sábado, 29 de noviembre de 2008

El Paseo Mercaderes de Arequipa



Sus cuatro cuadras están llenas
de historia dramática y sabrosa



Por decisión de la Municipalidad de Arequipa, bajo la batuta del periodista y profesor universitario Simón Balbuena Marroquín, la vieja calle Mercaderes de Arequipa se convertirá en un bulevar, y así lo ha dicho, que será el primero en el centro de la Blanca Ciudad..

Con el respeto que me inspira su alta investidura, parece que la mano se le fue al burgomaestre porque bulevar, así, en español derivado de francés boulevard, es una “calle generalmente ancha y con árboles”, de acuerdo con una primera acepción del Diccionario de la Lengua Española, supervisado por la Real Academia de la Lengua y, de acuerdo con una segunda, es un “paseo central arbolado de una avenida o calle ancha”.


Alcalde Simón Balbuena Marroquín







Que se sepa la calle Mercaderes no es ni extraordinariamente ancha ni tiene árboles en sus zonas central ni lateral. Por todo lo cual urge, una reconsideración de la denominación y llamarla sencilla y adecuadamente paseo peatonal, que es lo que parece querer la comuna.

Por lo demás, la calle Mercaderes es dueña de una rica historia.

En la batalla del 50

Al principio de su primera cuadra, si usted me permite recordar la historia relativamente reciente, estuvo el edificio de La Rinascente, venta de telas y otros objetos buscados por la sociedad femenina de principios y mitad del siglo pasado. Desde uno de los pisos altos, un francotirador provisto de una ametralladora ZB-30 mantuvo a raya durante casi dos días, a una unidad del Ejército Peruano, empeñado en sofocar a sangre y fuego la rebelión de junio de 1950.

En La Pontezuela arranca la calle Mercaderes





En esa misma cuadra se encontraban los grandes almacenes y joyerías de aquella época que hicieron de esa parte de Mercaderes la más concurrida y cara de la ciudad, entre ellas, aparte de La Rinascente, la peletería Alaska, donde las bellas damas de la ciudad podían encontrar todo lo que podría abrigar su piel con elegancia y distinción, .

La segunda cuadra también tiene buena historia. Desde uno de los muros en construcción del que es hoy el Banco Internacional, hablaron los líderes de la Democracia Cristiana, Javier de Belaunde Ruiz de Somocurcio y Mario Polar Ugarteche, en diciembre de 1955 durante una manifestación de la Coalición Nacional, fundada por el industrial Pedro Roselló, con el fin de combatir a la dictadura de Manuel Odría.

Esa fecha constituyó, dijo el doctor Javier de Belaunde, el comienzo del fin de la dictadura, porque renunció el sanguinario ministro de Gobierno (hoy Interior), Alejandro Esparza Zañartu.

En esa misma segunda cuadra se encontraba y se encuentra el Teatro Municipal, que es remodelado actualmente para servir de centro cultural y que en los años 50s fue escenario de aquella gesta pues la policía de entonces lanzó bombas de gases lacrimógenas sobre la platea llena de gente y causó no pocos heridos y asfixiados que fueron la raíz de protestas masivas que concluyeron con la renuncia Esparza.

Frente al Teatro Municipal se encontraba La Comercial, un negocio del alemán y arequipeño por adopción, Ulrich Neisser, cuyo don de gentes, amor a Arequipa y aguda inteligencia lo llevaron a la alcaldía de la ciudad en los años 60s. En La Comercial, trabajaba como jefe de prensa el actual director del diario El Pueblo, el periodista Carlos Meneses Cornejo.

Por lo demás, fue uno de los pocos establecimientos de Arequipa, que vendía instrumentos musicales, muchos de ellos proporcionados por el periodista Víctor Salas Bartra, entonces aduanero e importador de instrumentos fabricados en el Japón. En La Comercial se vendían también discos de música de los grandes compositores, a precios tan bajos que nos permitían su adquisición cada quincena a pesar del bajo sueldo de que disfrutábamos.

¿Para qué llamarla pomposa y erróneamente bulevar?




Pionera de la vida nocturna

A principios de esa segunda cuadra se encontraba en un segundo piso, la famosa Boite La Negra, así llamada con todas sus letras, de propiedad de los señores Concha Fernández, también pioneros en ofrecer a la ciudad los primeros atisbos de una vida nocturna que heredan y explotan los cientos de locales de las actuales calles San Francisco, Zela, Ugarte, Santa Catalina y aledaños.

