que no me sirven para nada” y con las paredes de su estudio llenas de diplomas, Leonidas padece las limitaciones propias de su edad como todos los seres humanos, pero las olvida cuando se trata de viajar a lugares del Perú -de Iquitos a Pucallpa en un larguísimo viaje en barco fluvial, por ejemplo- que le darán una nueva experiencia de vida.

Gutiérrez, mi condiscípulo del Colegio de la Independencia, estuvo sometido a las represalias que la dictadura de Manuel Odría impuso a los estudiantes que participamos en la huelga de 1950, que intentó ser reprimida con el uso desproporcionado de la fuerza policial y provocó la gran rebelión del pueblo de junio de aquel año.

A pesar de que los generales de la junta militar de Odría se comprometieron solemnemente a no tomar represalias contra ninguno de los estudiantes que participaron en la huelga de 1950, actuaron con premeditación y venganza los años siguientes.

Con sus condiscípulos de la "I"
Así, concluidos sus estudios en 1951, Leonidas y otros condiscípulos que intentaron ingresar a alguno de los institutos armados, debieron esperar para matricularse en la escuela militar recién en 1953.

Cuando lo intentaron la primera vez, en 1952, les preguntaron en qué colegio habían estudiado la secundaria y cuando respondieron “en la I”, los vetaron, felizmente no para siempre.

En las guarniciones militares

Estuvo en numerosas guarniciones como oficial de artillería y concluyó su carrera en 1984, cuando le escamoteaban el grado de coronel en cuyo cuadro de ascensos estuvo cinco años mientras los militares de su nivel llegaban a generales.

En San Lázaro, con camaradas de la "I"
Cuenta que cuando hizo conocer su decisión de retirarse, un general le recordó su brillante hoja de servicios y le preguntó muy solícito: “Leonidas, ¿por qué te retiras?”.

Le respondió: “¿Por qué? Porque me están meciendo desde hace cinco años. Tú ya eres general y yo sigo comandante”.

Por eso mira sus condecoraciones y diplomas con cierto aire de decepción.

Alcalde por elección popular

En la vida civil, fue alcalde de Cerro Colorado, Arequipa, elegido por su pueblo para una administración entre los años 1987-1989.

“Una vez estuvimos ante el despacho del entonces alcalde de Arequipa, Luis Cáceres, y tuve el gran gusto de mandarlo a la mierda, así, con todas sus letras, porque mientras yo hablaba presentándole mis peticiones, no me escuchaba y fingía firmar papeles, en franco desaire a mi autoridad y a la presencia de vecinos de Cerro Colorado”, recordó.

Con el banderín de la Promoción 51 en alto
En octubre de 2015, Leonidas sufrió la gran pena de perder a su esposa, María Yliana Fernán Zegarra, quien lo acompañó desde cuando fue teniente de artillería en todas las guarniciones a que fue destinado, “desde la selva hasta el mar”.

Hace pocas semanas, Leonidas viajó “siete días con sus noches, de Iquitos a Pucallpa en un barco “que se bamboleaba de orilla a orilla del Amazonas para recoger pasajeros de los pueblos ribereños”, refirió sobre su más reciente escapada de Arequipa, donde vive.

Cuando se trata de viajar, Leonidas dice sí y se olvida de las limitaciones de la edad, la cortedad de su vista, su deficiencia auditiva, las intervenciones en la cadera que lo han condenado al bastón.

Uno entre la multitud
A fines de agosto estuvo en Tacna en la tradición procesión de la bandera que recuerda la reincorporación de esa provincia a la heredad nacional y caminó junto al gigantesco símbolo rojo y blanco hasta que el cansancio lo obligó a buscar un asiento.

Antes viajó entre los pueblos de la margen de la Costanera del Sur entre La Punta, Mejía y Mollendo y tuvo el placer de sumergirse en las aguas del Pacífico, aunque para hacerlo y evitar a los ladrones lo hizo con su “canguro” a la cintura lo cual le causó la pérdida de objetos personales, dinero y deterioro de documentos.

