miércoles, 6 de septiembre de 2017

El hombre que se niega a la ceguera

Elogio al periodista y hombre
de teatro José Valdez quien
sigue adelante sin bastón

Münich, Alemania – Como en aquellas simbólicas máscara representativas del teatro, una que ríe y otra que llora, José Valdez Pallete, director de teatro y fundador de la agrupación Talía, de Arequipa, finge no ser ciego y camina por la ciudad, sin apoyo de un bastón,   guiándose solo por la sombra que reflejan los transeúntes que encuentra a su paso.

No hacer caso a los males 
Me ha dolido la noticia, leída en el diario El Pueblo de Arequipa, porque Pepe Valdez es mi colega del periodismo de antaño y quizá fui un factor en su entrega incondicional hacia el teatro desde hace mucho más de medio siglo.

Nos conocimos en el desaparecido diario El Deber, por cuya redacción tuve un breve paso, y más tarde arribamos a El Pueblo.

Tenía unas dos semanas de trabajo en ese diario, a finales de la década de los 50s, cuando mi jefe de redacción, Juan José Barriga Gonzales, me encargó: “¿No quieres regalarte una tarde de teatro. Actuará Pepe Valdez”.

Era una orden que no lo parecía porque era así el estilo del jefe. Yo no era experto en espectáculos culturales ni de los otros. La pieza, cuyo título se me ha perdido en la memoria, se daba en el teatrín de la parroquia de San Antonio, de Miraflores, Arequipa.

Me divirtió ver a Pepe con traje de calzones bombachos a la usanza medieval, para anunciar la trama de lo que se venía. Y su actuación en el desarrollo de la pieza me pareció muy agradable y nada exagerada como había visto actuar a otros artistas aficionados y profesionales.

Hice una información muy objetiva y destaqué el hecho de que el público aplaudió con entusiasmo cada uno de los tres actos y por varios minutos al final, reclamando la presencia de los artistas.

Los hombres de la opinión

Cuando la nota salió publicada, Pepe me saludó con un abrazo y me agradeció los términos en que había sido redactada.

Cuando el director de El Pueblo, Luis Durand Flórez, dispuso mi participación en las reuniones del cuerpo editorial cada mañana a las 11, debido a que hacía una columna de opinión, me sumé a tres personas de gran valor humano y profesional.

Allí estábamos Alfredo Cornejo Chávez, Carlos Montoya Anguerri, José Valdez  y un servidor, más dedicado a escuchar las intervenciones de los primeros en torno a los asuntos de la ciudad y la realidad nacional e internacional cuando hacía falta.

Entonces se acentuó mi amistad con Pepe, con quien hace unos cinco años, nos encontramos por casualidad en la calle Mercaderes, y hablamos brevemente.

Le pregunté por José Villalobos Ampuero, el único alcalde marxista que tuvo Arequipa, y me respondió sorprendido: “¡Es ese que acaba de salir (de un restaurante cercano)”.

Yo no había reconocido debido al tiempo transcurrido, a Villalobos, ya entrado en años, como nosotros y debí entrevistarlo días después en su casa.

No hace caso a sus ojos

La periodista Roxana Ortiz, del diario El Pueblo, escribió sobre José Valdez: “Lleva sus anteojos oscuros y camina erguido. Nadie se da cuenta del problema. ¿Por qué no usa bastón?, le pregunto.

“Me mira serio y dice (porque distingue de cerca): “Eso es para los viejos”. ¡Ah!, perdón, no sabía, le digo. “Además, nadie tiene que enterarse por lo que estoy pasando”, agrega. Espero no lea esta nota”.

Ortiz añade que Pepe “ya ha tenido algunos accidentes por su falta de visión, la última vez “chocó” a un carro. Calculó el paso por la sombra del vehículo, pensando era un auto, pero se tratba de un pequeño camión con remolque, avanzó por la pista para chocarse con la unidad, y terminó en el piso”.

“Generalmente voy por las esquinas donde hay semáforos y me pongo al lado de las gordas, ellas nunca corren, espero que avancen y yo también, aunque ahora los conductores no respetan a nadie”, se quejó Pepe.