En la tercera cuadra, si usted me permite continuar, estaba el local del diario El Pueblo, hasta que el terremoto de enero de 1960 estremeció y resquebrajó sus viejas estructuras en tal medida que hubo de buscarse el actual local de Sucre.
Del estado de aquel inmueble, decía su entonces jefe de redacción, el recordado Juan José Barriga Gonzales, que las bóvedas no se caían solo porque aún las mantenían pegadas las telarañas del techo.

Frente al local del diario se encontraba una sucursal de la Caja de Depósitos y Consignaciones, que daría origen al Banco de la Nación y al lado de ella, la sanguchería de don Enrique Fuse, un japonés que llenaba de aroma de comida toda la cuadra.

Allí íbamos los bisoños periodistas de aquella época a comer sánguches de lechón, pavo o salchichas, regados con Kola Escocesa y en algunas especiales ocasiones, don Enrique, con quien hicimos una gran amistad, nos preparaba un plato que llamó “sukiyaki”, consistente en trozos de pierna de cerdo cebolla y rodajas de rocoto, rociadas con vinagre y sillau, recocidas en un baño de vapor, que era realmente un bocado sensacional para el hambre que nos atacaba a golpe de una o dos de la tarde.

En la tercera cuadra de aquel Mercaderes que yo conocí, se encontraba el Club Tarapacá, que concurrí en mi tierna infancia porque mi tío Goyo Zevallos, tenía la administración. En el Tarapacá, en el segundo piso de una enorme casa de la acera izquierda, se realizaban grandes bailes de carnaval.

Frente a ese local, que me parece hoy ocupado por una academia, se encuentra el Banco Wiese que es escenario con renovada frecuencia, de exposiciones de pintura, presentaciones de libros y otros acontecimientos culturales a algunos de los cuales, he podido asistir, durante algunas de mis cortas estadas en la Ciudad Blanca de los últimos años.

Por esa misma cuadra pasaba el tranvçia eléctrico que se dirigía a Miraflores. Su paradero original estaba en el mercado de San Camilo, subía por Perú, torcía en Mercaderes y luego tomaba Colón, la plaza España, la calle San Pedro, seguía por San Antonio, Misti y concluía su recorrido en Miraflores.

Por supuesto, esta no es la única historia de la calle Mercaderes. Algunos de ustedes deben conocer más sobre los establecimientos y personajes que se movieron en esas cuatro cuadras, sólo cuatro porque a continuación comienza, más allá de la calle Pizarro, la calle Octavio Muñoz Nájar. Por eso, se recibe toda clase de recuerdos o memorias que contribuyan a enriquecer la historia de lo que Balbuena quiere pomposamente llamar bulevar Mercaderes, sin serlo.

Bulevar puede llamarse con propiedad al bulevar Parra, donde nació y vivió sus primeros días de vida el laureado Mario Vargas Llosa.

Si se llama a Mercaderes paseo peatonal Mercaderes, no va a perder su importancia, ni su historia ni la gente se va a sentir agraviada por no tener, como ha dicho con conejil sonrisa el burgomaestre “el primer bulevar del centro de Arequipa”.

He dicho.




sábado, 22 de noviembre de 2008

El añuje, la ardilla y la castaña



Una inversión para los nietos que no
debe convertirse en madera efímera

Cuentan los viejos castañeros de Madre de Dios, algunos asentados en Alegría, otros en El Infierno, en Progreso y otras decenas de pueblos, caseríos de la selva del sur del Perú, que son los añujes y no las ardillas, los que favorecen el nacimiento, crecimiento, florecimiento y producción de los castaños.

El floreciente castaño se yergue por encima del nivel de la selva

La historia, si se la puede llamar así, comienza cuando el castaño deja caer a tierra su fruto, un paquete de más de medio kilo de peso o coco maduro. Algunos de estos son recolectados por los castañeros que la procesan como alimento o insumo industrial, pero esa es otra parte del cuento.
Entonces el añuje que siempre se da sus vueltas alrededor de los castaños que juzga están a punto de soltar sus frutos, encuentra el coco y a fuerza de dientes destruye la dura capa que protege las semiillas y como quien guarda pan pa’ mayo las entierra en cualquier lugar que juzga conveniente para volver cuando las papas escaseen.
El añuje hace todos los entierros que puede en cuanto lugar adecuado encuentra y piensa que nadie lo ha visto y que su tesoro está verdaderamente protegido por la naturaleza exuberante que lo rodea.

