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martes, 29 de diciembre de 2020

Crónica de una batalla contra el covid-19

Sobrevivimos, mi hijo Luis y yo,
gracias a una experiencia de atención
médica virtual entre Arequipa y Lima

 

El coronavirus atacó a la familia
a pesar de todas las precauciones

 

Desde principios de este feroz año que termina, cuando apareció la pandemia de coronavirus, mi familia y yo adoptamos todas las precauciones posibles y acatar las disposiciones del gobierno, para conjurar el riesgo de un ataque del coronavirus que estaba causando muertes por decenas en el país.


                                  El autor y sus hijos Luis, Gonzalo y Sergio


Decidimos, por acuerdo unánime, muy a nuestro pesar, mantenernos en estricta cuarentena, lo cual significaba que los padres, mi esposa y yo, y los hijos que viven en el hogar paterno estuvieran separados de quienes habían formado su propia familia.

Las visitas entre unos y otros estaban prohibidas y solo permitidas cuando había verdadera urgencia, lo que para satisfacción de unos y otros, no se produjo durante los meses que corrieron de marzo a julio.

Y llegaron los finales días de julio con sus naturales ajetreos por fiestas patrias y la intención de atender cosas que durante los meses anteriores fueron dejadas de lado.

La primera infracción

Se produjo la primera infracción el domingo 19 de julio y bajamos la guardia, con la visita de Gonzalo, Pavel y mi nieta Ana Gabriela, a la casa de Roxana, para ver a la queridísima sobrinita de los primeros, mi nieta Adriana, con la cual solo había habido contactos telefónicos esporádicos.

                                     La familia reunida
 

Nos parecía una injusticia que Adriana, de entonces de cinco años, amiga de los correteos por los parques cercanos a su domicilio, estuviera tantos meses encerrada en su departamento con solo el contacto con el exterior de sus clases escolares virtuales.

Se recordará que el gobierno mantenía mes tras mes la severa cuarentena que dejó encerradas en sus casas a las familias y solo las fuerzas armadas y policiales podían circular por las calles para detener a los infractores.

El lunes 20 de julio, Gonzalo sintió los primeros síntomas de un resfrío, pero no les prestó atención y mantuvo sus ocupaciones habituales, entre ellas, sus visitas a la casa paterna, a pesar de que su “resfrío” se agravó.

El jueves 23 vinieron Roxana, su esposo Arturo Loli y su hija Adriana para pasar el fin de semana, y Gonzalo, aunque se sentía mal, sacó fuerzas para armar un nuevo mueble para un televisor. No se quedó a almorzar. Reconoció que estaba mal y se fue a su casa.

                                  Vinieron a pasar el fin de semana
 

Reunión de la gran familia

 Habíamos programado una parrillada para el sábado 25 de julio, como anticipo de las fiestas patrias que habríamos de pasar cada uno en su casa.

Gonzalo no asistió porque ya se sentía mal. Solo vinieron su esposa Rita y su hija, mi nieta Allison, de 14 años.

Fue una ocasión para una reunión de todos los demás miembros de la gran familia: Sergio, su esposa Ana, y sus hijos Sergio, Ana Gabriela y Alejandra Michelle, Roxana y su esposo Arturo con su hijita Adriana, la “bebé” de todos.

Y por supuesto, estaban presentes Luis, el hijo mayor y Pavel, el menor, y recibimos las llamadas de Beatriz, desde Münich, Alemania y de Álvaro, desde Arequipa, que quisieron estar presentes en esa forma.

Rita y Allison sintieron las primeras molestias traducidas en dolores de cabeza la víspera de la fiesta nacional y al día siguiente, 28 de julio, Gonzalo comenzó su tratamiento contra el covid-19, atendido a la distancia por el doctor Ramírez, médico de la familia.

                                  Pasaron a través del mal sin problemas 
 

Lo extraño de todo es que Gonzalo daba negativo en las pruebas que le hicieron y recién el 3 de agosto dio positivo. Para entonces, varios miembros de la familia comenzaban a dar muestras de haber sido atacados por el virus.

