jueves, 30 de agosto de 2012

Balneario Tingo perdió el nombre

La transformación le
costó 15 millones al
municipio de Arequipa

Lo que fue el viejo balneario de Tingo al suroeste de la Ciudad Blanca, fue inaugurado esta vez como Ecoparque Acuático por el alcalde metropolitano de Arequipa, Alfredo Zegarra, merced a una inversión de 15 millones de soles (unos 5.8 millones de dólares) para una cuestionada obra de transformación que alteró todo el paisaje de la zona.

Alcalde Zegarra al agua junto a funcionarios municipales

El alborozo de las autoridades fue tal que se lanzaron vestidos a una de las de las tres piscinas que tiene el parque.

En su habitual tono de queja, Zegarra reclamó disculpas de la directora de Cultura, Julia Barreda, quien había enviado anteriormente a Lima observaciones contra la remodelación que implicaban alteración de la laguna y el entorno tradicional del paisaje.

Barreda dijo que no tiene por qué pedir disculpas y se ratificó en su convicción de que Tingo es un “patrimonio inmaterial”.

Viejo puente de madera hacia la isla del sauce

Unos exagerada cifra de 2000 invitados del alcalde estuvo presente en la inauguración, acto que, según la Comisión de Recepción de Obras de la Municipalidad se hizo sin que el Consorcio Tingo, encargado de la remodelación subsanara las observaciones.

Tingo es un viejo rincón de paisaje y de recuerdos. Su laguna fue remodelada y se construyó un puente de madera hacia una encantadora isla, en pleno centro, donde se alzaba un sauce de antigua edad desconocida.

El paisaje ya no será el mismo

Hasta 1963 tranvías rojos hacían el recorrido entre el centro de la ciudad de Arequipa y el balneario que se convirtió en el espacio veraniego de los arequipeños de clase media y de los menos acomodados, quienes tenían a su disposición dos piscinas.
 
La piscina chica en foto del inmortal Chambi

La llamada piscina grande estaba al borde de una avenida poblada de palmeras y la chica cerca de la laguna. Ambas recibían aguas del río Chili que pasa muy cerca y constituía parte del paisaje.

Entre ambas, las vendedoras de buñuelos (picarones) con miel de chancaca y de anticuchos de corazón se instalaban en puestos al aire libre, que al parecer, ahora ya no existirán más porque se les ha señalado espacios sobre modernas instalaciones de concreto.

Ahora el viejo balneario ha perdido hasta el nombre pues se llamará Ecoparque turístico.

Luis Eduardo Podestá

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