miércoles, 25 de agosto de 2010

Hay que reflotar la Covadonga

No sólo será flotante museo
patriótico de la Marina
sino nuestro trofeo de guerra



¿Cómo no nos dimos cuenta antes? ¿O alguien se dio cuenta y no lo dijo?

Es verdad que la idea ha surgido así, tan de repente -por lo menos dentro de mi modesto conocimiento-, que algunos dirigentes políticos la han tomado por encima del hombro y no quieren empañar, dicen, el buen momento que vivimos con nuestros vecinos, allende la frontera.

¡Nosotros tenemos la Covadonga como los chilenos tienen al Huáscar!

Es verdad que la Covadonga no tiene la historia del Huáscar. En la cubierta del célebre monitor murieron los héroes máximos de Perú y Chile, el almirante Miguel Grau, cuyas hazañas y nobleza han sido reconocidas hasta por los mismos chilenos, y el capitán Arturo Prat, ícono del santuario patriótico de nuestros hermanos del sur (dicho sea sin tono de cachita).


Gloroso monitor Huáscar

El historiador Antonio Zapata propuso en una entrevista que le hicieron en la televisión, reflotar la Covadonga y convertirla en un museo como lo es el Huáscar frente a Talcahuano. La Covadonga se encuentra en el fondo del mar frente a Chancay desde cuando un equipo de marinos peruanos la hundiera mediante un bote torpedo, construido por el ingeniero Manuel Cuadros (foto a la izquierda), durante la guerra de Inglaterra y Chile contra el Perú y Bolivia.

Cierto es que el hundimiento de la goleta chilena no tuvo héroes en su cubierta porque la explosión los agarró tan de sorpresa que no tuvieron tiempo de ninguna actitud heroica digna de recordar, como sí los tiene el Huáscar, pero qué le vamos a hacer.

Sí es posible, en cambio, convertirla en un museo de la marina del Perú, enriquecido no solo por las épicas glorias de Grau sino por la historia marítima de los peruanos, que desde las épocas preincaicas tuvieron al mar como dios generoso que era fuente de subsistencia, de admiración y de respeto.

Pasemos por alto la sugerencia del marino vicepresidente que sugirió patrióticamente hundir el Huáscar en un “si no es mío que tampoco sea tuyo” o como lo dijo un irónico comentarista, matar al hijo que dos madres se disputan, como en el episodio bíblico.

Creo que no solo tendremos un museo flotante con glorias marítimas de guerra y de paz que llenarán el navío, rescatado y reconstruido, sino ¡un trofeo de guerra!

Así era la Covadonga

Y no podría escogerse mejor fecha para declarar la voluntad de reflotar la Covadonga que el 13 de setiembre que se aproxima, aniversario del hundimiento de esa nave frente a las costas de Chancay.

Así podremos exhibir las glorias nacionales de nuestro mar, incluido el recuerdo de presidente José Luis Bustamante y Rivero, autor y creador de la teoría de las 200 millas de mar territorial, a la que se adhirieron con entusiasmo nuestros hermanos Chile y Ecuador.

Y olvidémonos de una eventual, voluntaria y amistosa cesión en aras a la hermandad que nos une, ni de que en gesto de equilibrio sea entregado al fondo del mar. Eso no va a ocurrir, a pesar de los sucesivos mejores momentos diplomáticos que vivimos.

Sí se puede trabajar y enorgullecernos de lo que tenemos a la mano y es nuestro orgullo nacional. Solo habría que adoptar la decisión política de hacerlo y poner a nuestra marina a trabajar en la recuperación de ese trofeo, reconstruirlo, convertirlo en un museo de la memoria del Pacífico, y mostrarlo al mundo como un símbolo de paz y de recuerdo para aquellos que se sacrificaron en el conflicto de 1879.


Luis Eduardo Podestá

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Errar es humano…

En la anterior entrega, Niña holandesa se hace a la mar, se deslizó un error, que cambió el sentido de una oración. El tercer párrafo dice:

“Pero la sociedad holandesa se quedó callada. Se ha desatado una enconada polémica que anuncia durar quizá más de lo que la aventura de Laura, en torno a si los padres debieron el permiso deseado.

Debió decir:

“Pero la sociedad holandesa NO se quedó callada. Se ha desatado una enconada polémica que anuncia durar quizá más de lo que la aventura de Laura, en torno a si los padres debieron el permiso deseado”.

Gracias por tu comprensión. (Lep).

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