Ese día comenzó el tratamiento a distancia. El doctor Alex San Martín, patólogo clínico y su esposa, y su esposa, la doctora Mayra Belly Chirinos, que se encontraban en Arequipa, su lugar de residencia, comenzaron por Gonzalo y después habrían de atender a toda la familia.

Tratamiento a distancia

Mi esposa y yo, comenzamos a toser y, más tarde, dijeron que así también se manifestaba el contagio, me atacó lo que el doctor Ramírez diagnosticó y trató como una conjuntivitis que se inició en el ojo izquierdo y luego pasó al derecho.

El 4 de agosto ya era indudable que el virus había invadido la casa con toda su fuerza. Las consultas y respuestas entre quienes vivimos en Lima y los doctores San Martín y Chirinos se hicieron más que frecuentes y a cualquier hora del día o de la noche.

Los únicos que se salvaron del ataque del covid-19, fueron mi hija Beatriz, quien vive en Münich y Álvaro, quien reside en Arequipa.

                 Beatriz, aquí con su esposo, Erik, preocupada desde Europa

Atendimos las recetas giradas por el doctor San Martín, y seguimos minuciosamente todas sus indicaciones, consistente, por lo menos en que tocaba a mi hijo Luis y a mí, en una serie de inyecciones durante ocho días.

Yo padecía una afonía muy severa, a tal extremo que mi voz no se escuchaba a un metro de distancia. Debí tomar remedios para la garganta y progresivamente, mi voz se fue aclarando hasta recuperar, después de una semana, su claridad habitual.

Podía decirse que los doctores San Martín y Chirinos fueron los médicos de cabecera de la familia a cuyos numerosos miembros atendieron con certeza y oportunidad, de modo que no sufrimos ninguna pérdida fatal, sin requerir, asimismo, de la atención de organismos oficiales de Salud.

Oxígeno a domicilio

En uno de esos episodios impensados, Sergio se llevó a mi esposa a su casa

el 6 de agosto para protegerla de un eventual contagio. No habría de volver sino el 20 de setiembre, cuando la recuperación de todos los enfermos era una realidad.

                                  Se pasó una noche entera en la cola
 

En el curso de los peores cuadros, nuestros médicos, a quienes agradeceremos eternamente, aconsejaron la compra de una máquina de oxígeno, vista las penurias que la gente padecía para conseguirlo, no solo para aliviar mis padecimientos respiratorios, sino para atender a algún otro miembro de la familia.

En efecto, también sirvió para Luis, mi hijo mayor, con quien sufrimos la pandemia en nuestra casa.

La compra de la máquina no impidió que mi nieto Sergio formara una extensa cola en espera de un balón de oxígeno e hiciera cola una noche entera ante un establecimiento de venta del producto.

Contaba más tarde, divertido, que para protegerse del frío de la noche mientras la cola avanzaba lentamente, se cubrió con una frazada la cabeza. En un momento determinado, la cola cambió hacia la otra vereda y él también se trasladó para no perder su lugar.

En algún momento de la noche, la cola volvió a su posición original y él ¡estaba dormido, cubierto por su frazada! No perdió su sitio porque cuando despertó, horas más tarde, lo recuperó.

Así compró la botella de oxígeno que le encargaron y en cuya posesión se encuentra hasta ahora a la espera de una eventual emergencia.

La verdad es que Luis y yo fuimos los más graves. Casi todos los demás miembros de la familia, sufrieron esporádicos dolores de cabeza, fiebre y cansancio, pero no requirieron de atención que los echara a la cama.

Yo, el peor

Me parece que yo, por mis años y mi sobrepeso, fui el que se encontró en mayor peligro. Mi hijo Luis se recuperó prontamente y solo tuvo necesidad de la maquinita del oxígeno un par de veces.

