martes, 30 de diciembre de 2008

Mesa Redonda, nuevo aniversario

Un poco sin quererlo, te regalo este cuento
que no es de navidad sino de aniversario
sangriento para que no se olvie, si eso es posible


Fuegos artificiales

Lamentablemente, las cosas han adquirido un nuevo y definitivo significado, escucha que le dicen o lee que le escriben, ya no puedo soportar más esta situación, escucha y no quiere escuchar porque sus diablos azules circulan a todo lo ancho del mundo, por debajo de la mesa donde diariamente ella le servía la comida, en los barrotes verticales como cárcel de su cama de hierro, danzan diablos azules y rojizos como exhalaciones de niebla y nunca pensé que un día podíamos llegar a este extremo en que te escriba o te diga que ya no puedo más, que la paciencia de todos estos años se acabó y que nunca, nunca, nunca, tres veces nunca, repetidas unas tras otras, pensé que todo iba a terminar de esta manera y la vio de pie, en medio de la habitación y los diablos azules, con la mirada perdida en mi cuerpo, en mis ojos que no tienen mirada sino para los diablos azules que se disfrazan y se arman con miles de rostros conocidos y desconocidos para hacerme temblar de miedo, para hacerme sentir solo, tan solo que pienso que no te encuentras allí, donde te encuentras y donde me hablas o me escribes y puedo escuchar el correr del bolígrafo sobre el papel y no me explico por qué los diablos no te hacen nada, pasan a tu lado sin rozarte, sin tocarte, sin contaminarte, y tú sigues tan pura, tierna, invisible y visible, como cuando nos amábamos, una vez ya muy lejana, tan distante que aparece distorsionada en el recuerdo y ya no sé si en realidad nos amamos o si nunca nos amamos y si sólo vivimos un espejismo que se repite a cada instante y revive diferente hasta causar la duda y convertirse en una mentira más a la que me estoy acostumbrando desde cuando vinieron a alojarse aquí todos los diablos azules que ha creado el mundo...
Me voy le dijo a su madre a comprar unos cohetecillos en Mesa Redonda para revenderlos y hacernos un sencillo para la navidad el año nuevo y la madre le dio cien soles y a las pocas horas todas las televisoras del mundo dibujaban las llamas de millones de fuegos artificiales en todo el barrio y la madre solo atinó a pensar mi hijo mi hijo está allá metido entre ese enorme fuego que estalla y no cesa de estallar pero él se iba lejos con los cien soles de la madre junto a ti en un asiento de autobús porque íbamos a amarnos lejos donde tú querías que nos amáramos y estuvimos lejos mientras la madre no encontraba sus restos ni sus hermanos encontraban sus restos para darles cristiana sepultura y se resignaron ocho días después a encender unas velas en una mesa donde doblaron la poca ropa limpia que tenías un pantalón desteñido y hecho hilachas en los bordes de los bolsillos y te lloraron y rezaron por ti mucho esa noche y tu madre lloraba mucho todas las noches recordando la horrible muerte que habías tenido en medio de los fuegos artificiales de todos los colores por el único afán de tener un sencillo para la navidad y el año nuevo y poder comprar unos regalitos baratos para los chicos de mis hermanas pero su forma de amar se renovaba cada vez en nuestras propias desnudeces en nuestras bocas que nunca se cansaban de besarse y estábamos lejos a mil kilómetros al norte adonde nos había dado la gana de irnos para amarnos aunque igual hubieras podido amarla en el vecindario donde vivía porque total ni su madre ni sus hermanos y hermanos se oponían a esa relación decían que ella era buena y podría ser la mujer adecuada para que formaras el hogar que nunca formarías porque estabas muerto entre los muertos de la gigantesca llamarada de Mesa Redonda donde algunos dicen juran que te vieron comprando cohetecillos en cantidad para revenderlo a las tiendas de tu barrio y te vieron correr para escapar del fuego pero que el fuego te alcanzó porque lo rodeaba todo y se trasladaba de casa en casa y de calle en calle para encerrar a los muertos que nunca fueron identificados y quedaron para siempre sin nombre y sin restos reducidos a solo un recuerdo en las mentes de las madres y los hermanos que escuchaban cómo habías muerto de manera tan atroz.