La periodista comenta que fue “difícil hacerle la entrevista con puntos concretos a una persona que estuvo acostumbrada a mantener horas de horas charlando, que de la noche a la mañana se encuentra sola, y que tiene miles de temas por platicar. Fueron más de cuatro horas y solo se pudo obtener algunos detalles”.

Informa que Pepe no deja de escribir y le dijo que ha hecho “algunos libretos. Algo tengo qué hacer con mi tiempo”.

Recuerda  que “hace 50 años, junto con algunos amigos, fue espectorado de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), cuando Patria Roja asumió el poder y decidieron fundar (el grupo teatral) Talía”.

Expulsado por la dictadura

“El día para don Pepe se iniciaba a partir de la hora del almuerzo y terminaba con las primeras horas del siguiente”, refiere Ortiz.

“Era común verlo en la redacción del diario Arequipa al Día, mientras se cerraba la edición a partir de las 10 de la noche, revisando diversas publicaciones. Era noctámbulo y asiduo a  los cafés. No tomaba alcohol, pero le encantaba una buena conversación, especialmente  cuando estaba rodeado de jóvenes escuchando sus experiencias sobre diversos temas o él contaba las propias”.

“Cuando Juan Velasco asumió la presidencia, en Arequipa también surgieron algunos líderes y se hicieron de la administración de la UNSA, donde se hacía bastante cultura. Allí surgieron varios grupos del Partido Comunista. “Eran gente notable. Comunistas pitucos, qué gracioso”, ríe.

“Ese fue el punto para que los actores expulsados, como Antonio Gonzales Polar, Eusebio Quiroz, Carmela Núñez, Hugo Valenzuela, su hermano Luis, Julio Arce su suegro, su esposa Gaby Arce, entre otros, decidieran formar el grupo de teatro Talía.  La reunión fue en diciembre de 1966, y lo eligieron director. Luego estrenaron la primera obra el 17 de mayo de 1977, de Bertolt Brecht: ’Terror y miserias del tercer Reich’”, prosigue Ortiz.

“El día del estreno la mitad del Teatro Municipal estaba llena de alemanes refugiados que habían llegado de los departamentos cercanos. Fue un éxito y recibimos la invitación para ir a un festival de Chiclayo, donde obtuvimos el primer puesto. Luego vinieron obras de artistas peruanos”, comentó Pepe ante la periodista.

Ortiz señala que Pepe fue profesor de varios colegios en Arequipa, “había que mantener a seis hijos”, periodista en diarios de Arequipa y colaborador  en medios de Lima, y docente de la Universidad Católica de Santa María. Precisa que lo que hizo en el teatro “fue cultural, no comercial para ganar dinero, aunque le sobraron propuestas para dirigirlo”.

“Estuvo casado con la también fundadora de teatro y poetisa, Gaby Arce, con quien tuvo seis hijos”, y de quien se divorció a pedido de ella.

Pero más tarde, “sus hijos lograron nuevamente reunirlos y comenzaron a llevar una vida armoniosa, hasta que la  enfermedad acabó con doña Gaby. “De verdad sentí la muerte de mi esposa, ya habíamos hecho las paces y estaba todo bien”, dice don Pepe, quien era difícil para contar algunas intimidades”, escribe Roxana Ortiz.

Añade finalmente: “Un día llegó a los ensayos del grupo en la Católica y estaba un tanto raro. Sin expresión alguna, le caía una lágrima en el rostro.

“¿Don Pepe está mal del ojo?, le preguntamos.

“Seguramente algo me entró”, dijo.

“En el café confesó que su hijo estaba grave en el hospital. ¿Y por qué fue al ensayo, debió estar con él?, se le dijo.

“No soy médico, yo no voy a poder hacer nada”. Su hijo, a quien sabemos quería mucho, se logró salvar”, concluye Roxana Ortiz.

Así queremos verte, Pepe, tus colegas y amigos contemporáneos y los que no lo son, sin vejez, sin bastón, calculando tus pasos, sin miedo a las veredas ni a los obstáculos que los años suelen ponernos en el camino. (Luis Eduardo Podestá).

(Imagen de El Pueblo)

No hay comentarios.: