domingo, 18 de abril de 2021

Tres sismos Arequipa y Lima

Los dos primeros sacudieron
Arequipa en diez horas y el tercero
la provincia de Yauyos en Lima

 

Dos fuertes sismos sacudieron la región Arequipa en el curso de las últimas diez horas, causaron alarma entre los pobladores, pero no se informó de daños personales ni materiales.


A 40 kilómetros de Camaná


El primer temblor se produjo a las 18.45 (23.45 GMT) ayer sábado 17 de abril, informó el Instituto Centro Sismológico Nacional del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

El fenómeno se alzó a una magnitud de 4.9, y su epicentro se localizó a 15 kilómetros al sureste del distrito de Quilca, provincia de Camaná, a una profundidad de 42 kilómetros, dijo el informe.

En la ciudad de Arequipa, el sismo se sintió con violencia que obligó a los pobladores a abandonar sus casas en previsión de daños, que no se produjeron, de acuerdo con los informes.

El sismo no generó una alarma de tsunami en el litoral peruano, según la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú.

Un segundo sismo se produjo en la madrugada de hoy domingo 18 en Arequipa a las 4.02 de la madrugada.

El Centro Sismológico informó que este evento sísmico tuvo una magnitud de 3.9 a una profundidad de 40 kilómetros a 19 kilómetros al este de Quilca, también en la provincia de Camaná, región Arequipa.

Finalmente, el IGP informó que un sismo de 4.1  de magnitud se produjo a las 9.51 de hoy domingo, a una profundidad de 25 kilómetros, en la provincia de Yauyos, región Lima.

En los tres casos no se informó de daños personales ni materiales.

El Perú se encuentra ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacifico, donde se produce el 85 por ciento de los fenómenos sísmicos del mundo, por lo que las autoridades recomiendan a los pobladores mantenerse preparados para hacer frente a una situación de emergencia.

(Imagen IGP)

www.podestaprensa.com

viernes, 16 de abril de 2021

Operan aneurisma gigante a niña de 12 años

Hazaña médica tuvo lugar en el
Instituto de Salud del Niño en Breña
en operación que duró 30 horas

 

La pesadilla comenzó hace tres
años con leves dolores de cabeza

 

Nota del editor – La siguiente información es un despacho de la agencia peruana de noticias Andina fechada a las ocho de la mañana de hoy viernes  (16-4-2021).


Médicos del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) de Breña realizaron una operación quirúrgica de más de 30 horas de duración para extirpar un aneurisma venoso gigante y salvarle la vida a Diana, una adolescente de 12 años procedente del distrito de Los Olivos.


Familiares y cirujano celebran el éxito


Según Carmen, madre de Diana, la pesadilla empezó el 2018 con leves y esporádicos dolores de cabeza. El mal fue avanzando hasta convertirse en una malformación arteriovenosa cerebral de grado 4.

La menor llegó al INSN-Breña a inicios del 2020 en busca de ayuda médica. Allí le confirmaron lo avanzado y complicado del aneurisma.

Un equipo multidisciplinario inició su tratamiento con embolizaciones para bloquear el flujo de sangre y sellar el aneurisma.

Durante estos días la noticia de la pandemia del covid -19 paralizó el país, pero los galenos continuaron con el tratamiento y estudio de la malformación.

El aneurisma bloquea la circulación
 

Se le aplicaron cinco embolizaciones pero el mal no cedía, persistía en salir en otras partes del cerebro, lo que hizo que los médicos realizaran una intervención de urgencia.

Intervenida a tiempo

“La menor corría el riesgo de quedar sin funciones”, refiere el neurocirujano Hernán Cañari, quien comandó la cirugía.

Luego de planificar una estrategia para el abordaje, ingresaron a sala de operaciones a las 11:00 horas y terminaron al día siguiente a las 18:00.

Tras más de 30 horas de operación quirúrgica continua lograron extirpar con éxito la malformación.

El manejo de este tipo de patologías es complejo porque se corre el riesgo de romperse. Sin embargo, la experticia de los neurocirujanos fue necesaria para lograr el objetivo y salvar la vida de la niña, destacaron voceros del hospital.

Una intervención que demoró 30 horas
 

La evolución de la paciente ha sido favorable luego de estar cuatro días al cuidado de especialistas de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

La menor retornó a la sala de neurocirugía para continuar su recuperación y hoy ya se encuentra en casa.