Pero él estuvo contento. “Los documentos se reparan, el dinero se vuelve a tener, pero el gusto de hacer lo que haces te dura para siempre”, proclamó al contar su aventura que solo es una de muchas de su vida de activo artillero en años de reposo. (Luis Eduardo Podestá)

(Imágenes de archivo del autor)

lunes, 9 de octubre de 2017

El 'inglés' que teníamos en la redacción

Lo que calló Carlos Meneses
en entrevista del diario El Pueblo
sobre su trayectoria periodística

Un funcionario al que no
pudieron “romperle la mano”

Múnich, Alemania – Leo con retraso la versión online del diario El Pueblo, de Arequipa, una entrevista que el periodista Lino Mamani le hizo a otro periodista, Carlos Meneses Cornejo, por el Día del Periodista, el 1 de octubre pasado y junto a la pena por llegar tarde a  esa lectura, con la disculpa  de que estoy de vacaciones en Europa, no puedo callar lo que sé del personaje, a quien me une, sea dicho de paso, una vieja amistad.

En su despacho del diario El Pueblo
Es extraño que haya concedido una entrevista, aunque imagino que no se pudo negar al requerimiento de su redactor Lino Mamani y que probablemente, estaba emocionado por contar algo de su historia profesional.

La última vez que conversamos, en febrero de 2008, pude extraerle una confidencia que tenía bien guardada: Era “mellizo” del nobel de literatura 2010, Mario Vargas Llosa, arequipeño como él.

Ambos nacieron  por obra y manos de la misma matrona, como se llamaba a las parteras de la antigüedad arequipeña, la inglesa miss Pitcher, quien asistió el nacimiento de Mario Vargas Llosa en la madrugada del domingo 28 de marzo de 1936 y luego tuvo que correr desde la casa de Boulevard Parra 101, a la calle melgar 213, donde trajo al mundo a José Carlos Meneses Cornejo.

Los "mellizos" Carlos y Mario
De allí la “mellicidad” de ambos personajes.

El “inglés” de la redacción

Cuando tuve la oportunidad de cambiar de camiseta y dejé El Pueblo para incluirme en el personal del naciente diario Correo de Arequipa, miembro de una cadena nacional, me dieron la misión de escoger al personal entre los mejores periodistas del medio y el primer elegido fue Carlos Meneses Cornejo.

Carlos era jefe de prensa de La Comercial, una gran empresa dueña de un gran establecimiento en la calle Mercaderes, de propiedad del extinto alcalde de Arequipa, el alemán Ulrich Neisser.

Puso sus condiciones. Cubriría sus comisiones sin asistir a la redacción adonde llegaría por la tarde para entregar sus notas. Con Jorge Hani, el jefe de redacción, aceptamos esa condición, porque no queríamos perdernos un redactor de su calidad.

Como venía a veces entre seis y siete de la noche, enfundado en un abrigo beige, tocado por una gorrita que le cubría hasta los ojos, donde lucía gruesos lentes, era prácticamente desconocido para el director general de la cadena, el legendario Raúl Villarán, que entonces se hallaba en Arequipa para preparar las primeras ediciones de Correo.

Villaràn lo vio una noche en la redacción, me llamó aparte y en secreto me preguntó. “Quién es ese inglés?”.

“Ese es nuestro redactor Carlos Meneses, don Raúl”, le respondí y él festejó luego con risas estrepitosas la respuesta.

Desde entonces, la chapa de Carlos fue “el inglés”, algo que con el correr de los tiempos parece haberse olvidado. Pero mírenlo bien, sobre todo cuando se ponga abrigo y una gorrita que debe tener guardada en algún lugar de su casa.

El "ingles" frente a Vargas Llosa
Se dirá entonces que solo le falta la pipa, pero él no fuma, nunca lo ha hecho.

No pudieron ”romperle la mano”

Carlos Meneses fue alto funcionario de la Corporación de Desarrollo de Arequipa (Cordea), creada por el entonces presidente Fernando Belaunde Terry, como lo recuerda Lino Mamani, quien nos cuenta que al hoy director del diario El Pueblo, no pudieron coimearlo, como es tan habitual en nuestros días para desgracia del país.

Dejemos que el redactor Lino Mamani nos cuente esa parte de la vida del periodista que fue homenajeado el 1 de octubre.

“Carlos Meneses Cornejo logró que el presidente Belaúnde aprobara financiar la renovación de la infraestructura y tecnología de los hospitales Honorio Delgado, Mollendo, Camaná y Aplao”, escribe Mamani.

“La organización Phillips iba a encargarse de ello, pero ya el contrato estaba por finiquitarse, los ejecutivos le dijeron que solo faltaba que les dijera en qué país, en qué banco y moneda quería recibir la “comisión” por estas compras.

“Lo rechazó de plano, aunque los empresarios insistieron. Entonces propuso que en ese caso el monto le descuenten al pago final del proyecto, no quisieron.

