lunes, 3 de abril de 2017

Homenaje personal a un hombre derecho

En el Día del Abogado,
hay que recordar a
Alfredo Cornejo Chávez

En el Día del Abogado, las altas esferas del Poder Judicial y las autoridades de distintos niveles del Perú han rendido homenaje a los hombres del Derecho.

Alfredo Cornejo Chávez
En este modesto rincón periodístico, permítanme rendir mi personal homenaje al que fue Alfredo Cornejo Chávez, mi amigo, mi colega periodista, magistrado rebelde y literato y, como él mismo se denominó, “caminante en el desierto de la cultura”.

Él no desapareció, se fue simplemente de este mundo el 25 de mayo de 2105 y uno de sus pocos amigos, yo, me encontraba ausente del país.

“No estuve cerca para darle un adiós filial a mi amigo Alfredo Cornejo Chávez, jurista que alcanzó el nivel de magistrado supremo, periodista de ideas recias en el pasado lejano y literato, muerto el 25 de mayo pasado, cuando me encontraba, en cumplimiento de un compromiso familiar ineludible, en la ciudad de Görlitz, Alemania”, recordé cuando al volver me enteré de la triste noticia.

Lo recordé como aquel lejano jefe de la página editorial del diario El Pueblo, donde compartíamos discusiones diarias con Carlos Montoya Anguerri y José Antonio Valdez Pallete.

Reitero mi recuerdo de que por su causa de su temperamento radical, las sesiones se desarrollaban en un ambiente tormentoso.

Una vez criticó al mismo periódico donde apareció una información convertida en nota editorial porque “disfraza una elevación de los precios de la electricidad y la presenta como rebaja gracias a un juego de palabras”, dijo con firmeza.

A pesar de su vehemencia y de su recia defensa de sus pensamientos, sé que el periodismo peruano no lo conoció lo suficiente para tenerlo como uno de sus valores ejemplares.

Quizá sea porque, como abogado y magistrado dedicado por entero a su carrera se apartó del periodismo luego de haber desempeñado numerosas,  dignas y altas tareas, como la dirección del diario El Pueblo.

En plena función jurídica
Se dio el tiempo necesario para dejar su huella en la literatura y construyó cuento y poesía.

En El juego del diablo convirtió en suceso literario un episodio judicial, según el cual, luego de muchas vueltas como es la vida misma, un inocente resultaba condenado por la justicia.

Luego escribió y publicó Los días sufridos, un libro polémico en cuyas páginas expresa su ansia de buscar la justicia en su valor humano.

Su “noveleta” El juicio, que forma parte de Los días sufridos, es una protesta por la forma en que los tribunales juzgan a los seres humanos “conforme a ley pero no a la justicia”, dice.

Escribió poemas pero se decía no poeta
Luego, en los últimos años de su vida y cuando ya se encontraba padeciendo el mal que lo arrancaría de este mundo, publicó Ascenso a la nada, poemas intensos.

No se creía poeta sino un no poeta, cuya caudalosa sensibilidad se muestra a raudales de ternura en el poema que abre el libro y que él dedicó a su hija Patricia, tempranamente desaparecida.

Solo cumplió con su deber

En un homenaje que le rindió la Corte Superior de Arequipa en el Día del Juez de 2001, y al cual concurrió casi a la fuerza, el doctor Federico Álvarez Neira, encargado del discurso de orden, describió la trayectoria de Alfredo Cornejo Chávez y recordó su “fructífera obra intelectual”.

Pero creo que su mérito material más grande estuvo en la construcción, laboriosa y tercamente conseguida, del hermoso Palacio de la Justicia de Arequipa, que sacó a los magistrados del oscuro, precario y tugurizado caserón que ocupaba la Corte Superior en la calle san Francisco.

En respuesta a aquel homenaje, Alfredo pronunció un breve discurso del cual se extraen algunas palabras ejemplares: “En mi vida no he hecho otra cosa que cumplir con mi deber, poniendo invariablemente todo mi esfuerzo al servicio de mi responsabilidad asumida”.

Gracias a él, Arequipa tiene su Palacio de Justicia
Añadió: “Jamás acepté un cargo si es que dudaba de satisfacerlo a plenitud” y recordó que cuando dejó de ejercer el periodismo, “dejé irrevocablemente la única militancia política que he tenido en mi vida… Así lo exigían mi formación y mi conciencia. En mí confiaban Arequipa y el Perú”.

Hizo también una reconvención que bien podría valer para los tiempos actuales: “Me muerde ahora, a propósito, el doloroso recuerdo de haber comprobado en ese entonces, que muy pocos en mi entorno pensaban en el honor, el deber, la verdad, que vigilaban los intereses de la institución servida, que enarbolaban la bandera de la Patria”.

Prosiguió: “Por lo contrario, casi todo se infestaba de mezquindad, egoísmo, envidia, componendas, toma y daca, politiquería. Perdónenme, señoras y señores, no he debido ponerme dramático en esta hermosa ocasión”.

Palabras de ayer que sirven para hoy, Alfredo.

(Imágenes de www.podestaprensa.com y archivo)

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