“Cuando se unen la fe y la sapiencia, todo es posible” parece ser el mensaje que deja su caso.

Dianita, como la conoce el personal del nosocomio, continúa siendo monitoreada por los médicos y ha retomado sus clases virtuales.

Se está poniendo al día en sus estudios porque aspira a estudiar diseño de interiores.

Las lesiones vasculares se han incrementado en la población infantil en el Perú, advirtieron lo expertos del INSN de Breña.

Estas representan el 10 % de los ingresos por emergencia o consulta externa y tienen un riesgo de ruptura del 1 % al 4 % al año. (Andina).


(Imágenes de Andina y CirugíaNeurológica.org)

www.podestaprensa.com

martes, 13 de abril de 2021

Samuel Lozada: un día en el abril de 1953

Réquiem con retraso por el
hombre que fue mi primer
maestro de periodismo


Murió en agosto, cuando me tenía
acorralado la convalecencia del covid-19

 

Nota del editor – El siguiente es un fragmento actualizado y editado de un libro en preparación.

 

Por Luis Eduardo Podestá

Samuel Lozada Tamayo, mi exjefe de la corresponsalía en Arequipa de La Prensa, allá, por abril de 1953, dejó de existir el 7 de agosto de 2020, cuando acababa de cumplir 93 años. Había nacido en Camaná el 23 de julio de 1927.

El periodista en su estudio de abogado
 

La pandemia desatada por el feroz coronavirus que devastaba familias en todos los continentes, me tenía acorralado, en una convalecencia soñolienta, durante la cual no tuve ocasión de escribir nada de lo que hubiera podido decir sobre Samuel Lozada.

Hubiera dicho, por ejemplo, que fue un hombre generoso, cabal, con cuya jefatura en la corresponsalía arequipeña de La Prensa, aprendí el periodismo y a ser periodista con obligaciones frente a la sociedad y con el solo compromiso de practicar la verdad sobre todas las cosas.

Hubiera recordado, además, que en el lejano abril en que nos conocimos, Lozada no me pidió exhibir mis documentos personales donde aparecían como antecedentes policiales en grandes letras las palabras “SÍ TIENE”.

Eran el recuerdo por mi actuación durante la huelga del Colegio Nacional de la Independencia Americana, en 1950, que motivó durante varios años abundantes detenciones por la policía de la dictadura de Odría.

Puedo escribir los versos más tristes…

Hubiera recordado también, que Samuel Lozada era un amante de la cultura, que no solo cultivaba sino impulsaba y que por ello creó y financió el Museo de Arte Contemporáneo que tiene como sede la hermosa residencia que fue la casa de los gerentes de la Peruvian Corporation, constructora de los ferrocarriles del sur del Perú.

Pasión por la cultura
 

Como conocía que yo también cultivaba la literatura, me invitó una noche a su casa, adonde solo concurrían escasísimos amigos y le agradecí la deferencia y él, con aires de misterio me preguntó si conocía a Hudson Valdivia y ante mi respuesta afirmativa me dijo:

–Esta noche va a estar en mi casa. Lo haremos recitar.

Hudson había sido mi condiscípulo en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, aunque en diferentes año y sección por lo que no llegamos a anudar una amistad cercana ni frecuente.

Muchos años después, cuando trabajaba en el diario Expreso con sede en el jirón Ica, en pleno centro de Lima, volví a verme con Hudson y lo vi muy maltratado.

Por esos días, el director del periódico, Guillermo Cortez Núñez, lo invitó a visitarnos. Lo invitó a comer y ambos regresaron alrededor de las diez u once de la noche a la redacción y Hudson recitó el Poema Veinte de Neruda, que me trajo al recuerdo la noche que pasamos en la casa de Samuel Lozada, en el residencial barrio de Selva Alegre.

Periodistas Lozada y Carlos Meneses (en el centro) 
 

Lozada puso dos botellas de whisky y agua sobre una mesita de centro en una suerte de apartado del salón de su casa y nos sentamos junto al declamador, que dijo con sinceridad, “déjenme tomar un trago antes de ponerme a actuar” y estalló en una risa que nos contagió a todos, unas diez personas, todos hombres, que esperábamos la voz de Hudson.

En un momento dado, Lozada bajó la brillantez de las luces y vimos la imagen de Hudson levantarse de su asiento, encorvarse, salir al centro del círculo, y comenzar a declamar con un dramatismo estremecedor los Heraldos Negros de César Vallejo.

Apagaba y levantaba la voz mientras declamaba los versos y nos quedamos callados, como si asistiéramos a una ceremonia de solemnidad que reclamaba silencio.

Cuando terminó, demoramos un poco en aplaudirlo, como si no quisiéramos romper la solemnidad de aquel momento y luego, casi sin pausa, con solo los brazos estirados como si nos pidiera nuevamente silencio, comenzó con “puedo escribir los versos más tristes esta noche…”, el Poema 20 de Pablo Neruda.

Una serenata en Yanahuara

En otra ocasión, conocedor de que tocaba el clarinete, Samuel Lozada me comunicó que él tocaba el acordeón y me preguntó ¿cuándo tocamos algo juntos? Le respondí que cuando él lo quisiera y una noche, con aire de complicidad, me preguntó si podría acompañarlo a dar una serenata.

En un acto cultural en la Municipalidad de Arequipa
 

–Usted con el clarinete yo con mi acordeón –me dijo sonriente.

Y esa noche nos llevó en su automóvil a Oswaldo Cuadros, también periodista de la corresponsalía, y a mí, a Yanahuara. Tocamos algunas piezas frente a una señorial casa de la primera cuadra de la avenida del Ejército.

Nadie salió a ninguna ventana ni encendió ninguna luz ante esa serenata, pero él me dijo con aire cómplice:

–Nos escuchaban detrás de las ventanas…

Nunca nos tuteamos, a pesar de los años que pasamos en la corresponsalía primero y luego en numerosas ocasiones en que nos encontramos en la ciudad en que vivíamos.

Una vez, José Mujica Málaga, redactor principal de La Prensa en Lima, quien se encontraba en Arequipa para reforzar al personal de la corresponsalía durante graves incidentes políticos que derivaron en un paro general, le dijo:

–Samuel, has implantado aquí un trato de respeto. Tratas a todos como señor, y te corresponden con el mismo respeto… En cambio, en Lima, todos se tratan como si se hubieran criado juntos toda la vida.

“Un libro… un libro…”

Cuando estuve en Arequipa como editor de la edición regional del diario La República, en 1997-98, le pedí a Samuel Lozada que leyera unos originales de un libro que pensaba publicar y aceptó muy gustoso.

Comienzos periodísticos en El Deber (primero de la izquierda)
 

Así, me obsequió lo que no llamó prólogo, sino “manifestación”, que comenzaba: “Esta novela no requiere presentación; se basta, realmente, por sí misma, por sus propios valores”.

Luego expresa su opinión de que la novela, la primera que escribí y publiqué, “se inscribe dentro de lo que se denomina el ‘realismo mágico’, aunque no renuncia, en algunos casos, a la ficción pura o a un ajuste estricto de la realidad cotidiana, todo lo que le otorga variados y singulares méritos”.

Esto escribía Samuel Lozada en enero de 1998 y el libro, El hombre que se fue, apareció en marzo. Cuando le llevé un volumen, aún fresco, se lo pegó al pecho y exclamó:

–¡Un libro! ¡Un libro!

Me dio la impresión de que consideraba que ese libro era suyo, de ahí su cariñosa expresión.

–Ahora le toca a usted, doctor –le dije al agradecerle una vez más los generosos términos de su “manifestación”.

Pero no sé si en su prolongada existencia, llegó a publicar algún libro.

Con el autor luego de la presentación de un libro
 

Ese fue el Samuel Lozada que conocí y a quien visité en su estudio de la calle Jerusalén cuantas veces estuve en Arequipa en los años siguientes.

En mayo de 2017, luego de una entrevista que le hice al historiador Eusebio Quiroz Paz Soldán, en su domicilio, hablamos de Samuel Lozada.

Me dijo que Lozada parecía estar enfermo, pues no aparecía ya por su estudio y me hizo prometer que lo llamaría.

–Claro que sí, –le dije a Eusebio– yo también tengo deseos de verlo.

Llamé a su estudio y me dijeron que el doctor no atendía. Le dije a la secretaria que era su amigo y que deseaba saber del doctor. Me respondió que le daría mis saludos.

Recibe pintura para el Museo de Arte Contemporáneo
 

Lozada estuvo casado con una ciudadana argentina que le dio tres hijos: Pedro Luis, María Elena y Diego. Enviudó y no volvió a casarse. Se dedicó, según supe, a su estudio y a sus actividades culturales.