                                Una maquinita que latía como corazón desbocado
 

Yo sí la disfruté.

Recuerdo que un día desperté, creo que ya era entrada la tarde, y me encontré con que mi hijo Sergio me acomodaba una sonda, el “bigotito” abastecedor de oxígeno en la nariz y me preguntaba si estaba cómodo.

Más adelante, cambió el “bigotito” por otro tipo de sonda que abarcaba las dos fosas nasales, se adhería a la nariz y permitía un mejor flujo del oxígeno a los pulmones.

Durante los días en que estuve en cama, me parece haber estado inconsciente un tiempo indeterminado. Por lo menos, lo que recuerdo, es que cuando desperté me encontré con Sergio que me colocaba la sonda de oxígeno en la nariz y comencé a escuchar el ruido de la máquina, como el desordenado latido de un corazón fuera de control.

Los primeros días de convalecencia me permitieron comprobar que había adelgazado como nunca, de tal modo que cuando levantaba la mano, el reloj pulsera se me corría hasta la mitad del antebrazo, y debí correr tres puntos a la correa del pantalón.

Pero gracias a las suculentas y poderosas sopas que me preparaba Ana y que su esposo Sergio o alguno de sus hijos, me traía religiosamente cada mediodía, logré recuperar mi antiguo peso, a tal extremo que he retomado un régimen para bajar algunos kilos de más.

El ataque del coronavirus sirvió para saber hasta qué punto la solidaridad de cada uno de los miembros de mi familia, se hizo tangible para atender en forma precisa, oportuna y generosa, a quien lo precisara, algo que nos hizo sentir a todos, que nuestros lazos son indestructibles y lo serán siempre, mientras nos asista la suerte de vivir.

(Imágenes de archivo de Podestá te cuenta-www.podestaprensa.com)

www.podestaprensa.com

jueves, 21 de mayo de 2020

Cumpleaños en tiempo de coronavirus

Las tradiciones han quedado
atrás y se exige un nuevo
tratamiento del afecto

Nota del editor – El autor de la nota que sigue pide anticipadas disculpas a sus lectores si al tratar un tema de orden general, toca -queriéndolo o no- su reciente onomástico. Lo pone como un ejemplo y demostración de cómo deben ser efectuadas en este presente de pandemia, las celebraciones familiares, a fin de no hacerse pasibles a que la policía llegue, derribe la puerta a puntapiés o combazos y la torta se quede sin inaugurar.

Por Luis Eduardo Podestá

En muy reciente cumpleaños, la pandemia nos obligó a adoptar inéditas medidas de precaución para evitar que el ruido de la celebración atraiga la atención policial y su consiguiente incursión.

Cariñoso abrazo fantasmal
Las adoptamos porque deseábamos que el afecto y el cariño familiares sigan su cauce sin menoscabo, pero eso sí, evitar una indeseada exposición al peligro del contagio con el malquerido covid-19.

Por de pronto, si se hacen las cosas con cautela todo puede resultar bien y desarrollarse un poco a la antigua, cuando la familia llegaba y se estrechaba en un afectuoso abrazo con el cumpleañero o cumpleañera.

En mi caso, que sirve como ejemplo -si usted quiere-, primero haga una provisión de comidas y bebidas con suma anticipación.

Si el almacenero no le quiere vender una caja, compre en cómodas cuotas de tres o cuatro por vez hasta acumular una cantidad adecuada de bebida.

Todo depende de la naturaleza de los invitados que no deben ser hombres de poca sed, y de comprobarse que son capaces de beber sin levantar las voces.

Un cuarto para cada casa
En mi caso, repito, logramos acumular una cantidad más que suficiente, pues todavía quedó, un saldo para la “joroba”, que la llaman. Y confirmamos que es un poco difícil practicar en estos tiempos la vieja sagrada norma de “no menos de tres ni más de 33”.  

