sábado, 19 de marzo de 2016

El odio de Hildebrandt

A veces el odio a todo
pasado ignominioso
suele ser terapéutico

“Odiar no es un pecado” titula el periodista César Hildebrandt su comentario editorial en su semanario Hildebrandt en sus trece, dedicado a recordarnos por qué ciertos odios son necesarios y hasta terapéuticos, sobre todo en la difícil coyuntura que vive el Perú ante las próximas elecciones.

Insta a un odio saludable 
Los proyectiles parecen dirigidos principalmente contra la candidata de Fuerza Popular, hija del dictador japonés que se encuentra encarcelado por crímenes contra la humidad y latrocinios en vasta escala, Keiko Fujimori, quien ya debía formar un trío con Acuña y Guzmán, por tratar de comprar votos con el dinero presuntamente heredado del régimen de los 90s.

Hildebrandt siembra verdades de a kilo:

“Hay que odiar a los ladrones del tesoro público”, y tenemos ejemplos cercanos pasibles de ese odio ciudadano.

“Hay que odiar a los asesinos que mataron en nombre de Mao y a los que mataron en nombre del Estado”, ya sabemos a quienes se refiere y algunos están encarcelados.

“Hay que odiar a quienes ofendieron al país ensuciando sus instituciones”, para recordarnos los desmanes de la dictadura japonesa.

“Hay que odiar lo que hizo Montesinos”. Sin palabras.

“Hay que odiar lo que hizo Fujimori, cuando creyó que todo le estaba permitido”. Más sin palabras.

Rechazo a Keiko recordó la dictadura de papá
“Hay que odiar a quienes representan a Fujimori y ponen cara de estar representando a una congregación salesiana”. ¿Serán los hijitos que quieren, una gobernar y el otro volver a calentar el asiento en el Congreso?

El director del semanario añade: “El odio mantiene la vigilia, purifica, salva. El odio surgido de la reprobación ética es una virtud, no un defecto. El odio tiene mala reputación, pero cómo no odiar a Hitler, a Pinochet, a alias presidente Gonzalo?

“Si el Perú hubiese podido odiar a los miserables que lo postraron, no habríamos tenido a un Piérola de presidente reincidente ni a un hijo de Prado dos veces presidente ni a Alan García presidente por segunda vez.

“No habríamos tenido a tanto ladrón en los cargos públicos ni a tanto delincuente en la judicatura ni a tanto Aljovín en el ministerio público.

“Hay que odiar la intolerancia y hay que odiar aún más la hipocresía.

Papá de la candidata negó el crimen de La Cantuta
“Pero odiar lo que el fujimorismo encarna no es intolerante: es prevenir la intolerancia.

“Los odiadores del fujimorismo no se desvelan odiando. Ejercen su ira santa cuando los fujimoristas amenazan con volver.

Al señalar que “después de lo que hizo con el país, con las Fuerzas Armadas, con el Congreso, con la Contraloría, con el Tribunal Constitucional, con la televisión y con la prensa”, Hildebrandt nos recuerda que “el fujimorismo debió merecer del Perú el mismo trato que los alemanes les dieron a los nazis. ¿Se puede ser oficialmente nazi en Alemania? No. Está prohibido”.

Hay que recordar y odiar el crimen
“Pero la hija de Fujimori quiere gobernar para vengarse. Quiere reivindicar al criminal que es su padre y a los ladrones que son sus tíos y a las Chávez de toda la vida. Y eso suscita el odio y el desprecio (y el miedo) de cientos de miles de peruanos que temen el regreso de la pesadilla”, recalca.

Y no sigo porque es menester que usted, ciudadano, lea en vivo y en directo lo que César Hildebrandt dice en su comentario.

Porque el director del semanario proclama que contra todo aquello “surge el odio legítimo de quienes no quieren padecer lo mismo y el odio juvenil de los que saben lo suficiente como para expresar su rechazo” y “contra esto se yergue el odio que puede salvarnos” del fujimorismo “en cuyas raíces están la violencia y el desdén por los modales democráticos”.


1 comentario:

carlos paredes dijo...

En el sentido más amplio hay que partir por diferenciar una base militar de un penal civil, pues las bases militares existen para albergar a los militares en formación o en servicio, de ninguna manera han sido creados con el fin de ser penales o cárceles. Sin embargo los estados reaccionarios lacayos del imperialismo vienen utilizando estas bases militares como prisiones que tienen como objetivo destruir la esencia social del ser humano, pues buscan profundizar su aislamiento, matarlos en vida (las bases militares tienen medidas de seguridad extremas y no se permite el ingreso a civiles vulnerando por completo el derecho del prisionero a recibir visitas, además de condiciones de vida paupérrimas y problemas alimenticios). Tanto en el derecho internacional como en el peruano, la ley no permite que civiles, presos, estén en penales militares como es la base naval del Callao. Por tanto es ilegal, pues lo que la ley no dice, no se puede hacer y si se hace se convierte en ilegal. Toda persona democrática asume esta necesidad de luchar por el cierre de las bases militares que funcionan como penales para que se respeten los derechos fundamentales de los prisioneros en el mundo. Así como EEUU. empieza a diseñar plan para el cierre de Guantánamo, en el Perú debe cerrarse el penal militar de la base naval del Callao.