lunes, 28 de octubre de 2013

Los ‘hijos’ del obispo Chaves

Unas 25 mil personas
llevan el noble apellido
Cháves de la Rosa

Hay por lo menos 25 mil hombres o mujeres en el mundo que llevan el apellido Chaves de la Rosa, distinguido y recordado obispo de Arequipa, fundador del que un día fue el Orfelinato Chaves de la Rosa, situado en la siempre verde avenida Goyeneche, recordó un reciente informe periodístico.

Esta era la residencia de los huerfanitos
En la escuela fiscal 962 donde estudié, llamada también Manuel Muñoz Nájar, había en todas las secciones alguien que apellidaba Chaves de la Rosa y señalaba como domicilio un edificio que parecía un palacio francés del siglo XIX sobre la entonces aristocrática avenida Goyeneche.

Todos iban bien vestiditos, aseados y uniformados: camisa celeste, pantalones azules cortos, medias que les cubrían las piernas hasta casi las rodillas. Llegaban todos juntos muy puntuales unos minutos antes de las ocho, y se dirigían a sus secciones en la formación habitual en el patio y luego a sus aulas.

El obispo que legó su nombre
A la salida se encontraban en la puerta, los más grandes protegían y organizaban a los pequeños y, también en formación, regresaban a su residencia.

Algunos de ellos llevaban apellidos diferentes, pero una gran mayoría era Chaves de la Rosa y un día que me extrañé y, con la ingenuidad de la infancia le pregunté a mi madre por qué había tantos niños Chaves de la Rosa, me contestó que primero, nunca volviera a hacer esa pregunta a nadie, dentro ni fuera del colegio y, segundo, llevaban ese nombre porque habían perdido a sus padres, lo cual, fuera de disfraces o disimulos, era la verdad.

Ahora ya no lo llaman orfelinato. Se llama Centro de Atención Residencial “Cháves de la Rosa”, es administrado por la Sociedad de Beneficencia Pública de Arequipa desde 1981 y me entero por un diario de esa ciudad que hay por lo menos, fuera del antiguo orfanato y corriendo suerte por el mundo, unos 25 mil hombres y mujeres, criados en ese establecimiento durante ¡sorpréndase!, los últimos 225 años, pues fue fundado por en 1788 por el obispo  Pedro José Chaves de la Rosa Galván y Amado.

De acuerdo con esas versiones, la Beneficencia atiende a los niños con un personal profesional y técnico que cumple sus obligaciones con cariño, lo que me trae al recuerdo el tiempo de mi primaria, cuando muchos de nosotros solo comíamos una o dos veces al día y los Chaves de la Rosa tenían sus tres comidas de reglamento y siempre estaban rozagantes de salud.

Se obligaron a cuidar de los niños
En aquellos años, el Chaves de la Rosa era administrado por monjas de San Vicente de Paul, algunas de ellas de procedencia francesa, que educaban a sus niños de acuerdo con los dictados de la religión católica y les ofrecían toda la atención para satisfacer sus necesidades, incluida la educación en la escuela Muñoz Nájar.

Muchos de los egresados de la escuela emigraron luego al exclusivo colegio regentado por los hermanos de La Salle, vecino a nuestra escuela. Otros se matricularon en lo que fue escuela de artes y oficios de los Salesianos, en la calle San Pedro y otros, a pesar del riesgo que entrañaba un examen de admisión, ingresamos en el Colegio Nacional de la Independencia Americana.

Leo en el diario El Pueblo de Arequipa que el albergue tiene 68 niños, de los cuales 19 fueron bautizados la semana pasada y que, a diferencia de otros tiempos, la adopción de muchos de los chicos Chaves de la Rosa es muy difícil. ¿No será que los trámites ahora son más engorrosos que en el pasado?

Bueno es comprobar que esta bicentenaria institución, a despecho de los nombres que se le han aplicado, continúa la misión que se propuso el obispo Pedro José Cháves de la Rosa Galván y Amado, quien al comprobar que muchos niños eran arrojados a la calle de aquella Arequipa de hace más de dos siglos, se conmovió y se propuso levantar una residencia decente para los huérfanos.

Su herencia permanece y es de esperar que, se llame como se llame, continúe al servicio de los niños desamparados y no solo les brinde casa y comida sino hasta el apellido que lucirán por el mundo como todo ser humano de respeto.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo estudié en el Colegio Particular Cháves de la Rosa, que en un principio era San Vicente de Paúl, y efectivamente recuerdo que cuando niña, veía a los internos que salían del colegio en filita y bien limpios, se dirigían al colegio Muñoz Najar. Las internas estudiaban con nosotros, en nuestras aulas, no había distinción alguna.

Peron dijo...

Buenas tardes. mi nombre es consuelo yo fui interna por diez años yo mi hermana. mi era 101 el de mi hermana112;que linda vida la q que pasamos en el orfelinato chavez de la rosa la navidad hasta la proxima.