Hay que señalar que los habitantes normales de la casa somos cuatro; mi esposa, mis dos hijos Luis y Pavel y el cumpleañero, o sea yo.

Todos los demás serían visitantes que, en cumplimiento de las normas fijadas por el Supremo Gobierno para combatir la epidemia, vinieron a distintas horas y no en mancha como solían hacerlo en años anteriores, usted me entiende.

Comienzo con desayuno fuerte

Muy temprano, alrededor de las ocho de la mañana, mi hijo Sergio Podestá Cuadros y su esposa Ana Gutarra, llegaron con un cargamento de chicharrones de chancho para el desayuno.

Desayuno con distancia social
Ellos mismos arreglaron la mesa como para comenzar la fiesta. Aquí estrenamos un abrazo, sin tocarse. El dueño de casa se cubrió de pies a cabeza con una sábana y pudo recibir el abrazo filial.

Nada más emotivo y recomendable para quienes quieran sentir el abrazo de sus familiares, sin exponerse a la pandemia, salvo el doctor Elmer Huerta se oponga.

Esa práctica prosiguió por la tarde, cuando vinieron los hijos de Sergio y Ana: Sergio, Ana Gabriela y Alejandra. Con las dos últimas practicamos el abrazo al estilo sábana. Sergio hijo, se abstuvo porque es muy cuidadoso de las normas y formas.

De las manos mágicas de Pavel Podestá, salió de pronto, a mitad del desayuno, una botella de anís Najar, que tuvo aceptación unánime. Hicimos chistes como que media copita del anís era suficiente para matar a una legión de coronavirus.

Almuerzo delivery para los ausentes

Toda la familia estuvo de acuerdo en que no caería mal como almuerzo, una carnecita a la parrilla, para lo cual, mi hijo Gonzalo, ya conocido por su buena voluntad fue el encargado de llevar adelante la función de parrillero.

Nuevo abrazo con precauciones
Gonzalo vino como a las 10.30 de la mañana para preparar la parrilla, porque, dadas las circunstancias, solo unos pocos quedaríamos en la casa y había que hacer delivery para los demás miembros de la familia que viven en diferentes lugares de Lima

Cuando todo estuvo listo, enviamos con un taxi, la porción correspondiente a Roxana, quien estuvo encargada por la comunidad de preparar la torta de cumpleaños.

Rita, esposa de Gonzalo, llegó a la hora fijada, para abrazar al cumpleañero y retirar el almuerzo que compartiría con Allison, la hija de ambos. Se tenía como disciplina que no debía haber mucha gente en la casa por ese asunto de la distancia social.

Distancia social

Roxana hizo una torta singular, dividida en cuatro partes, para que cada una de ellas llegara a las cuatro casas en que está dividida la familia.

Eso dio opción a que, siempre en acatamiento a las normas, se cantara el “feliz cumpleaños” en dos ocasiones.
La primera en la casa principal con asistencia del homenajeado, su esposa, sus hijos Luis, Gonzalo y Pavel y sus nietos Sergio, Ana Gabriela y Alejandra, con quienes se compartió la mesa con cumplimiento estricto de la distancia social.

En condiciones “normales”, cuando el coronavirus no daba trazas de aparecer para alterar la vida de toda la humanidad, la mesa de la casa principal de los Podestá-Cuadros era preparada para un mínimo de 17 personas.

La “cantata” virtual

La pandemia obligó a que los miembros de la familia regresaran a sus domicilios a esperar la hora señalada para entrar en una conferencia virtual con la participación de todos ubicados frente a las pantallas de las pantallas de sus computadoras.

Así, alrededor de las siete de la noche, luego de los llamados prolegómenos para confirmar que todos los Podestá, padres, hijos y nietos, estuvieran presentes, se dio inicio al canto de cumpleaños, emotivo, singular.

Nos vimos y nos oímos todos
Este avance de la tecnología nos permitió “reunirnos” en un canto comunitario, a quienes no solo viven en distintos barrios de Lima, sino a Beatriz y su esposo Erik, quienes viven en Múnich, Alemania, y a Álvaro y su hijo Áxel, actualmente en Arequipa.

