jueves, 20 de agosto de 2009

Cómo conocí a Hamsun en Arequipa

Recordaban Hambre y
recibían un plato de sopa en
las calles nevadas de Oslo




Una tarde de finales de la década del 48 o 49 del siglo pasado, a dos puertas de la primera comisaría, en una librería de la calle Palacio Viejo llamada poéticamente Trilce, el poeta José Ruiz Rosas me presentó a Knut Hamsun, escondido entre las páginas de un libro sin refilar y en cuya portada rústica se leía simplemente Hambre y el nombre del autor, hasta entonces para mí desconocido.

-Es lo último que me acaba de llegar-, me dijo – y es lo mejor de la literatura actual.

Serían las cinco y media de la tarde y yo salía del colegio. En el camino me pasaron el dato de esa librería, en cuyos anaqueles estaba lo mejor de la literatura que no se podía leer en la biblioteca del colegio. Lo mejor de todo es que el poeta, al parecer recién llegado a Arequipa, tenía una confianza ciega en sus clientes.

El poeta José Ruiz Rosas llamó Trilce a su librería


Casi sin conocerme, un día en que un libro costaba cinco y yo solo tenía cuatro, me dijo que podía traerle el saldo cualquier día. Yo respondí religiosamente a esa confianza y fui su cliente durante muchos años, hasta cuando comencé a trabajar en periodismo y descubrí que también quería y podía escribir algo. Así conocí a José Ruiz Rosas y a Knut Hamsun.

Con Hambre recorrí las calles de Cristianía, más tarde llamada Oslo, capital de Noruega, me emocioné con las desventuras y generosidades de Widel-Jarlsberg, quien ganaba diez coronas muy de vez en cuando por un artículo en un periódico y se deshacía de ellas cuando veía y creía que otra persona las necesitaba más que él a pesar de su hambre convertida en cotidiana.

Cómo no recordar también su frustrado intento de conseguir el amor de Ylayali y sus paseos solitarios por las noches de Cristianía.

Impacto feroz

Hace poco leí a Juan Tallón en un diario español, quien comenta sobre Hambre: “El impacto que deja Knut Hamsun sobre el lector resulta feroz. Premio Nobel en 1920, es fundamentalmente un escritor sobre los nervios. Poca evolución, pocos acontecimientos, pocos personajes, pero una constante quiebra de la serenidad. Es la constatación de aquello que dictaminó Marcel Proust: ‘Todo lo grande que conocemos nos viene de los nervios. Ellos y no otros son los que han fundado las religiones y han compuesto las obras maestras’. Hombres asociales e imprevisibles y una belleza claroscura cubre Hambre, donde Hamsun describe los efectos psicológicos de la hambruna en el personaje protagonista, Widel-Jarlsberg, que queda esmagado bajo las páginas de una primera novela que lo retrata bajo una inestabilidad similar a la que más tarde narrará Kafka”.

Knut Hamsun en su estudio de Norholm en 1930


Yo también sentí el impacto de Hambre, la novela con que Hamsun comenzó el ascenso a la montaña sagrada de la celebridad. Después de ella, concurrí repetidas veces a la librería Trilce, donde el poeta Ruiz Rosas me informaba de las últimas obras del novelista noruego.

Así adquirí, mediante créditos a sola palabra, Pan, a la que ingenuamente pensé una suerte de continuación de Hambre, pero que era una aventura de un oficial en las montañas, y que la alusión que titulaba la obra se dirigía al flautista dios Pan.

Luego me metí de cabeza en Misterios, Victoria, Soñadores, Misterios, Bendición de la tierra y otras más cuyo orden de adquisición huye de mi memoria, pero que dejaron una honda huella en mi espíritu.

No eran libros de lujo ni de tapa dura. Todo lo contrario. Uno mismo tenía que cortar los pliegos en sus bordes superior y derecho, para continuar la lectura y esto era una prueba, decía, de que yo era el primer lector de ese volumen.

El año de Hamsun

Hambre fue también el protagonista principal de la apertura de las celebraciones del año de Hamsun, que se iniciaron contra viento y declaraciones de organizaciones judías, en la capital Noruega el 19 de febrero.

