domingo, 21 de octubre de 2018

50 años de conversación entre periodistas

Las plumas más diversas reunidas
en más de 500 páginas que evocan
el pasado del periodismo peruano

por Luis Eduardo Podestá

Recorrer las más de 500 páginas del libro 50 años de periodismo peruano 1963-2013 fue un reencuentro con el tiempo pasado y con personajes, con quienes compartimos los sinsabores y los días gratos de este oficio siempre vigente, incomprendido, mal y bien interpretado que busca la verdad como la única misión de su existencia.

Muchos de quienes escriben este libro, ya no están entre nosotros, pero sus palabras entrañan una resurrección que nos lleva al momento que vivieron y nos entrega el testimonio de sucesos que no figuran en la historia oficial, aunque lo merezcan.

Tengo la satisfacción personal de que dos testimonios de mi pasado periodístico, que describen uno el eslabón o la bisagra entre las viejas y las nuevas técnicas del periodismo y el otro sobre el icónico personaje que fue Raúl Villarán Pasquel, el creador de tabloides, hayan sido incluidos en este volumen.

Sería cansador mencionar a los más de 60 coautores de este libro, hecho realidad por el Club de Periodistas del Perú y la Universidad Ricardo Palma, cuyo rector, Iván Rodríguez Chávez, justifica su publicación en el cumplimiento en los 50 años de existencia del club de los hombres y mujeres de prensa.

El rector dice de la publicación que es “un libro con esencia testimonial, cargado de atmósfera de evocación y afecto, que constituye la historia viva y cotidiana de la institución, y de las personas que han formado parte de ella y pertenecen a la profesión”.

Faltan nombres y sobran otros

A continuación, César de los Heros, expresidente del club, en su introducción que titula Palabra viva, relata la historia del libro y de la comisión que lo hizo posible, integrada por él y por los destacados periodistas Domingo Tamariz y Justo Linares.

Linares y De los Heros, promotores del gran libro
De los Heros precisa que así, “logramos reunir una verdadera antología del periodismo peruano del periodo comprendido entre los años 1963 y 2013, en buena cuenta de la segunda mitad del siglo XX y los inicios del XXI”.

Advierte, sin embargo, que en esta antología, “faltan nombres y sobran otros”, pero afirma que “en todo caso, tenemos una muestra representativa del trabajo de buena parte de los periodistas del medio siglo reseñado”.

El primer artículo que aparece a continuación es el de un personaje muy querido por los viejos periodistas, Guillermo Cortez Núñez, cuyo seudónimo, “Cuatacho”, se hizo popular en el diario Última Hora de la mitad del siglo pasado.

Guillermo, quien fue mi director en el antiguo Expreso de la sexta cuadra del jirón Ica, y mi fraternal amigo hasta su trágica muerte, se pregunta ¿Periodista?, para encabezar un breve artículo, cuyo protagonista es un joven que le pide un consejo sobre qué profesión escoger, ¿quizá la de periodista?

Guillermo se hace una reflexión: “Si le dijera que esta es una profesión llena de satisfacciones, le mentiría. Tampoco sería cierto si le tratara de ocultar lo fascinante que suele ser el trabajo de un hombre de prensa”.

Toda su grandeza y en toda su miseria

Con su agudo sentido de observación, prosigue: “Podría hablarle en términos generales. Decirle lo dicho en otra oportunidad: que al periodista como al médico, al abogado y al sacerdote, se le presenta el hombre en toda su grandeza y en toda su miseria; en toda su alegría y todo su dolor; hundido en el mayor abatimiento y aferrado en la más dulce esperanza”.

Guillermo Cortez "Cuatacho", palabras del más allá
El hombre que escribió estas conmovedoras líneas se escapó de este mundo, por la vía de un disparo en el corazón. una noche de un año a principios de los 80s, en la habitación solitaria de un hotel de San Isidro.

En el rápido vistazo que le di el volumen entre ayer y hoy, con poca voluntad de análisis y más de vuelo de pájaro sobre uno y otro autor, encuentro a Luis Felipe Angell “Sofocleto”, en una rara crónica apartada leguas del humorismo a que nos tiene (tenía) habituados.

En su “Carta al padre dormido”, Sofocleto coloca un subtítulo revelador, “Mi viejo, ¿sabes?, al comienzo yo también me lo creí”.

“Hicieron tan bien las cosas que llegué a tener el pleno convencimiento de que habías muerto”, “No, no estás muerto. Pero estás ausente de la mesa, de la voz por el teléfono, del beso en la mejilla... Te has hecho transparente, ingrávido y total. Tu recuerdo nos roza la piel como una caricia indefinible y yo siento que por primea vez puedo decirte cómo te quería y te respetaba. No porque estés muerto sino porque estás ausente. Y porque sé que me estás leyendo en algún lugar del tiempo. O de mí mismo”.

Podestá y César de los Heros en el Club de Periodistas
Junto a la de Cortez Núñez y Sofocleto, en “50 años…” hay firmas como la de Mario Vargas Llosa, César Miró, Sebastián Salazar Bondy, Francisco Miró Quesada, Guillermo Thorndike, Mario Castro Arenas, César Hildebrandt, y otras más que sería largo, aburrido y quizá susceptible de crítica discriminatoria, si se mencionan algunas y se omiten otras.

Por eso ahí lo dejo, con la confianza de leer otros comentarios más técnicos de gente que se haya detenido a leer cada uno de los trozos de que está compuesto el libro. Para hacerlo, yo demoraré un poco más, con su venia, lector colega y amigo.

(Imágenes: archivo del autor)


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