“Les pidió que con ello financien otros equipos o repuestos, se negaron. Querían darle a él" (esa comisión que según se supo era habitual en el presupuesto de las obras públicas).

Funcionario incorruptible
“Entonces, Meneses habló con el directorio de la Cordea, pero le dijeron “a qué vienes con ese chiste acá, eso te lo darán a ti”.

“Meneses no podía dormir, así que tuvo que viajar a Lima para responder a la empresa que no iba a aceptar ese dinero a pesar que la compañía quería condicionar la ejecución. Valió más su honor”, añade Mamani.

“Cuando le contó lo hecho, Belaúnde se levantó y estrechó su mano y le dijo: “Estoy muy orgulloso de usted”.

“-Desde ahí, nadie vino a tocarme la puerta a ofrecerme coimas –refiere”.

Ese es el periodista que conozco, quizá el único funcionario que rechazó una coima, cuyo ejemplo debiera haber servido para quienes las recibieron a montones y hoy se encuentran en problemas judiciales.

Meneses, manos y conciencia limpias, no es proclive a los homenajes. Pero estuvo bien que el 1 de octubre recibiera el reconocimiento de sus colegas y la comunidad, como hoy lo hago yo, un poco con retraso en el tiempo, pero con la misma fraternidad de nuestros viejos tiempos.

(Imágenes de El Pueblo y archivo del autor)


domingo, 8 de octubre de 2017

Huracán Xavier causó 9 muertes en Europa

Fenómeno inusual pasó con
vientos de 228 kms. por hora
sobre varios países del norte

Múnich, Alemania - Por lo menos nueve personas -siete de ellas en Alemania, incluida una conocida periodista- murieron en distintos incidentes provocados por el huracán Xavier que se abatió jueves y viernes sobre varios países del norte de Europa en un fenómeno poco frecuente en la región, informaron medios de prensa.

Árboles derribados por todas partes
Expertos señalaron que aunque Europa ha sufrido huracanes, se trata de un fenómeno meteorológico “muy raro” que “puede estar a punto de hacerse mucho más común”, de acuerdo con un informe del portal Xataka.

Las más graves consecuencias del Xavier se produjeron en Alemania, donde la periodista Sylke Tempel, de 54 años, murió en Berlín cuando volvía de una misión periodística en la que participó también el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, según informe del diario BZ, citado por la agencia Deutsche Welle.
Victima de "Xavier"

Tempel, experta en política exterior, murió cuando fue el vehículo que conducía fue golpeado por un árbol derribado “por los fuertes vientos que azotaron el jueves (06.10.2017) el norte y el este del país durante el paso de la tormenta Xavier”, dijo DW.

La periodista salió del vehículo para intentar desbloquear la vìa, pero “otro árbol la golpeó, matándola al instante, de acuerdo con el BZ. Sus dos compañeras resultaron heridas por el árbol, que también chocó con el vehículo”, añadiòDW.
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El viento derribó esta enorme grúa portuaria
Otros medios de prensa informaron hoy sábado que en Escocia un camionero m informan murió y otras cuatro personas quedaron heridas cuando un golpe de viento volcó el vehículo que los transportaba.

En Dinamarca, asimismo, se informó de que “el temporal costó la vida de una mujer de 72 años, que iba de acompañante en una camioneta mientras circulaba por la localidad de Holstebro, en Jutlandia”.

“El auto conducido por su hijo volcó a causa del feroz viento. La mujer murió en la ambulancia de camino al hospital”, añadió la información.

Las autoridades danesas cerraron todos los grandes puentes, incluido el resund, que conecta Dinamarca con Suecia.

En la costa oeste de Jutlandia volaron tejas de los techos y la policía recomendó no salir de las casas.

Servicios de trenes suspendidos
La oficina meteorológica del Reino Unido declaró la alerta meteorológica en varias regiones del norte y del este de las islas y la Agencia de Medio Ambiente instó a los municipios de la costa este de Inglaterra a prepararse "para la mayor marea costera en más de 30 años" y agregó que había "riesgo significativo de inundaciones".

La tormenta también afectó parte de Alemania  varios de cuyos estados federados del norte dispusieron asueto escolar y suspendieron el servicio de líneas ferroviarias.

Los mercadillos navideños fueron llamados a permanecer cerrados mientras las autoridades prevenían de salir a la calle por el riesgo de la caída de ramas.