Un castaño contra crepúsculo muere de pie




Es entonces cuando entra en acción la ardilla, la que, probablemente ha seguido los movimientos del añuje desde algunos días u horas y vigilado sus movimientos de animal previsor. La ardilla no está dispuesta a que el tesoro de las nueces que el añuje ha enterrado se queden allí, En cuanto el añuje se ha ido, baja del árbol que la cobija y desentierra el fruto que le servirá a ella y a los suyos de alimento.

Añuje sin mapa
Mientras tanto el añuje, que no ha tenido la precaución de hacer un mapa de los lugares donde ha enterrados su tesoros, ha olvidado algunos y jamás volverá hacia ellos.
Entonces puede ocurrir una de tres cosas: que la ardilla ladrona desentierre el fruto y se lo lleve, con lo cual priva a la economía peruana de una posibilidad de desarrollo, que la semilla sea recordada por el añuje quien la descubrirá y desenterrará para que sirva de alimento, o en tercer lugar, que quede olvidada hasta cuando las lluvias y el tiempo la hagan germinar.
Eleuterio Añí Sunción, experimentado recolector de castañas de la comunidad de Monterrey en Iberia, distrito de Las Piedras, departamento de Madre de Dios, con 15 años dedicado a la recolección, quien acaba de llegar del monte, dice que aparte de aquellas posibilidades hay otras que, como un juego de azar, pueden privar al hombre de la exquisitez de la castaña.
Si el árbol crece sin problemas hasta alcanzar la edad de 45 o 50 años, producirá los frutos que él y otros cientos de castañeros de la región esperan para mantener su economía hogareña. Pero es posible que el arbolito en sus tiernos años, sufra accidentes. Puede ser pasto de algunos animales, o ser cortado por hombres que ignoran su valor o simplemente morir por causas naturales antes de ponerse lo suficientemente fuerte para producir sus frutos.
Si este árbol, que pertenece a la familia de las fagáceas, alcanza la plena madurez y da sus frutos, las castañas correrán por el mundo para darle mejor sabor al chocolate y para otros usos.
La castaña es calificada por los expertos como un “fruto muy nutritivo y sabroso, cubierto por una cáscara gruesa de color pardo oscuro”.
El coco que la contiene y que el árbol suelta tan repentinamente que los recolectores deben cuidarse de que les caiga en la cabeza para no sufrir un traumatismo, es de tal tamaño que solo cabe cómodamente en las dos manos del recolector.
Añí, respetuoso de las disposiciones existentes, dice que la recolección solo debe realizarse alrededor de los árboles que tengan un tronco de entre dos y dos metros cincuenta de diámetro y cuya estatura no sea menor a cinco metros desde el suelo hasta donde comienza la copa.

Eleuterio Añí, trabaja ante la curiosidad de sus hijos por los visitantes




Con una herramienta especial, despojan al fruto de su cáscara y lo acumulan en unidades de medidas que llaman barricas. Una barrica, equivalente a un barril lleno de castañas, se vende a 40 o 50 soles, con lo cual las empresas que las adquieran y cuyos representantes en la zona proclaman en grandes letreros “Se compra castaña a buen precio”, harán buenas utilidades luego de venderla a las fábricas de chocolates u otras industrias interesadas o las exportarán con los mismos fines.

Que no sea madera
En los últimos tiempos, ha aparecido el fenómeno de los taladores de castaños que buscan su madera porque es fuerte y es finísima, adecuada para pisos de lujo y muebles de exportación.