Nos vimos luego partiendo la torta de cuatro cuartos, mientras los residentes en el exterior, observaban el acto, y participaban con sus conversaciones.

Ah, un consejo para quienes deseen celebrar un cumpleaños en estos tiempos de pandemia: nunca hagan más ruido del necesario. Después de todo en una habitación nos escuchamos al conversar y mejor si cantamos en voz baja.

Tierna tarjeta

Y para cerrar con broche de oro esta nota sobre cómo mantener el espíritu familiar al celebrar un cumpleaños o cualquier fecha que lo merezca, mi nieta Adriana Loli Podestá, de cinco años, me dedicó una tarjeta con una tierna dedicatoria, en un dibujo a todo color en que ella aparecía saludando desde una ventana, lo que atribuí a una subconsciente precaución frente al riesgo de un contagio.
 
Recuerdo imperecedero
También dibujó una casa de cuya azotea cuelgan globos de colores, en una materialización de la imagen, supongo, que ella deseaba ver en esa fecha.

Todo lo que se ha descrito es posible en cualquier hogar y contribuye, como ocurrió en el mío, a quebrar la monotonía de la cuarentena y, sobre todo a mantener vivos el afecto y la relación familiar en una fiesta de contornos nuevos, a despecho de la tragedia que ha descendido sobre el mundo, a causa de la pandemia que nos obliga a vivir un régimen de vida que nunca hubiéramos querido.

(Imágenes captura de WhatsAPP y mensajes de internet)

viernes, 20 de marzo de 2020

Ningún caso nuevo de Covid-19 en Wuhan

El jueves fue el segundo día libre
de nuevos casos de la pandemia y
12 mil médicos vuelven a casa

“La ciudad de Wuhan, epicentro del brote de la neumonía COVID-19, no registró ningún nuevo caso confirmado o sospechoso de la enfermedad el jueves, segundo día libre de los casos de la epidemia tras varios meses de lucha en la ciudad contra el virus mortal”, informó hoy viernes la agencia estatal china de noticias Xinhua.

Segundo día sin nuevos casos de covid-19 en Wuhan
La agencia también informó hoy que luego de combatir con éxito al mortal coronavirus en la provincia de Hubei, cuya capital es la ciudad de Wuhan, donde se originó la pandemia, 12 mil médicos han comenzado a volver a casa.

“Un total de 12.000 trabajadores médicos que apoyaron a la provincia de Hubei, afectada por el nuevo coronavirus, comenzaron a salir de la provincia desde el martes, ya que la situación epidémica se ha aliviado en gran medida”, dijo la agencia.

67 mil casos confimados

Mientras tanto, en la provincia de Hubei, estaban confirmados 67.800 casos y en la capital Wuhan 50.005, según informe de las autoridades provinciales, citadas por Xinhua.

“Hubei también registró otras dos muertes por COVID-19, ambas en Wuhan, el jueves, lo que elevó al número de fallecidos en la provincia a 3.132”, precisó la agencia.

Paciente china de 98 años venció al covid-19
Pero al mismo tiempo, ayer jueves, “703 pacientes fueron dados de alta de hospitales de Hubei tras su recuperación, con lo cual la cifra de enfermos recuperados llegó a 58.381 en esta provincia”, dijo Xinhua.

Afirmó seguidamente que “de 6.016 pacientes hospitalizados, 1.657 permanecían en condición grave y otros 441 en estado crítico”.

Los médicos vuelven a casa

Por otra parte, la agencia transmitió que “las autoridades sanitarias chinas informaron hoy viernes que un total de 12.000 trabajadores médicos que apoyaron a la provincia de Hubei, afectada por el nuevo coronavirus, comenzaron a salir de la provincia desde el martes, debido a que la situación epidémica se ha aliviado en gran medida”.

