sábado, 12 de abril de 2014

El día de Sofocleto no es para reírse

Estaba considerado el más notable
humorista de habla hispana y
hoy hubiera cumplido 88 años
  
Luis Felipe Angell de Lama, mucho más conocido como Sofocleto, hubiera cumplido hoy 88 años, pero tiene numerosos hijos que circulan en las librería públicas y privadas y sobre todo, buscadas como tesoros bibliográficos en los jirones Camaná y Quilca, donde es posible encontrar el libro de Sofocleto que pudiera remplazar el que nos robaron o nos pidieron prestado.

Sofocleto mira los apuros del alcalde de Paita
Porque como hubiera dicho Sofocleto, hay dos clases de cojudos en el mundo: los que prestan un libro y los que lo devuelven. Quien escribe estas líneas, y se enorgullece de haber conocido en vivo y en directo a Sofocleto, pertenece, no sin disimulado orgullo, a la primera clase, porque he prestado libros que jamás fueron devueltos y me he quedado con libros que me prestaron y que aún están en mis estantes.

Pero se trata hoy de hablar de Sofocleto, para académicos de España  y América latina, el más grande humorista de habla hispana del siglo pasado. Es posible que después de su muerte, hayan surgido otros, pero están fuera del ámbito de mis preferencias.

Aparte de los libros de Sofocleto que nunca volvieron a mi biblioteca, conservo aún algunos, a que recomiendo sin atenuantes para cuando esté asomando algún atisbo de esa enfermedad moderna que se llama “stress” y que en criollo es simplemente depresión o “depre”.

Como el caballero que era Luis Felipe Angell
Luis Felipe nació en Paita un día como hoy de 1926 y murió en Lima el 18 de marzo de 2004. Su pueblo tuvo el gesto de dedicarle un parque que lleva su nombre, cuando estaba en la flor de su vida y pudo asistir al homenaje. 

Trabajó en varios diarios de Lima. Nos conocimos cuando ocupaba la jefatura de Informaciones de Expreso en la década de los 70 y tenía que sufrir las angustiosas esperas de su columna para el cierre.

Guillermo Cortez Núñez, el director, me preguntaba por el teléfono interno cada cinco minutos “¿llegó la columna de Sofocleto?”  y tenía que decirle que no. A veces montaba en cólera y me ordenaba “si no viene en diez minutos agarras una de las viejas (columnas publicadas anteriormente) y cerramos”.

Uno de sus libros entre los más de 20 que escribió
Pero Sofocleto llegaba con sus papeles en la mano. Con Gerardo Calderón, el jefe de Redacción, le dábamos una lectura, nos matábamos de risa y luego la enviamos a talleres para que la procesaran.

En la oficina de la jefatura de redacción, se armaban discusiones políticas en que yo rara vez participaba porque mi área estaba en a dos puertas de distancia. Una vez lo escuché decir en defensa de la Cuba de Castro de entonces: “Si en la esquina crees que hay un poco de mierda, hay que ir allá y comprobar que esa mierda existe”.

Trabajamos juntos una vez más, es vez avanzados los años 80s, en el diario Ojo, donde tenía su archiconocidísima “Sofocleto en dos columnas” y entregaba material para una página central que se denominó Sofocleto Dominical, muchos de cuyos artículos fueron incluidos en un libro del mismo nombre.

¡Qué mejor que este homenaje que rindo al que fue mi amigo y compañero de trabajo en diversas épocas, que reproducir algunas de sus genialidades, con tu venia, querido lector!


Su pueblo lo homenajeó en vida con un parque
He aquí unos Silogismos:

El Sermón de las Tres Horas lo puede oír cualquiera en casa... basta con que llegue a las cuatro de la madrugada.

Nadie se explica por qué, en el Perú, cuando alguien mete la pata se lava las manos...

Santurrón: patrono de los pasteleros

Incunable: niño que no se deja acostar

Don Juan: tocador de Señoras

Horca: instrumento de cuerda

Barbarie: época en que los hombres sólo se mataban de a uno en uno

Adulterio: mandar a un tipo al mismísimo cuerno

Si las condiciones están dadas para más adelante –en lo que podríamos llamar la Semana de Sofocleto– iré entregándote algunas otras frases o párrafos extraídos de los libros que aún me quedan, y que no han perdido actualidad sino todo lo contrario. (Luis Eduardo Podestá).


1 comentario:

Anónimo dijo...

Quepena que no se lea a Sofocleto en los colegios de verdad es grande entre los grandes en cuanto alhumor escrito.