Con quizá cien años de existencia un castaño muestra su esqueleto




Han surgido, asimismo, quienes privan a los castaños de sus fuentes de alimentación, la humedad adecuada y desbrozan o queman sus zonas adyacentes, con lo cual, al poco tiempo, es doloroso verlos como enormes esqueletos blancos exhibiendo sus brazos espectrales entre el verdor de la selva.
Perú. Brasil y Bolivia que comparten esa parte de la selva amazónica, son los privilegiados por la producción de la castaña. Pero deben tener mucho cuidado y prohibir la extracción ilegal de madera que tala los castaños, sin tener en cuenta que tardan en dar frutos entre 30 años y medio siglo.
Bien dicen los castañeros y los economistas de Puerto Maldonado que “la inversión en castaña no es para hoy sino para los nietos”, lo que no significa que haya que renunciar a hacerla.
Las condiciones del clima, del terreno y de la fauna en la selva de Manu, Madre de Dios y las zonas vecinas cercanas de Brasil y Bolivia, favorece a estos tres países en la producción casi exclusiva de castaña de características tan especiales que la han hecho famosa a nivel mundial.
En Madre de Dios, -y me imagino que también en los otros dos países- se fabrican artesanalmente dulces cuyo principal ingrediente es la castaña, que se vende en forma natural, porque así se puede comer como una nuez cualquiera.
Vale la pena soñar –bonita frase, ¿verdad? robada de un programa de televisión- con que en el futuro, nadie corte un árbol de castaña y todos dejen como en gran parte aún ahora, que añuje, ardilla y semilla sigan manejados por la naturaleza para bien de quienes utilizan la castaña como fuente de alimentación y de bienestar que se alarguen muchos años hacia en el porvenir.
www.podestaprensa.com

martes, 11 de noviembre de 2008

Cuatro frescas (XVII)



Ahora la Casa Blanca va a parecer un paisaje… con un presidente de color. (Melcochita).

Cuadré a Mega TV de Miami porque no me ponía mi calentador. (Gayly).

Aparte de cuatro estrellas nosotros tenemos millones de galones… de gasolina. (Gasolinero Don Aires).

Cuando hay bronca en el chiquero, se produce una pelea puerco a puerco. (Gordo Gonzales)

viernes, 7 de noviembre de 2008

La discriminación de la camionera


Propongo las palabras chofera y marida
para el diccionario de la Lengua

No hace mucho, un noticiero español informaba sobre la denuncia de una mujer por discriminación a una empresa que no la quiso contratar como camionera. El gerente de la empresa había dicho simplemente: “Nosotros no contratamos mujeres”.
Ella afirmaba que no solo tenía licencia para conducir grandes vehículos sino que tenía experiencia.
La palabra camionera se hizo buscar en el diccionario de la Real Academia y sí existe como femenino de camionero.
No existe sin embargo, la palabra chofera, femenino de chofer, que me permito sugerirla a los sabios de la Real Academia de la Lengua para que la incluyan en su próxima versión del Diccionario.
No es una palabra fea y resulta hasta bonita, al lado de otras como actora que sí existe para nombrar no a la actriz sino como acepción diferente que bien podría ser considerada término jurídico pues señala “actora” como derivada de actor o demandante o acusador.

Pero, bueno, cuando comencé a hablarle de la camionera no quería entrar en problemas gramaticales, sino en un asunto sociológico como el de la invasión de las mujeres en todas –todas– las actividades humanas, muchas de las cuales antes hubieran resultado no solo inadecuadas sino prohibitivas para el bello sexo.
Recuerdo que cuando hace más de 50 años comencé lo que se llama la carrera del periodismo, en la redacción solo había una chica, frente a veinte redactores, a quien calificaría como la pionera a la conquista del un lugar en una redacción de periódico. Se trataba de Marcela Barriga Quintanilla, hija de nuestro jefe de Redacción, quien actuaba como alguien que hoy tendrá la función de secretaria de redacción. De paso recogía todos los datos de “sociales” –fulana se casa, el hijo de zutano será bautizado, etc.– con los que llenaba parte de una página de tamaño estándar del diario El Pueblo de Arequipa.
Luego asomaría por allí Ana María Portugal, quien quería trabajar en la redacción pero más bien era una intelectual que más tarde se dedicaría a la poesía. También pasaría por allí Nazareth Marroquín Mostajo, quien no quería realmente estar atada a una redacción con obligaciones reporteriles sino hacer algo por su cuenta, como efectivamente lo hizo al fundar su revista “Mistiana”.
Mucho más tarde, no sé cuántos años más, apareció Cecilia Valenzuela, tan fugazmente que cuando nos volvimos a ver en Lima, en alguna actividad periodística, creíamos que no nos conocíamos. Y ahora, como usted sabe, dirige un aguerrido espacio periodístico en la televisión y una agencia de noticias en Internet.