Me quedé con los deseos de saludarlo y estrechar su mano. Un día de agosto de 2020, convaleciente del covid, me enteré de su fallecimiento. Y me dolió como si hubiera perdido a un hermano y quise escribir algo sobre él, pero no pude.

Los efectos de la convalecencia del covid se hacían sentir durante esos días, cuando me parecía estar con el cerebro y el espíritu adormecidos, víctimas de una apatía generalizada.

Escribo estas líneas en abril de 2021, porque me obligué a no permitir más postergaciones y verdad, Samuel, permíteme ahora el tú, me parece recordar tu imagen siempre cordial, lista a la sonrisa y expresarte lo que debí hacer cuando se produjo tu desaparición.

Debo hacerlo ahora, aunque no haya en estos días ninguna fecha para evocar tu desaparición, salvo el hecho de que nos conocimos en la quincena del abril de 1953 -¡solo hace 68 años!- cuando me diste la primera misión periodística y mi primera credencial como hombre de prensa.

Por aquello y otras causas, gracias Samuel.

 

(Imágenes de archivo del autor, Click.com.pe, talavera-ballón.com, La República e Internet)

www.podestaprensa.com

domingo, 11 de abril de 2021

Voté por el Perú con mis contemporáneos

A diferencia de otros lugares,
en el Bentín Primaria del Rímac
todo se cumplió en sus plazos

 

En mi lugar de votación hubo profusión
de sillas de ruedas y acompañantes


Por Luis Eduardo Podestá

Me imagino que cada uno de los ciudadanos que concurrimos a votar de ocho a nueve de la mañana, percibimos la misma sensación de sentirnos acompañados por sus contemporáneos en las colas previas a la mesa de sufragio.

                                           Cumplir con el derecho de elegir
 

Porque, como usted recordará, esta fue la primera vez que el Poder Electoral asignó mesas especiales para los ciudadanos de la tercera edad -entre ocho y nueve de la mañana- y clasificó a los demás electores de acuerdo con el último dígito de su documento de identidad.

Así, los electores de tercera (y hasta cuarta edad) debimos concurrir entre siete y nueve a ejercer nuestro derecho -porque ya no es una obligación- a elegir a los gobernantes que deseamos colocar en el Palacio de Pizarro y en el Congreso, así como a los representantes en el Parlamento Andino. 

Nosotros, mi hijo Pavel y yo llegamos puntualmente porque 15 minutos antes, Gonzalo, el segundo de mis descendientes, nos vino a recoger para llevarnos al local de la Primaria del Colegio Nacional Ricardo Bentín del Rímac, para que llegáramos ni muy temprano ni muy tarde, a cumplir nuestro derecho cívico.

                                   Comprobando los documentos


Pude comprobar -para envidia de otros miles de ciudadanos de otras jurisdicciones- que nuestras mesas ya estaban en funciones desde las siete de la mañana.

Cuando volví a mi casa y vi los informes en la televisión comprobé que no todo era color de rosas en otros lugares de Lima y del país donde habían dado las diez y los miembros de mesa brillaban por su ausencia.

Nos ahorraron una caminata

Coincidentemente, un elector en silla de ruedas que me antecedía en la cola de una cuadra y luego en el interior del local de Primaria del colegio Bentín, había gestionado y obtenido su traslado pues antes le tocaba votar en el más alejado pabellón d la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

                                   En la cámara secreta
 

Lo mismo había hecho yo para evitarme la caminata (andador incluido para aliviar la artrosis) de unos dos kilómetros entre la puerta principal de la UNI y el pabellón 20, segundo piso donde me tocó votar por el Congreso que Vizcarra disolvió, ¿recuerda? 

Mi vecino se lamentó de que aquella vez, a pesar de la mala salud de sus piernas, tuvo que subir, padeciendo cada escalón, los tres pisos del edificio donde le tocó votar.

En mi caso, le recordé a mi hijo Pavel que me acompañaba, los miembros de la mesa de votación tuvieron la gentileza de bajar desde el segundo piso donde atendían, al primero, cuando se enteraron de que mi rodilla izquierda me hubiera causado padecimientos que ellos me ahorraron.

                                              En la puerta del aula de votación
 

No fue el caso, repito, de mi vecino de ayer. Alguien le dijo que hubiera comunicado sus dolencias a los miembros de su mesa, para que estos cumplieran la obligación, así, la obligación, de darle las facilidades que requería. Bueno, eso ya pertenece al pasado.

Elección de enmascarados

A diferencia de otras ocasiones en que me tocó cumplir este derecho, esta vez todos estábamos enmascarados, de modo que hubiera resultado difícil identificar a algún conocido.

Aunque muchos se cubrían nariz y boca con las consabidas mascarillas anticovid-29, muchos, además, llevaban lo que llaman protector facial, que cubre todo el rostro con una mica ajustable con elásticos que rodean la cabeza, aunque un miembro de la ONPE dijo que este objeto no era obligatorio.

Por lo demás, se adoptaban todas las precauciones exigidas para protegernos del coronavirus. Al entrar, a uno le medían la temperatura y si estaba fuera de los límites normales le pedían sentarse y esperar a que se nivelara su ansiedad o los efectos del calor.


                                  Los de tercera edad acuden a votar


También le echaban un chorrito de alcohol en las manos, algo que también hacían con su DNI, que dicho sea de paso, no se lo entregaban de mano a mano, sino lo ponían en una cajita, de donde lo invitaban a recogerlo una vez que cumpliera con el acto electoral.

Que fueron unas elecciones fuera de lo común, lo fueron. Y además, porque entre los 18 candidatos que buscan ubicarse en el sillón de Pizarro, hay extremistas como nunca: desde los que disimulan su simpatía por el terrorismo hasta los que abiertamente representan lo más cavernario del fanatismo religioso.

Solo queda esperar que los electores hayan depositado su voto por alguien cuyas convicciones políticas estén lejos de la corrupción, del maltrato a los derechos ciudadanos y sepa que es un servidor del Estado y no se sirva de él para propósitos malsanos.

(Imágenes de Pavel Podestá Cuadros)

www.podestaprensa.com

sábado, 10 de abril de 2021

UNI fabrica tela anticovid-19

 Laboratorio norteamericano
valida tela inventada
por científicos peruanos

 

Contiene partículas que desactivan
los coronavirus hasta en un 99%

 

Nota del editor – El siguiente es un despacho de la agencia peruana de noticias Andina, reproducida en el diario oficial El Peruano ayer y constituye, a juicio nuestro, un importante paso en la lucha contra la pandemia de coronavirus y un estímulo para la investigación en el Perú.


Un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) ha fabricado una tela que permite desactivar hasta el 99% de los virus del covid-19, incluso después de someterse a más de 20 lavadas.

                                  Examinan la tela anticovid-19
 

Por ello, sus creadores estiman que su investigación contribuirá a reducir significativamente el riesgo de contagio de la enfermedad.

“Las propiedades de la tela han sido validadas por el Laboratorio Nelson Labs, de los Estados Unidos”, informó el jefe del proyecto, doctor José Luis Solís en una entrevista en Andina Canal Online.

El investigador explicó que previamente se había comprobado su efectividad contra bacterias, pero que posteriormente, las muestras enviadas a EE. UU.  confirmaron su propiedad antivirus.

 

                                   El equipo creador de la tela

Telas fabricadas en el Perú

El proyecto nació a inicios de la pandemia y recibió dos financiamientos por parte del Concytec, así como el apoyo de la UNI y de la empresa textil San Jacinto S.A.

Para su desarrollo se fabricaron 300 metros de tela usando dos materiales: el algodón y el poliéster al 65%.

En una primera etapa, ambas telas fueron sometidas a bacterias y soportaron más de 20 lavadas.  Los resultados fueron alentadores. "No usamos maquinaria adicional a la industria textil (para la fabricación)", explicó Solís.

                                  Para ropa de trabajo médico
 

Para comprobar sus propiedades contra los virus, se enviaron seis piezas de tela poliéster al 65% con algodón.

El material fabricado en el Perú pasó las pruebas del laboratorio estadounidense, especialista en el desarrollo de test virucidas, que incluyen virus como el del coronavirus humano, que se basa en los estándares ASTM E 1052 y ASTM E 1053, según su sitio web.

Las pruebas se realizaron a piezas de tela con y sin nanopartículas de óxido de cobre. También se hicieron tres réplicas para corroborar estos resultados alentadores.