Numerosos vuelos fueron cancelados en los aeropuertos de Hamburgo, Colonia y Düsseldorf, informó la DW.

(Imágenes de Deutsche Welle)

martes, 3 de octubre de 2017

La plata llega suave a Cofide

Periodista descubre que en la
conocida entidad estatal los
que “trabajan” no saben hacerlo

Nota del editor - Habituado a leer las novedades del Perú a través de diarios e intervenciones en la red de mis colegas periodistas, me encontré con la siguiente sabrosa y reveladora nota de cómo “trabajan” algunas dependencias públicas cuya misión parece, precisamente, la de impulsar el decaído desarrollo del país en un momento tan crítico como el actual. La información estaba en el muro de mi gran amigo Pedro Ortiz Barnuevo, con quien me unen viejos lazos de camaradería desde los tiempos del diario Correo que navegaba el proceloso mar de la dictadura de Velasco Alvaradoy parte de la siguiente era de la “devolución de los diarios (confiscados) a sus legítimos dueños”.  La profesionalidad de Ortiz deja fuera de toda duda cualquier exageración en su información, porque él se caracteriza por su respeto a la objetividad y su gran sentido de observación. No deja de ser, sin embargo, un crítico vitriólico de lo que ve mal. Y esto es lo que encontró cuando fue como un ciudadano común a reclamar información en la pomposamente (¿y engañadora?) Corporación Financiera de Desarrollo (Cofide) – Luis Eduardo Podestá desde Múnich, Alemania.
  

Cofide no quiere a las MYPES

Por Pedro Ortiz Barnuevo

El viernes 29 de setiembre a las 10 am., fui a COFIDE (Corporación Financiera de Desarrollo) para saber lo que necesita un pequeño empresario que quiera formalizarse.

El vigilante me dijo de arranque que antes daban información, pero que ya no y me dio un volante con la dirección de una oficina “aquí nomás, junto al Banco de Crédito”.

Volantes de engañadora sonrisa
“Hacemos todos los trámites por ti”, leí en el encabezado y vi que se trataba de un negocio particular, así que volví a la carga e insistí con el vigilante.

Las lujosas oficinas del CENTRO DE DESARROLLO EMPRESARIAL DE COFIDE en la zona más cara de San isidro, estaban vacías a esa hora.

En uno de los casi veinte cubículos, cada uno equipado con una moderna computadora, había un empleado solitario, mientras en otro, un señor conversaba con una señorita.

-“Con ella tiene que hablar, así que espere un momento”-, me dijo el vigilante.

Pasaban los minutos y la charla de la pareja continuaba, de modo que me acerqué y me quedé mirando, hasta que la conversadora me vio y salió a atenderme.

-“Mira– me dijo la señorita, tuteándome en prima– ya no damos ese servicio, así que anda a esta oficina (la del volante) …”

Así cualquiera "trabaja"
Le pedí que me comunique con el jefe del Centro de Desarrollo Empresarial de Cofide y no quiso, hasta que le mencioné mi condición de periodista, no sin antes dejarla helada con un aclare por la conchudez del tuteo.

Al fondo a la derecha de los cubículos, una señora (digo, por la edad) escribía en una computadora, pero levantó la cabeza para atenderme y me dijo que la información podía verla en la web.

- “Es más, –me dijo – puede verla aquí…”, e hizo el intento de colocarme frente a una computadora.

Argüí que no era mi dominio y le pedí que me imprima la información, que yo pagaría las copias.

Se negó y volvió a negarse, hasta que le hice ver la gravedad de la situación, ya que en una oficina del Estado se repartían volantes de un negocio particular ¿a cambio de una comisión?

Finalmente me dio una copia de un folleto de 38 páginas correspondiente al “Manual de usuario del sistema de intermediación digital (SID-SUNARP) que solo de verlo me dio pereza, así que insistí en que me dé una hojita con los requisitos para formalizar una pequeña empresa.

-“Ahí está todo, léalo…”-, me respondió en tono de despedida.

El folleto es una farragosa sucesión de indicaciones que desanimaría a cualquier empresario que quisiera optar por la formalidad.

Cuando salía, cogí del mostrador de informes un volante de Cofide que reposaba junto al de la empresa particular, que pomposamente dice : FORTALECIENDO A LA MYPE, DESARROLLAMOS AL PERÚ – Consultorios gratuitos, previa cita.

(Los empleados de Cofide son los mejor pagados del Estado, junto a los del Banco Central de Reserva, de la Sunat y de la Superintendencia de Banca y Seguros)
(Pedro Ortiz Barnuevo).

(Imagen del autor y de archivo)

martes, 12 de septiembre de 2017

La cofradía del presidente vitalicio

Cómo nació la Cofradía del
Palacio, donde nadie paga
cuotas y se va cuando quiere

Nota del editor – El autor de la siguiente nota ha creído conveniente distraer algunos de sus ocios en medio de sus dos “meses jubilares” –léase vacaciones– para informar a sus lectores sobre los orígenes de la Cofradía del Palacio, con sede en Lima, Perú, a fin de que  sus miembros no sientan que han sido olvidados. Pide, asimismo, perdonar si en el desarrollo del texto ha olvidado a algún connotado socio de la institución. 

Münich, Alemania - Los orígenes de la Cofradía del Palacio, una singular entidad con presidente de facto vitalicio, se remontan a los años 70 del siglo pasado, cuando la mayoría de sus miembros trabajaba –o decía trabajar– en la redacción del diario Correo de Lima, entonces situado en la avenida Wilson o Garcilaso de la Vega, cuadra 12.

Olgger muestra informe en el desaparecido El Firme-2
Eran tiempos de dictadura militar y los diarios de circulación nacional habían sido capturados y asignados a las organizaciones civiles.

Así, por ejemplo, el poderoso El Comercio fue requisado y designado vocero de los campesinos, y el diario Ojo, tabloide especialista en “levantar” la noticia para hacerla más sabrosa para los lectores que no leían prensa seria, fue entregado a los intelectuales.

Correo, donde el actual presidente de facto de la Cofradía trabajaba luego de pasar por Ojo, era el diario de los profesionales o, al menos, era lo que determinó la dictadura militar de Juan Velasco, no se sabía con qué criterio, y que al fin de cuentas, era la que manejaba la línea periodística desde el palacio de gobierno.

Por eso, el ingenio popular bautizó a los diarios como “parametrados” ya que un ministro de entonces declaró que existía plena  libertad de prensa “dentro de los parámetros de la revolución…” que se vivía.

La denominación de cofradía es relativamente reciente, ya  que en sus comienzos,  la  reunión de periodistas de Correo se llamaba “peña de los viernes” y su sede era  un club provinciano de la calle Monzón, a una cuadra del Parque Universitario, uno de los exclusivos locales donde se vendía cerveza Cusqueña.

Reunión previa a elecciones en el Colegio de Periodistas
Era una pampa cuadrada con habitaciones en una esquina, cuyos administradores usaban el membrete de club de una provincia de Apurímac, para llevar adelante su negocio de restaurante público y al cual, para mantener cierta reserva entre nosotros, llamábamos “el hueco de la vieja”.

No era con ánimo peyorativo ni de burla. En ese tiempo –quizá ahora también- llamábamos “hueco” a establecimientos sin lujos, casi desconocidos, para reunirse a beber unas cervezas sin que otras personas se enteraran y corrieran el chisme. ”La vieja” era una respetable señora mayor que administraba el lugar.

El “hueco de la vieja” se convirtió en el cenáculo que nos permitía rajar de los personajes del gobierno, comentar lo que no se publicaba en los periódicos y hacer chistes sobre las declaraciones de los ministros militares.

Puede decirse que la peña fue fundada por Rodolfo (“el cholo”) Orozco, periodista ya desaparecido de Correo, Diógenes Puente  de la Vega, redactor en español de la agencia Francce Presse, su hermano apodado el “hombre  de negro”, el mecánico dental Manuel Cárdenas, a quien llamábamos ”hacedientes” y un servidor, a quien los primeros hicieron la gracia de invitar.

Después se incorporaron personajes del periodismo y de fuera de él, como José Perleche Moncayo (diario La Crónica), Máximo Mogollón (Correo), Diego Mori (Ultima Hora), Víctor Medina (Correo), Manuel Candia (operador de un cine de La Victoria), Diógenes Vásquez (Expreso), el “negro” Manuel Miranda (abogado), José Sagar Bejarano (Radio Panamericana), y otros.

Cita en el Club de Periodistas
En sus momentos estelares, esa “peña” llegó a contar con 14 miembros regulares y unos ocho o diez eventuales que concurrían para conocer la realidad de aquella asociación informal, cuyas noches se prolongaban a veces hasta las madrugadas en las instalaciones del Club Apurímac de la avenida Brasil.