La apertura del diario Correo de Arequipa con corrientes capitalinas en febrero de 1963 atraería a un pequeño grupo –aún pequeño– de muchachas estudiantes que querían meter la nariz en la máquina de escribir pero que no se atrevían demasiado a codearse con los que alguien llamaría curtidos reporteros, dueños de esquinas, calles, bares y cantinas, que no le temían a los asaltos y más bien eran respetados por los delincuentes a quienes conocían bien porque los veían al lado del mayor o comandante comisario en la hora de la “calificación” en las comisarías.
De esa década de Correo se puede recordar a Roxana Ximani, una hermosa boliviana de la que media redacción estaba enamorada, Martha Arrisueño, una flaquita de rostro angelical, que estudiaba en la universidad Católica.
Es decir, el número de mujeres en las redacciones era escaso, minoritario definitivamente.
Eso era antes.

Ahora hay una superpoblación de mujeres y es fácil comprobarlo en las conferencias de prensa, cuando rodean a algún jerarca político o cuando micrófono en mano compiten con el más avezado reportero policial para pelearle la declaración de un recién capturado delincuente.
En esas ocasiones por lo menos hay diez mujeres por cada hombre. Es posible comprobarlo esta noche en los informativos de la televisión.
Pero no quería hablar únicamente del periodismo sino de otras profesiones en las que las chicas no solo han metido la cuchara sino se han introducido de cuerpo entero y junto a él su sabiduría universitaria, su audacia basada en “no me pueden hacer nada porque soy mujer”, su habilidad para enfrentarse a cualquier situación en la que un colega masculino, las vería feas… a la situación me refiero, no a las colegas.

En Lima he visto taxistas femeninos que pilotean sus coches hasta altas horas de la noche y ellas me han inspirado para pedir a la Real Academia de la Lengua, que incluya la palabra chofera en su diccionario.
He visto además:
- mujeres soldadoras en fábricas.
- maquinista de imprentas grandes y pequeñas.
- conductora de tractores en una chacra del norte
- árbitra ya aceptada con todos los honores por la Academia como
una “persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del reglamento, persona que arbitra en un conflicto entre partes, y persona cuyo criterio se considera autoridad”.
- jinetes de caballos de carrera lo que abonaría para que se incluyera la palabra jineta en el Diccionario para referirse a ellas y no como lo considera hoy un poco como quien no quiere la cosa “quizá de jinete, porque en Andalucía así se llamaba eufemísticamente a los bandoleros”. Sí se registra la palabra yoquey o yoqui, derivación del inglés “jocquey”. Por lo cual será lícito sugerir una palabra para señalar a las que algunos han llamado yoquesas. Pero los sabios tienen la vela en este entierro.
Hay que tener en cuenta que el diccionario sí registra “amazona” como “Mujer que monta a caballo”
y también “Mujer de ánimo varonil”, por lo que podríamos llamar amazonas a todas las que nos hacen la competencia en la oficina o la calle.
- herrera, que golpea un hierro al rojo en un yunque.
- soldada del Ejército, como marinera (sí lo hay) de la Armada o avionera de la Fuerza Aérea.
- bombera vestida de rojo junto a los apagafuegos.
Y así hasta el infinito…

Bien, se me ocurre que también podría incluirse en el DRAE la palabra marida, femenino de marido, aplicable cuando ella es la que manda en la casa y trae el pan de cada día, lo cual no es nada raro hoy en día en ninguna sociedad.
En fin, en homenaje a la legión femenina que ha invadido todas las profesiones, oficios y espacios reservados al sexo masculino, enarbolo la bandera de la inclusión en el DRAE de palabras adecuadas como contraparte de su respectivo masculino.
¿Alguien me sigue?


lunes, 3 de noviembre de 2008

Cuatro frescas (XVI)


Ahora ese Rómulo no es cola de león sino cabeza de rata. (Meckler).


El zambo Obama es el blanco perfecto. (McCaín).


Este es un gabinete muy elegante: tiene a Elena Conterno. (Calato).


De mis amigos y enemigos me defiendo muy bien a capa y espalda (Gayly).