En esa singular ocasión, cientos de lectores de Knut Hamsun, caminaron por las calles de Oslo, que él cariñosamente describía con ternura y amargura, y seguían el itinerario del protagonista de su novela emblemática, Hambre, y significativamente, recibieron un plato de sopa caliente… no se sabe si porque sentían hambre o porque necesitaban combatir al frío ya que caminaban sobre las pistas y veredas cubiertas de nieve por el severo invierno nórdico.

Recordaban capítulos de la novela y se exigieron recorrer los lugares donde el protagonista vivió su drama. En una redacción periodística asisten a la discusión con los editores del periódico que le pagan diez coronas por un artículo, en otro sitio presencian su encuentro con la amada a la que llama Ylayali, más adelante observan su encuentro con unos policías, y por sobre todo, perciben imaginariamente el hambre que corroía sus entrañas.

Algunos leían trozos de la novela en alta voz: "Nuevamente había ido para sentarme a un cementerio y había escrito un artículo para un periódico. Mientras estaba trabajando allí dieron las diez. La noche cayó e iban a cerrar las puertas. Tenía hambre, mucha hambre. Desgraciadamente, las diez coronas sólo habían durado poco tiempo. Ya hacía dos, casi tres días, que no comía nada, y me sentía deprimido; hasta sostener el lápiz me fatigaba. Tenía en el bolsillo la mitad de un cortaplumas y un manojo de llaves, pero ni un cuarto. Cuando cerraron la puerta del cementerio, debí haberme ido derecho a casa, pero vagué todavía algún tiempo. Me inspiraba un terror instintivo mi cuarto, tan tétrico y vacío: un taller abandonado de hojalatero, donde se me permitía vivir provisionalmente. Deambulé al azar, pasé ante el Depósito, bajé hasta el mar y fui a sentarme en un banco, en el muelle del ferrocarril”.

De la Cristianía que describe, una ciudad de finales del siglo XIX, Knut Hamsun había dicho: "Fue en aquella época cuando yo vagaba pasando hambre por Cristianía, esa extraña ciudad que nadie abandona hasta quedar marcado por ella".

Hamsun con su hijo Arild en 1950

Los lectores de Hamsun comenzaron a borrar el viejo resentimiento entre el escritor más querido y odiado de Noruega y su pueblo, en un anticipo de lo que sería la conmemoración de los 150 años de su nacimiento, que como se ha informado con gran despliegue periodístico en el mundo entero, es uno de los acontecimientos más grandes de Noruega y de la literatura mundial.

"Con el año de Hamsun nos hemos propuesto que el público quede con una impresión más fortalecida del espléndido escritor que fue Hamsun, inspirándole también a leer su obra en la perspectiva del debate actual", declaró la organizadora y directora de la Biblioteca Nacional de Oslo, Vigdis Moe Skarstein.

En diversos medios se publicaron las declaraciones de Isaac Bashevis Singer (también Premio Nóbel), quien dijo que “toda la ficción del siglo XX proviene de Hamsun”.

Por su lado, Ingar Setten Kolloen, autor de una biografía de Hamsun, dijo que no se podía dejar de quererlo, “aunque tenemos todos estos años de odiarlo” porque “es un fantasma que no quiere permanecer guardado en su tumba”.

El centro cultural Hamsun inaugurado el 4 de agosto


En una nota que Walter Gibbs escribió para el New York Times, precisó que “algunos críticos han encontrado el punto medio al proponer que se le dé la misma atención a su talento literario que a su lado oscuro”, es decir, a su inclinación política durante la Segunda Guerra Mundial..

En las lejanas Georgia y Azerbaiyán, también al comenzar el año de Hamsun, se recordaron los 110 años de aquel viaje que el escritor realizó, como el vagabundo de sus obras, a través de Rusia para dirigirse al Cáucaso.




Así, pues, fue el poeta Ruiz Rosas quien me llevó a las páginas de Hamsun y este quien me arrastró a Noruega hace un os años. Me dolió mucho no encontrar ni sombra de su literatura en las librerías de Oslo ni de Bergen, como sí las tenía la desaparecida librería Trilce y me alegra el espíritu comprobar que al promediar el año de las evocaciones por los 150 años del nacimiento de Knut Hamsun, la humanidad entra en esa reconciliación que se mantuvo oculta durante más de medio siglo.





1 comentario:

Terán dijo...

Trilce...qué nombre más apropiado para la tienda de un poeta librero. Bella historia escrita por un lector impenitente.