Luego de la labor cumplida
“Los médicos que parten de Hubei trabajaron en hospitales temporales y centros designados para casos leves, destacó en conferencia de prensa Guo Yanhong, funcionaria de la Comisión Nacional de Salud”, puntualizó.

Pero advirtió que “los expertos y equipos médicos que tratan casos severos todavía se mantienen trabajando en Hubei y se quedarán hasta que se completen todas las misiones, agregó Guo”.

(Imágenes de Xinhua y LópezDoriga Digital))

miércoles, 26 de junio de 2019

Perennizan a la “Perrovaca” de San Marcos

Una lápida marca la tumba
de la mascota universitaria
que “preveía” los ingresos

Cuentan que si Olga, la “perrovaca” mascota de los universitarios de San Marcos, mordía a algún postulante, su ingreso era fijo, cantado, si solo le rugía y amenazaba, el postulante ingresaba “con las justas” y si no le hacía caso, era señal de fracaso.

En memoria de la "Perrovaca" más querida
Olga, la perrovaca que según unos murió de sobrepeso tuvo su feudo, durante los once años que le duró la vida, en el comedor universitario, donde los estudiantes, al parecer, la alimentaban en exceso por lo que adquirió un peso que al final dañó su salud y provocó su muerte.

El lugar donde reposan sus restos, ha sido marcado con varias piedras que cubren su tumba, y en las cuales, sus amigos han escrito frases que evocan la relación amical que los vinculó con Olga.

Olga no fue una perra cualquiera. Varios medios de comunicación informaron de su enfermedad y muerte, y posteriormente de la colocación de una lápida en el lugar donde fue enterrada.

Recordada Olga, la "Perrovaca" sanmarquina
El diario Perú21 informó que “los alumnos y personal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) colocaron una lápida en memoria de la mascota conocida como “Perrovaca”, quien vivió varios años en el campus.

Refiere luego que “en una publicación en su página de Facebook, la Universidad San Marcos detalló que la lápida fue ubicada en el jardín posterior del comedor universitario, el lugar donde está enterrada Olga, nombre colocado en un inicio a la mascota”.

Anuncian un monumento

El diario informó, asimismo, que “a fines de marzo, el rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Orestes Cacha, anunció que construirá en el interior del campus una estatua en memoria de la mascota”.

Le dejan unas palabra de recuerdo
Gran honor para una mascota, ¿no les parece?

Los informes señalan que “Perrovaca” murió el pasado 28 de marzo después de “varias semanas de lucha contra una enfermedad” que no precisan.

Sin embargo, indican que “la Federación Universitaria de San Marcos (FUSM) informó que ‘Perrovaca’ no podía moverse y se arrastraba constantemente debido a su sobrepeso”.

Era quizá que su cercanía al comedor durante sus años de vida y el cariño de los estudiantes, le proporcionaban mucho más del alimento que necesitaba para llevar una existencia sin peligro.

El informe de Perú21 indica, que “Perrovaca” vivió sus últimos meses en una silla de ruedas que aliviaba su penosa movilización.

Una lápida oficial

La Universidad Nacional Mayor de San Marcos en su cuenta de Facebook anunció la colocación de la lápida con dolidas palabras.

Sus dolorosos últimos meses
“A tres meses de la partida de nuestra querida Olga, conocida como perrovaca, hoy se instaló una lápida en su memoria, ubicada en el jardín posterior del Comedor Universitario”, dijo el informe.

Añadió que “la lápida fue ubicada en el jardín posterior del comedor universitario, el lugar donde está enterrada Olga, nombre colocado en un inicio a la mascota”,

Pero el diario La República señaló que había “gruesos errores” de ortografía en el texto de la lápida que fueron advertidos y criticados por los mismos estudiantes.

En una nota publicada el martes 25 de junio en su versión online, La República precisa que “los estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), no están muy contentos con la lápida en honor a la perrita que los acompañó durante varios años en su casa de estudios, la recordada ‘Perrovaca’”.