Esto ocurría generalmente los días de quincena, cuando la “vieja” daba por terminada la noche en el “hueco” y los comensales recién llegados después del cierre de sus periódicos querían continuar la fiesta.

La diáspora que nos alejó

Pero llegó un indeseado momento en que por razones varias, algunos se alejaron voluntaria o involuntariamente de la peña.

A principios de los años 80 conseguí una plaza de redactor en español en la agencia The Associated Press (AP), con sede en el crucero de los jirones Huancavelica y Cailloma, pleno centro de Lima.

Selfie en actividad gremial
Era fácil una reunión con la gente de France Presse (AFP), Fernando Barrantes y Tomás Tronco, porque su agencia quedaba a pocos pasos de la  AP, en el piso 11 de un edificio en la misma esquina de Huancavelica-Cailloma.

Con ellos hacíamos reuniones en el aún existente restaurante Carbone, pero las obligaciones no permitían que ellas fueran muy extensas. Eran como si dijéramos encuentros al paso para un sánguche y una cerveza.

Fueron tiempos de un práctico receso de la peña. La AP se trasladó a San Isidro, jirón Las Flores, y algunos personajes, asumieron cargos en el nuevo gobierno, como Orozco, quien fue nombrado director del diario estatal La Crónica.

La agrupación se mantuvo con mi hermano Olgger Podesta, ligado a los diarios Correo y Ojo, el “chino” Luis Alberto Guerrero, que vivía heroicamente los últimos días de La Prensa, Marcelo Martínez Gómez, columnista de Expreso y algunos excepcionales “invitados”.

Las reuniones, siempre al mediodía de los sábados, tenían lugar en esa época, en la sanguchería El Chinito, del crucero Chancay y Zepita.

Delegado de Boston (izq.) con  publicación reciente
Después de un largo tiempo el silencio cayó sobre la peña. Algunos de sus miembros habían muerto, entre ellos el “cholo Orozco” y su compadre Diógenes Puente de la Vega, otros se habían dispersado en diversos medios y los demás, finalmente, decidieron dedicar totalmente su tiempo a sus familias.

El renacimiento de la peña, llegó en última década del siglo pasado.

César Terán Vega y yo trabajábamos en el diario La República y los sábados, nuestros días de descanso, salíamos a comer un cebiche acompañado de cerveza Cusqueña en El Firme número 2 de la segunda cuadra del jirón Ica, a la vuelta de la sede del periódico.

Allí estuvieron mi hermano Olgger, aún unido a Correo, el “Padre Eterno” Víctor Salas Bartra, Jorge Eléspuro, publicista de La República, Luis Alberto Guerrero, y algunos parroquianos del restaurante que querían participar  de la reunión.

Nos vamos al palacio

El nombre de Cofradía del Palacio fue sugerido por César Terán y aceptado por todos los demás cuando, debido al cierre definitivo de El Firme número 2, debimos buscar otro “corner” y lo encontramos en el Palacio del Inca de la tercera cuadra del jirón Conde de Superunda, a tres cuadras del “otro palacio”..

Dos grandes ausentes: Lucho Guerrero y Olgger Podestá
Entonces César Terán había entrado a El Peruano, como editor de la sección editorial y yo al cargo de jefe de prensa de la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA) del Poder Judicial.

De pasadita, quiero contarles que era la primera vez en mi vida que iba a trabajar en una entidad pública y lo hice porque el magistrado supremo jefe del organismo, me pidió que lo acompañara, así lo dijo, por unos seis meses. ¡Me quedé nueve años!   

A las primeras reuniones del palacio concurrían Antonio Láinez Yonce, ex de Expreso, Rony Guerra, Lidia Bonilla, Wálter Sánchez Gibbons, ex de UPI, Pedro Ortiz Barnuevo, ex de Correo y La República, Daniel Cumpa, ex de Correo y Octavio Huachani,  ex de La República.

También estaban alineados Gustavo Rossi, conductor de un programa de radio en Los Olivos, Miguel Bernuy, director de una revista, Máximo Torres, nuestro delegado en Boston, Massachusetts, su hermano Pedro Torres, los consabidos Olgger Podestá, Luis Guerrero y los ocasionales Mariano Baylón, Guillermo Avendaño, el impresor Apolinar Ventura y unos tres o cuatro más.

Todos ellos adoptaron –juntos o separados– el unánime acuerdo de tener un “presidente de facto vitalicio”, en el autor de esta nota, quien no abriga la menor intención de convocar a elecciones jamás.

Y por supuesto, continuarán los chismes y comentarios malévolos sobre las noticias de la semana, debates con críticas a un gobierno que no se anima a pegar un par de carajos en defensa de sus fueros, a un congreso que asume aires de dictadura a copia e imagen japonesa de los 90s, y la distribución de publicaciones y sorteo o simplemente obsequio de libros para las bibliotecas personales de quien gane o simplemente concurra.

Así de generosa -nadie paga cuotas ni derechos de inscripción-, y abierta a las discrepancias  –a veces no dejan hablar al presidente– es la Cofradía del Palacio, donde se cultiva la amistad sin reglamentos y la solidaridad sin miramientos. (Luis Eduardo Podestá).

(Imágenes de archivo del autor)

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El hombre que se niega a la ceguera

Elogio al periodista y hombre
de teatro José Valdez quien
sigue adelante sin bastón

Münich, Alemania – Como en aquellas simbólicas máscara representativas del teatro, una que ríe y otra que llora, José Valdez Pallete, director de teatro y fundador de la agrupación Talía, de Arequipa, finge no ser ciego y camina por la ciudad, sin apoyo de un bastón,   guiándose solo por la sombra que reflejan los transeúntes que encuentra a su paso.

No hacer caso a los males 
Me ha dolido la noticia, leída en el diario El Pueblo de Arequipa, porque Pepe Valdez es mi colega del periodismo de antaño y quizá fui un factor en su entrega incondicional hacia el teatro desde hace mucho más de medio siglo.

Nos conocimos en el desaparecido diario El Deber, por cuya redacción tuve un breve paso, y más tarde arribamos a El Pueblo.

Tenía unas dos semanas de trabajo en ese diario, a finales de la década de los 50s, cuando mi jefe de redacción, Juan José Barriga Gonzales, me encargó: “¿No quieres regalarte una tarde de teatro. Actuará Pepe Valdez”.

Era una orden que no lo parecía porque era así el estilo del jefe. Yo no era experto en espectáculos culturales ni de los otros. La pieza, cuyo título se me ha perdido en la memoria, se daba en el teatrín de la parroquia de San Antonio, de Miraflores, Arequipa.

Me divirtió ver a Pepe con traje de calzones bombachos a la usanza medieval, para anunciar la trama de lo que se venía. Y su actuación en el desarrollo de la pieza me pareció muy agradable y nada exagerada como había visto actuar a otros artistas aficionados y profesionales.

Hice una información muy objetiva y destaqué el hecho de que el público aplaudió con entusiasmo cada uno de los tres actos y por varios minutos al final, reclamando la presencia de los artistas.

Los hombres de la opinión

Cuando la nota salió publicada, Pepe me saludó con un abrazo y me agradeció los términos en que había sido redactada.

Cuando el director de El Pueblo, Luis Durand Flórez, dispuso mi participación en las reuniones del cuerpo editorial cada mañana a las 11, debido a que hacía una columna de opinión, me sumé a tres personas de gran valor humano y profesional.

Allí estábamos Alfredo Cornejo Chávez, Carlos Montoya Anguerri, José Valdez  y un servidor, más dedicado a escuchar las intervenciones de los primeros en torno a los asuntos de la ciudad y la realidad nacional e internacional cuando hacía falta.

Entonces se acentuó mi amistad con Pepe, con quien hace unos cinco años, nos encontramos por casualidad en la calle Mercaderes, y hablamos brevemente.

Le pregunté por José Villalobos Ampuero, el único alcalde marxista que tuvo Arequipa, y me respondió sorprendido: “¡Es ese que acaba de salir (de un restaurante cercano)”.

Yo no había reconocido debido al tiempo transcurrido, a Villalobos, ya entrado en años, como nosotros y debí entrevistarlo días después en su casa.

No hace caso a sus ojos

La periodista Roxana Ortiz, del diario El Pueblo, escribió sobre José Valdez: “Lleva sus anteojos oscuros y camina erguido. Nadie se da cuenta del problema. ¿Por qué no usa bastón?, le pregunto.

“Me mira serio y dice (porque distingue de cerca): “Eso es para los viejos”. ¡Ah!, perdón, no sabía, le digo. “Además, nadie tiene que enterarse por lo que estoy pasando”, agrega. Espero no lea esta nota”.

Ortiz añade que Pepe “ya ha tenido algunos accidentes por su falta de visión, la última vez “chocó” a un carro. Calculó el paso por la sombra del vehículo, pensando era un auto, pero se tratba de un pequeño camión con remolque, avanzó por la pista para chocarse con la unidad, y terminó en el piso”.

