domingo, 6 de septiembre de 2015

El viaje de Marcelo a la eternidad

Si alguien merecía vivir siempre
era Marcelo Martínez Gómez,
periodista, humorista, poeta, pintor

Marcelo Martínez Gómez, quien acaba de dejar este mundo porque le quedaba chico, no volverá a causarnos una carcajada con sus célebres Frases para la histeria, con que le costó despedirse y que hasta hoy, aparecieron como huella póstuma en el diario El Pueblo de Arequipa, para el que trabajó los últimos años de su vida.

Marcelo, junto a sus retratos de distintas épocas
Porque es cierto, Marcelo, el burlón en la vida común, el humorista ingenioso que llenó de humor las páginas de aquel viejo Expreso del jirón Ica, y cuyas frases recorrieron el mundo entero para alegría de miles de desconocidos lectores, dejó este mundo el jueves pasado y hoy reposa en una tumba del cementerio de La Apacheta en la Arequipa donde nació y adonde siempre regresaba desde cualquier lugar del mundo en que se hallara.

Me duele esta desaparición porque nos unió una antigua amistad, matizada por las sorpresas que ofrecía. Un día apareció, por ejemplo, su libro de poesía, Sin ortografía, editado en Arequipa y del cual es posible extraer algunos versos premonitorios de su grandeza:

Me duele la cabeza
hasta la funda de la almohada.
¿Para qué tanto dormir
si al final no habrá quien nos despierte?

Pero, por sobre todo, era una estrecha amistad la que nos unía desde nuestro trabajo en Expreso. Hasta el indiferente director Guillermo Cortez Núñez, quien decía que no hay genialidades en el periodismo y que las inspiradas obras de cualquiera solo eran el trabajo que debían realizar, se rindió para felicitar a Marcelo, cuando al día siguiente de la elección de Alan García para su primer gobierno, tituló la portada con un estrepitoso: “Alan y buen viento”.

Preparado con su batería de pinceles
Porque Marcelo trabajó un tiempo como titulero de aquel periódico ya desaparecido y transformado en otro. Y tuve el agrado de trabajar a su lado, en la mesa de edición y comprobar su gallarda inmodestia cuando me mostraba ejemplares de Selecciones y algunas de sus creaciones publicadas en una sección dedicada a las frases de mayor ingenio recogidas en las publicaciones en español del mundo entero.

En el suplemento dominical Estampa del diario Expreso publicaba una página dominical profusamente ilustrada donde personajes el “Sordo Tapia”, protagonizaba con alguien diálogos desternillantes. También escribía sus Frases para la histeria que conservó hasta más allá de su muerte.

“El domingo pasado”, cuenta su hermana Isabel, “Marcelo estuvo en su taller, escribió sus crónicas para el diario El Pueblo, las corrigió y estuvo de buen humor. Pero en la tarde comenzó a sentirse mal”.

Con miembros de la Promoción 51 de la "I"
José Montoya, sobrino de Marcelo, añade que debieron llevarlo al hospital, donde le trataron exceso de úrea y finalmente lo sometieron a sucesivos diálisis, pero él desató un repentino mal carácter y se arrancaba los tubos que lo mantenían unido a la vida, por lo que debieron aplicarle sedantes.

Así, dormido, sin dolor, la muerte se le acercó el jueves y se lo llevó, silenciosamente, como si hubiera querido establecer un contraste con la bulliciosa e irreverente vida que protagonizó en cuanta actividad le tocó desempeñarse.

En ese afán de burlarse de la solemnidad, un día que, por no llevar corbata, le negaron la entrada a la que intentó ser pituca Peña Taurina de Arequipa, se quitó los cordones de sus zapatos y se hizo un “elegante nudo” para ingresar a un sitio que no le gustaba, y donde quería estar “solo por joder, hermano”.

En pleno trabajo
Cuando trabajamos en Lima, nos reuníamos los sábados en la sanguchería “El chinito”, único lugar de entonces donde se podía conseguir cerveza cusqueña y la mesa era la más bulliciosa por las frecuentes carcajadas que provocaban las intervenciones de Marcelo.

Los demás, picados por el buen humor también contribuíamos y Marcelo, quien nunca se separaba de su libretita de notas, se malhumoraba, cuando tenía que sacarla del bolsillo para anotar algo de la conversación que valiera la pena incluir en sus “frases para la histeria”: “He venido a descansar y no a trabajar, carajo”, decía entre risas.

Días buenos los de entonces. Buen día también aquel día de setiembre de 2013 en que fuimos a su casa, miembros de la Promoción 51 del colegio Independencia, a hacerle una visita, porque, aunque él no estudió en la “I” era amigo de todos nosotros. Sería la última vez que hablaba con él, y entonces bromeamos, nos abrazamos, nos mostró sus obras.

Retratista insigne
Nos instalamos en el taller de su azotea, que entonces ampliaba con otro ambiente “más luminoso”, nos dijo. Mostró los retratos a carbón que había hecho de personajes tan notables como Ciro Alegría y Luis Alberto Sánchez.

Nos recordó a su padre, el profesor de nuestro colegio, el “Coliza” Martínez, pintor que inculcó su arte y sus primeras enseñanzas a su hijo Marcelo, quien al final no solo sería reconocido como un gran retratista y como ingenioso periodista, sino como el hombre de bien, que supo hacer de la vida un espacio sonde se movió como si nunca hubiera de morir.

Y eso es, en efecto, Marcelo, hermano. Tu escapada de este mundo es una más de las que hiciste en tus años juveniles y, con toda seguridad, en este momento, debes estar escribiendo tus crónicas, así llamabas a tus columnas de humor, para hacer reír y cambiar el ánimo de los solemnes santos que te rodean. (Luis Eduardo Podestá).


1 comentario:

Roxana Lauro Galvez dijo...

Luis Eduardo: Excelente tu comentario y semblanza EL VIAJE DE MARCELO A LA ETERNIDAD,