Atribuye la molestia a que “en una serie de fotos en Facebook (se) revelaron varios errores ortográficos”.

Recuerda que “la querida mascota sanmarquina dejó de existir y en dicha casa de estudios los alumnos le hicieron una tumba y además le dejaron diversos mensajes de afecto”.

“Tres meses después la UNMSM le ha brindado una lápida conmemorativa y no dudó en compartir unas fotografías en Facebook, con la ceremonia que se llevó a cabo en dicha casa de estudios”, prosigue.

Lápida de homenaje oficial


“Sin embargo, unos pequeños errores han desatado la furia de cientos de estudiantes de la ‘Decana de América’”, quienes han llegado a pedir que retiren la placa de su lugar.

“En memoria de Olga, ‘Perro vaca’. Valiente, querido, fiel sanmarquina”; se lee en la lápida, lo que motivó las críticas “a los responsables de dicho adorno conmemorativo”.

 “¿Querido sanmarquina?”, “Hasta le hicieron correcciones”, “Cambien esa lápida. Perrovaca se escribe junto”; fueron algunos de los duros comentarios que se publicaron en Facebook”, añade La República.

Pero con errores o sin ellos, la lápida recordará a Olga, la “Perrovaca”, una mascota ícono que marcó once años de la vida de numerosos estudiantes que concurrieron al comedor de San Marcos y conocieron de cerca sus arrebatos a los cuales, según su intensidad, atribuyeron propiedades mágicas.

(Imágenes y captura de video de la Universidad de San Marcos-Perú21)

viernes, 8 de marzo de 2019

Abrazo a las mujeres del mundo


 A todas las que construyen
el mundo de paz que
buscamos desde siempre

Un fuerte, cariñoso y solidario abrazo a todas las mujeres del mundo en este su día, que recuerda más de un siglo de lucha por su igualdad en las sociedades y por el respeto a su condición femenina.


...a las mujeres luchadoras...

Un abrazo porque desde su posición en la familia y su responsabilidad de formar a sus hijos -a nosotros- supieron extender los brazos y el corazón hacia la sociedad que las rodea en busca de conquistas que aparecen hoy más reales que antaño.

Un abrazo para las madres, esposas, hijas, estudiantes, trabajadoras, dirigentes en busca de su igualdad plena, porque son herederas de miles de mujeres que en el mundo dejaron su sacrificio y sus luchas como ejemplo.

...que aman la paz frente a la violencia...
Un abrazo por la ternura que desbordan al margen de su actividad laboral y social y construyen el mundo de paz, bienestar y concordia que buscamos desde siempre.

Un abrazo total para las mujeres de toda condición que con unanimidad tratan de convertir este mundo en el reino de los cielos.

Un abrazo, mujeres, madres, esposas, hijas, amigas, parejas, conocidas y desconocidas que aman a los suyos sin dejar de amar a los demás en la búsqueda de un mundo ideal para la familia humana, para nuestra familia.

... que aprendan a luchar y a defenderse...
Un abrazo mujeres del mundo, del Perú, de la ciudad y del barrio en que vivo, por hoy, Día Internacional de la Mujer, con la convicción profunda de que el sentimiento que nos produce la fecha se prolongue a todos los días de todos los años que nos toque residir en este mundo.

Luis Eduardo Podestá N.
(Imágenes de La Vanguardia, El País, Domusartium2002)
www.podestaprensa.com

sábado, 2 de febrero de 2019

Hágase una, don Martín: la 19990

Periodista pone los puntos
sobre la joda que sufren los
pensionistas de la 19990

Pasaron diez gobernantes y 45 años 
y nadie se preocupa por los jubilados

Los jubilados amparados -es un decir- por la eterna e invulnerable ley 19990, “reciben 14 soles diarios de pensión para sus gastos de desayuno, almuerzo, comida, medicamentos, pago de vivienda, impuestos, entre otros gastos”.