Prevención del covid-19

El investigador de la UNI aseguró que se espera llegar al mercado nacional para sumarse a la lucha contra la pandemia del covid-19. La tela podría ser empleada en los uniformes médicos y en indumentaria especial de prevención como son los mamelucos. 

                                  Le aplicaron partículas de cobre
 

Los estudios precisan que las nanopartículas de óxido de cobre representan el 1% del peso de la tela, por lo que será cómoda para el personal de salud o las personas que acuden presencialmente a su centro laboral.

"Si lo queremos usar en mascarillas tenemos que hacer pruebas adicionales sobre desprendimiento de nanopartículas", dijo Solís.

Por otro lado, refirió que esperaban esta confirmación para realizar un “nuevo escalamiento” de 500 metros de tela anticovid, que se concretará próximamente.

                                  Milagro de laboratorio en la UNI
 

"Tenemos que buscar prendas que tengan un valor agregado y este es un primer logro que posiblemente salga al mercado. Es una demostración que la investigación y el desarrollo dan fruto", agregó.

También agradeció el financiamiento de 400,000 soles otorgados por el Concytec para el desarrollo del proyecto científico y el apoyo de la empresa privada que invirtió más de 8,000 dólares en la prueba a cargo del laboratorio estadounidense.

(Imágenes captura de video de Andina)

www.podestaprensa.com

lunes, 5 de abril de 2021

Segunda dosis Pfizer, sin secuelas

Un testimonio personal sobre
una acción anticovid-19 que
muestra buena organización

 

He esperado disciplinadamente tres días, antes de contarle que luego de que me fuera aplicada la segunda dosis de la vacuna Pfizer, no he experimentado ninguna reacción adversa y ayer domingo, antes de tomar mi ducha diaria, retiré el algodoncito que marcaba el lugar de aquella operación en mi hombro izquierdo.

                                                    Breve espera
 

Como estaba previsto, concurrí el sábado al centro de vacunación de Miller -así llamado- instalado por EsSalud en la playa de estacionamiento del hospital Rebagliati, donde fue posible apreciar, una meticulosa organización.

Los vehículos particulares que llevaban a pacientes -en mi caso, transportado por mi hijo Gonzalo Podestá Cuadros-, pudieron ingresar hasta donde estaba señalada la vía de ingreso al centro de vacunación propiamente dicho y luego se retiraban hasta que el acompañante del paciente llamara al concluir la operación.

No existía la congestión de hacía 21 días -tres semanas exactas- cuando se nos aplicó la primera dosis, a varios miles de ciudadanos de la tercera (y cuarta) edad, de la que soy entusiasta militante.

                                        Extrayendo la dosis de vacuna
 

Luego de firmar una declaración me orientaron a la gigantesca sala de espera donde otros aspirantes a la vacunación aguardaban su turno.

Pfizer con 100 % de eficacia

Le tocó a Carmen, una enfermera de EsSalud, inocularme la segunda dosis, mientras comentaba que cada frasquito contenía vacuna suficiente para seis pacientes. Ella midió cuidadosamente la cantidad en la hipodérmica que utilizó, me descubrió el hombro izquierdo, dio el pinchazo y eso fue todo.

                                        Carmen aplica el pinchazo salvador

La Pfizer, según he leído en una información de sus fabricantes, tiene una eficacia de 94.7 % en el grupo de personas de 65 años o más, y en el grupo de 75 años o más, la eficacia es del 100%.

Tanto mi familia como yo experimentamos el sábado, esa apacible tranquilidad que es posible percibir frente a la seguridad de que si por cualquier razón imprevista el virus ataca mi organismo, este ya ha organizado sus defensas y la enfermedad subirá a un nivel en que no será mortal.

                                       El deber cumplido con uno mismo
 

Como dije en la primera nota que escribí sobre este tema, si me hubieran aplicado la vacuna china de Sinopharm, la habría recibido gustoso porque con leves diferencias, la eficiencia frente al virus es efectiva.

Ahora que esperamos la vacuna rusa Sputnik V, es necesario reiterar que esta ha demostrado tener una “efectividad del 91.6 % para prevenir el covid-19 sintomático, y 100 % efectiva para prevenir enfermedades graves, según un análisis provisional de los datos del ensayo de fase 3 publicado en la revista médica The Lancet”.

Luis Eduardo Podestá

(Imágenes de Luis Podestá Cuadros)

www.podestaprensa.com