“Generalmente voy por las esquinas donde hay semáforos y me pongo al lado de las gordas, ellas nunca corren, espero que avancen y yo también, aunque ahora los conductores no respetan a nadie”, se quejó Pepe.

La periodista comenta que fue “difícil hacerle la entrevista con puntos concretos a una persona que estuvo acostumbrada a mantener horas de horas charlando, que de la noche a la mañana se encuentra sola, y que tiene miles de temas por platicar. Fueron más de cuatro horas y solo se pudo obtener algunos detalles”.

Informa que Pepe no deja de escribir y le dijo que ha hecho “algunos libretos. Algo tengo qué hacer con mi tiempo”.

Recuerda  que “hace 50 años, junto con algunos amigos, fue espectorado de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), cuando Patria Roja asumió el poder y decidieron fundar (el grupo teatral) Talía”.

Expulsado por la dictadura

“El día para don Pepe se iniciaba a partir de la hora del almuerzo y terminaba con las primeras horas del siguiente”, refiere Ortiz.

“Era común verlo en la redacción del diario Arequipa al Día, mientras se cerraba la edición a partir de las 10 de la noche, revisando diversas publicaciones. Era noctámbulo y asiduo a  los cafés. No tomaba alcohol, pero le encantaba una buena conversación, especialmente  cuando estaba rodeado de jóvenes escuchando sus experiencias sobre diversos temas o él contaba las propias”.

“Cuando Juan Velasco asumió la presidencia, en Arequipa también surgieron algunos líderes y se hicieron de la administración de la UNSA, donde se hacía bastante cultura. Allí surgieron varios grupos del Partido Comunista. “Eran gente notable. Comunistas pitucos, qué gracioso”, ríe.

“Ese fue el punto para que los actores expulsados, como Antonio Gonzales Polar, Eusebio Quiroz, Carmela Núñez, Hugo Valenzuela, su hermano Luis, Julio Arce su suegro, su esposa Gaby Arce, entre otros, decidieran formar el grupo de teatro Talía.  La reunión fue en diciembre de 1966, y lo eligieron director. Luego estrenaron la primera obra el 17 de mayo de 1977, de Bertolt Brecht: ’Terror y miserias del tercer Reich’”, prosigue Ortiz.

“El día del estreno la mitad del Teatro Municipal estaba llena de alemanes refugiados que habían llegado de los departamentos cercanos. Fue un éxito y recibimos la invitación para ir a un festival de Chiclayo, donde obtuvimos el primer puesto. Luego vinieron obras de artistas peruanos”, comentó Pepe ante la periodista.

Ortiz señala que Pepe fue profesor de varios colegios en Arequipa, “había que mantener a seis hijos”, periodista en diarios de Arequipa y colaborador  en medios de Lima, y docente de la Universidad Católica de Santa María. Precisa que lo que hizo en el teatro “fue cultural, no comercial para ganar dinero, aunque le sobraron propuestas para dirigirlo”.

“Estuvo casado con la también fundadora de teatro y poetisa, Gaby Arce, con quien tuvo seis hijos”, y de quien se divorció a pedido de ella.

Pero más tarde, “sus hijos lograron nuevamente reunirlos y comenzaron a llevar una vida armoniosa, hasta que la  enfermedad acabó con doña Gaby. “De verdad sentí la muerte de mi esposa, ya habíamos hecho las paces y estaba todo bien”, dice don Pepe, quien era difícil para contar algunas intimidades”, escribe Roxana Ortiz.

Añade finalmente: “Un día llegó a los ensayos del grupo en la Católica y estaba un tanto raro. Sin expresión alguna, le caía una lágrima en el rostro.

“¿Don Pepe está mal del ojo?, le preguntamos.

“Seguramente algo me entró”, dijo.

“En el café confesó que su hijo estaba grave en el hospital. ¿Y por qué fue al ensayo, debió estar con él?, se le dijo.

“No soy médico, yo no voy a poder hacer nada”. Su hijo, a quien sabemos quería mucho, se logró salvar”, concluye Roxana Ortiz.

Así queremos verte, Pepe, tus colegas y amigos contemporáneos y los que no lo son, sin vejez, sin bastón, calculando tus pasos, sin miedo a las veredas ni a los obstáculos que los años suelen ponernos en el camino. (Luis Eduardo Podestá).

(Imagen de El Pueblo)