Contando la pensión que no durará una semana
La cita corresponde a una declaración en la red, del periodista Héctor Perona, también según parece pensionista de esa ley, dada el 24 de abril de 1973 por el gobierno revolucionario de la fuerza armada presidido por el dictador Juan Velasco Alvarado (1968-1975).

Perona recuerda que "a un sector de empleados públicos le darán 25 soles diarios de asignación extra para refrigerio” y “en tanto el gobierno sigue condenando a una muerte lenta a los jubilados de la 19990 que reciben 14 soles diarios de pensión para sus gastos de desayuno, almuerzo, comida, medicamentos, pago de vivienda, impuestos, entre otros gastos”.

Sus protestas no se escuchan
Remata su mensaje con una desconsoladora reflexión acerca de que eso “solo pasa en el Perú, donde no se valora el esfuerzo y contribución que hicieron nuestros trabajadores honestos durante su vida laboral".

Pasaron 10 presidente en Palacio

Desde entonces ha corrido mucha agua por el Rímac y presidentes de toda laya por el palacio de Gobierno, nada menos que diez, algunos de los cuales figuran en el cartel de los más corruptos del mundo y 45 años de desatención, casi medio siglo.

Diez gobernantes no los vieron
Pero ninguno volvió los ojos cuando los jubilados-pensionistas eran golpeados por esa ley, que sufrió modificaciones, pero ninguna de real trascendencia social para aliviar las penurias de quienes dejamos de trabajar por límite de edad u otras causas.

Veamos: Al dictador Velasco le dio golpe su general Francisco Morales Bermúdez Cerruti quien gobernó entre 1975 y 1980.

Luego elegimos a Fernando Belaúnde Terry, (1980 – 1985) y enseguida nos cayó Alan García Pérez, quien desgobernaría el Perú hasta quebrarlo en dos periodos (1985 -1990 y 2006 - 2011), dejando una profunda huella de corrupción que hoy se investiga pues se convirtió de modesto hombre de clase media en millonario.

Y la 1990 seguía inalterable.

Y a continuación vino la verdadera plaga de corrupción, con Alberto Fujimori, a quien el Apra de Alan García ayudó a encaramarse en el poder y quien asumió el cargo para desgracia nacional el 28 de julio de 1990, para un supuesto gobierno democrático que duró hasta el 5 de abril de 1992, cuando se convirtió en dictador hasta el 21 de noviembre de 2000 en que fugó para renunciar por fax desde Japón, su país.

DL 19990 "revolucionario" 

Y la 19990 se mantuvo.

El “regreso” de la democracia

Fue remplazado brevemente por Valentín Paniagua, quien convocó a elecciones y nos hizo sentir el hálito de una primavera democrática.

Llegaron Alejandro Toledo, el cholo sagrado, hoy prófugo de la justicia, Alan García otra vez, y ahora con las barbas en remojo, Ollanta Humala, quien sufrió prisión preventiva, por presuntos delitos de corrupción y Pedro Pablo Kuczynski, a quien el otrora poderoso parlamento fujiaprista obligó a renunciar.

Los que la firmaron 

Y la 19990 siguió incólume, mientras los mandatarios agarraban a cuatro manos lo que el país les dio con dos.

Ahora le toca el turno a don Martín Vizcarra, quien remplaza a PPK, y quien ha jurado luchar contra la corrupción hasta las últimas consecuencias.

Pero bien podría, don Martín, volver la mirada y ver con ojos justicieros a quienes, a su turno, contribuyeron con la construcción de este Perú que sus diez altos antecesores desatendieron para fijarse solo en sus bolsillos.

¡Hágase una, don Martín y derogue la 19990 o conviértala en un dispositivo que no mate de hambre a los jubilados sino en un instrumento que les dé un relativo bienestar durante sus últimos días!

Luis Eduardo Podestá

(Imágenes de Andina, El Comercio, El Men internet y prensa peruana)