sábado, 28 de noviembre de 2009

Un siglo de peleas de toros en Arequipa

Dos bueyes que se disputaban los
favores de su dama inventaron
hace cien años la fiesta de los toros




Cuentan que por allá, a principios del siglo pasado, un camión que llevaba en la plataforma un par de toros, sufrió un desperfecto y debió detenerse al borde de la carretera de tierra que lo conducía a Characato, el bucólico distrito de Arequipa que no pierde su identidad campesina y que ha dado nombre a todos los arequipeños que circulan por el mundo.

Pues bien, los dos toros, aburridos mientras sus dueños fueron a refrescarse y un mecánico reparaba el camión malogrado, soltaron sus amarras e invadieron un sembrío de alfalfa vecino donde podían encontrar algo de comer.

Pero allí surgió la eterna manzana de la discordia. Una vaca se encontraba en medio del alfalfar y, al parecer, comenzó a coquetear abiertamente con los dos toros, los que en el afán de poseer los favores de la hembra, arremetieron el uno contra el otro.


SSe preparan desde jóvenes para eventuales lides


No se sabe si alguno pudo cumplir sus deseos. Lo que cuenta la tradición es que, el ruido del choque de las dos poderosas cabezas, atrajo a los propietarios y a algunos campesinos que celebraron el encuentro.

Según la tradición, ya que no existe historia escrita, aquello ocurría en la primera década del siglo XX, lo cual querría decir que en estos años, podrían recordarse los primeros cien años de aquella fiesta tan arequipeña y campesina, “loncca”, se diría, de las infaltables peleas de toros.

Una fiesta sin igual

No hay una fiesta igual en el mundo. Y si en algo se distingue de las españolas corridas de toros en que un hombre provisto de diversas armas lucha con un toro hasta matarlo, en las peleas de toros muy rara vez corre la sangre o se producen alguna herida.

En el ruedo la pelea ya es cosa seria


El que corre es el perdedor, que ante el empuje de un rival más fuerte o más experto, vuelve la cara y abandona el campo. Han ocurrido, sin embargo, episodios en que, a causa de la ferocidad con que se daba el choque, uno de los dos quedaba ensartado en los cuernos del otro.


Como consecuencia, quedaba ciego o, si la herida se producía más allá de la cabeza, podía ocurrir una hemorragia grave que obligaba al dueño a llevarse al toro perdedor al camal y sacrificarlo, con mucho dolor y lágrimas, para no perder por lo menos el precio de su carne en el mercado.

El periodista Manuel Rodríguez Velásquez, especialista en crónicas sobre peleas de toros, me contó hace poco que la tradición sigue siendo la misma. Para enardecer a los toros en una pelea, los propietarios exhiben en medio del campo a una coqueta vaquillona por cuyos amores vale la pena pelear.

Las peleas de toros, añade, “son en realidad, una fiesta popular, campesina, cuya celebración ha servido desde el pasado para reconstruir iglesias caídas a causa de los terremotos, ya que las parroquias y las municipalidades de los distritos campesinos, ante una desgracia de esa naturaleza, recurrían con frecuencia a las peleas de toros para conseguir fondos”.

Un motivo para consumir sabrosos platos


Las peleas, por otra parte, están rodeadas de alegría y de color. Las amas de casa presentan los platos más sabrosos de la culinaria campesina que ofrecen en pintorescos quioscos y remadas.

Los visitantes de la ciudad puede saborear cuyes chactados (fritos con una piedra encima), choclos con queso, lechón al horno, rocotos rellenos, pasteles de papas, costillares fritos y ocopas que cubren sabrosas papas recién cosechadas.

Todos esos potajes, por supuesto, son rociados por la chicha de jora carmesí servida en gigantescos vasos labrados, la cerveza y el “re” o “resacau” o anísado con que a la par que se alegran los corazones se favorece la digestión de la abundante comida que se ha tenido a bien degustar.

Hasta antes de las peleas de toros, la historia de los bueyes se reducía a uncirlos al yugo para que roturen los campos y cuando ya no servían para este trabajo, terminaban sus días en el camal y en el mercado.

La pelea de toros ennobleció su estirpe. Fueron criados y entrenados como gladiadores, recibieron valiosos trofeos como el famoso “astero de plata” o el cinturón de los campeones, similar al que se ofrece a los campeones de boxeo.

Cuando vencían a sus rivales hicieron ganar a sus dueños enormes cantidades de dinero en las apuestas. En algunas ocasiones las apuestas subieron a 50 mil soles, habitualmente aportadas por los propietarios confiados a ciegas en que su toro ganaría. En otros niveles se corrían apuestas menores que en conjunto se elevaban a decenas de miles de soles.

Tienen todo el cuidado de sus amos


Las peleas no se libran a la buena de Dios. Existe un reglamento que exige la presencia de 15 jueces en el campo de la lid y sus normas se hacen cumplir hasta con presencia policial. Existen una antigua Asociación de Criadores de Toros de Pelea y varios clubes de aficionados que mantienen la tradición en crecimiento.

Los distritos campesinos del lado este de Arequipa son rivales tradicionales de los de “la’utra banda”, la otra orilla del río Chili que divide en dos a la ciudad. Entre los primeros están Characato, Yarabamba, Sabandía, Paucarpata, Quequeña y entre los de “la’utra banda” Yanahuara, Cerro Colorado, Zamácola, Sachaca.

Todos los distritos campesinos tienen su ruedo


En todos ellos hay coliseos de peleas de toros con graderías, que remplazan a los antiguos campos yermos cerrados por paredes de adobes o simplemente por barreras de troncos para impedir que el público entusiasmado por los tragos invada el terreno de pelea y que los toros escapen a las calles vecinas.

Las peleas de toros son una fiesta tradicional al pie del Misti. No pueden faltar en las festividades religiosas o patrióticas, porque allí, junto a la rivalidad de los distritos campesinos, se mide el coraje, la bravura, la resistencia de los gladiadores y la fe que sus amos tienen en ellos para conquistar victorias, campeonatos y… ganar apuestas.




A esta nota seguirá otra sobre los grandes campeones de las peleas en los coliseos de Arequipa.

(Luis Eduardo Podestá)



3 comentarios:

viviana dijo...

Este año o la próxima festividad no me las pierdo.

Vladimir Terán dijo...

Hemos hecho un enlace aquí:

http://www.tauromaquias.com/2010/01/humala-gana-vibrante-festival-de-peleas.html

Saludos

Gianna Soraly Hinton dijo...

Estuve leyendo de que se trata esta festividad. Tal parece no llega al nivel de las corridas de toros, pero de todos modos es exponer a los animales y criarlos con la finalidad de que actúen en estos eventos con fines no sólo de tradición sino lucrativos. Es una pena, personalmente estoy en contra de todo lo que es maltrato al animal, y aunque aqui es de toro a toro, lo mismo es con las peleas de gallos. A ver si me entienden, es el goce de la gente, las apuestas, y considerarlo festividad. El animal expuesto a esto, no es su elección. Arequipa tiene tantas hermosas tradiciones, gastronomía exquisita que quizás, Dios mediante, esto quede atras y no se siga llevando a cabo. Con todo el respeto es mi opinión. Gracias.