domingo, 13 de agosto de 2017

La nevada de Arequipa no es para bromear

El desaparecido periodista José
González Málaga, nos regala un
elogio a la Ciudad Blanca

Nota del editor – José González Málaga fue el primer director del diario Correo de Arequipa. Antes fue extraordinario editorialista de La Prensa de Lima, a cuyo personal se sumó muy joven, luego de emigrar de Arequipa, su ciudad natal. Creó y editó posteriormente la revista 7 Días, magazín semanal del diario limeño que se constituyó en guía e inspiración para otras publicaciones similares. De entonces en adelante, los diarios limeños de alcance nacional, editaron suplementos magazinescos semanales, dominicales o sabatinos. José nos dejó demasiado pronto. El artículo que sigue fue publicado como homenaje a Arequipa en uno de sus pasados aniversarios. Creemos que es un homenaje adecuado para la Ciudad Blanca en su 477 aniversario de fundación española.

Cuando cae la nevada

Por José González Málaga


El autor a toda sonrisa
Un arequipeño fuera de Arequipa es como un actor sin decorado. Suele parecerse a uno de esos personajes de Wald Disney que, sin saber por qué, sale de la pantalla y comienza a moverse sobre un fondo blanco. Ser arequipeño y vivir fuera de Arequipa, da esa sensación. Lo sé porque soy arequipeño.

Por eso en todas partes del mundo y del Perú -este último país para todo arequipeño consciente, es solo una parte del planeta- donde se encuentran arequipeños se los halla tristes y evocadores, llenos de nostalgia como un enorme "caporal" -vaso gigante en el que se bebe la chicha- sumergido en la nada.

Si hay un ser que pueda traducir con propiedad esa sutil palabra, ese etéreo concepto que, los portugueses llaman “saudades”, ese hombre es un arequipeño.

Un arequipeño fuera de Arequipa es una “saudade” viva, pensante, sufriente y, con frecuencia, lacrimosa.

Todos los seres del Perú y del mundo que conocen a un arequipeño, lo primero qué notan es su tremendo regionalismo. Se sorprenden y lo acosan, se asombran y secretamente lo envidian.

Naturalmente, no falta alguien que nos pregunta:
-¿Y ustedes por qué son tan regionalistas?

Para satisfacer a tantos que me han hecho y se han hecho la misma pregunta, quisiera continuar ampliando mi tesis, con el permiso de mis paisanos.

La "nevada" viene de cualquier volcán

Decía que un arequipeño fuera de Arequipa es como un actor sin decorado. En efecto, Arequipa es una de las cuatro regiones más bellas que existen en todo el planeta.

He dado unas cuantas vueltas por la Tierra y he convenido conmigo mismo, como todos los arequipeños, que así es. Punto.

No voy a hacer la apología del paisaje arequipeño, de su campiña, de sus volcanes. Eso ya lo han hecho la docena de poetas de renombre que tuvieron la suerte de nacer allí.

Lo que sí quiero decir es que un arequipeño en medio de tanta belleza es el personaje de una postal. Un arequipeño en Arequipa es parte del gran espectáculo telúrico que baña sus ojos en deslumbrante belleza.

Él es y se siente parte de ese todo. Él es y vive constantemente en medio de esa maravillosa producción de Dios, en technicolor y en cinerama. Es su protagonista.

Vive en medio de technicolor...
 Por eso, quítesele a la concepcón de un arequipeño ese telón de fondo ¿Y qué queda? Pues eso, un hueco en una postal. Y con ese hueco camina con la vida a cuestas con perforación sangrienta en medio de su "weltanachaung" o su concepción del mundo.

Entonces, ¿cómo no quieren que los arequipeños seamos nacionalistas, perdón, quise decir regionalistas? Ahora, un arequipeño en Arequipa es otra cosa.

Es orgulloso, pantorrilludo, impositivo revolucionario, seco, impenetrable, etc. Y acaso la última y peor de las etcéteras es que, de vez en cuando, le da la nevada.

¡Ah! .... la nevada. Ese famoso estado anímico de los arequipeños que es una mezcla de "malas pulgas" y ¡Sanseacabó!, "A mi no me vengan con florcitas en el ojal" y "bandangán". Vale decir, el equivalente de un huayco psicológico de proporciones.

Quizá sea un fenómeno natural

No vamos a discutir a discutir sobre el probable origen de la nevada, (electricidad atmosférica, ozonificación del aire, aislamiento eléctrico provocado por la sequedad o cualquiera de las teorías que se han inventado hasta la fecha). No.

Vamos a aventurar sobre los probables orígenes de las ganas entre los arequipeños de "echarse" una nevada de vez en cuando por puro gusto. Y luego endosarle a un fenómeno natural.

Un arequipeño en Arequipa necesita de la nevada, como un actor requiere de temperamento. Después de todo, y él lo sabe, tiene el mejor escenario y el mejor decorado del mundo a sus espaldas.

Como en esas óperas Wagnerianas, cargadas de montaje, personajes, ferreterías, mitología, donde el tenor debe, de vez en cuando romper espaldas y gritar para hacerse notar, los arequipeños suelen lanzarse a demostraciones de gran temperamento para hacerse sentir, a ellos mismos, que no todo en Arequipa es paisaje y más paisaje.

En medio de tanta belleza

Deben probarse a ellos mismos que existen en medio de tanta belleza. La nevada es el grito del "ego" en medio de un ambiente que aplasta por su hermosura.

Y, si así es, ¿por qué los arequipeños se van de Arequipa? ¿Por qué si su tierra es tan linda viven desparramados en Lima y Tokio, la Patagonia y Ancash, Moscú o el río Kwai?

Todo arequipeño ante una pregunta semejante, tiene el derecho de responder con otra pregunta:

¿Y qué hacían los ingleses en la India, los españoles en América y los portugueses en África?

Pues eso mismo hacen muchos arequipeños en este planeta, solo que muchos suelen portarse como los apóstoles.

Van por el mundo revelando a la humanidad las virtudes de Arequipa y las ventajas de ser arequipeño.

No me extrañaría que de seguir la tendencia, toda la Tierra algún día, con suerte, sea como Arequipa.

(Imágenes de L. E. Podestá y Benito Guzmán Canazas)


1 comentario:

Ligia López de Castilla dijo...

Gracias por publicar estas líneas d mi querido amigo y maestro Pepe González Málaga. Lo llamo maestro porque, estando como redactora principiante de La Prensa, quien esto escribe le preguntó al ya consagrado Pepe González: ¿Cuánto tiempo necesito para escribir con soltura? _Cinco años, fue su respuesta. Luego pregunté, ¿Cómo hago para escribir con fluidez y buen estilo? _Lee mucha poesía, la respuesta brillante y certera.
TE fuiste temprano pero no se te olvida, querido Pepe González Málaga.