Lo más triste y espeluznante fue que a los cuarenticinco días de tu muerte, un poco más flaco de lo que te fuiste, apareciste en la puerta de tu casa y fue tu propia madre la que salió a abrirte y creyó encontrarse ante un fantasma, un resucitado y eso parecía en verdad porque estaba más flaco que cuando se fue aquella tarde de fines del año de la explosión y no sabía si llorar o cantar de felicidad al verte, hecho de carne y hueso, pero lo que nunca supo tu madre o quizá lo supo en silencio, fue que regresaste porque no tenías ningún lugar en el mundo adonde ir y entonces tus pies te llevaron hacia la casa donde vivías con tus hermanos y un día, mucho después de tu resurrección, descubrieron que estabas enfermo y que la delgadez no era solo porque habías padecido hambres fuera del hogar como siempre se padece cuando uno está fuera de su casa, sino porque la enfermedad te corroía por dentro, un médico de la posta dijo leucemia, y otro médico dijo cirrosis pero los diablos azules te corroían los ojos y la única forma de aplacarlos era metiéndote una botella de aquel trago que solías tomar con los palomillas del barrio y entonces el cielo gris aparecía azul y las luces de los focos aparecían como estrellas del fondo del universo que sólo conocemos en las películas que daba la televisión y que de cuando en cuando encontrábamos en las fotos de los periódicos y la madre y tus hermanas alguien lo ha contagiado para que se ponga así tan de repente y la cama estaba rodeada de diablos azules y frascos de medicina y restos de ampolletas hasta cuando les dijiste déjenme morir porque ya sé que no tengo remedio y vino tu tío Pedro y te miró a los ojos y lo primero que dijo fue sólo se mueren los cojudos, los que no tienen voluntad de vivir, pero si te quieres morir te voy a ayudar y te ayudaron los muchachos del barrio, los antiguos condiscípulos del colegio, las amigas de tus hermanas y los compañeros de trabajo de tus hermanos, hicieron cuotas y hasta organizaron una pollada sin música porque no se puede bailar en una fiesta destinada a recoger fondos para enterrar a un difunto que esta vez sí, por segunda vez, va a morir en unos cuantos días y en serio, a pesar de todas las explicaciones que dieron la madre, las hermanas y los hermanos sobre el viaje de amor que lo salvó de la primera muerte y cuando muchos se negaban a convencerse de que habían asistido durante una noche y un día al velorio de alguien que estaba vivo.
Pero al fin se convencieron de tanto verlo nuevamente por las calles del barrio dedicado a sus botellas para aplacar la enorme sed que le había dejado la hembra que se fue, que desapareció un día y lo dejó esperando en su cuartito de aquel conventillo de la ciudad desconocida adonde los llevaron los cien soles de la madre, y recuerda en medio de los diablos azules que sólo le dijo voy al mercadito de la esquina, ya vuelvo y él esperó hasta la noche que volviera y esperó hasta la otra madrugada que volviera y entonces salió a comprar un trago fuerte para disimular la espera y entonces la vio de regreso en medio de los diablos azules, le reprochaba que la dejara abandonada mientras se iba a la calle a emborracharse con los nuevos amigos del conventillo y pronunció las palabras definitivas y malditas ya no te puedo soportar más pero esa noche y el día siguiente todo siguió igual, los dos desnudos en la cama, prometiéndose amarse hasta la muerte hasta esa vez, dos o tres días más tarde, en que ella salió al mercadito y él se quedó solo con sus diablos azules y la esperó hasta cuando le dijeron que él también tenía que irse porque ya no lo iban a soportar más y no quiso darse cuenta durante mucho tiempo de que todo había terminado y entonces decidió armarse de botellas y emprender el camino de regreso a la casa, como un resucitado a contar la verdad de su primera muerte y a desmentir a todos los noticieros y a todos los periódicos que la habían dado por cierta y habían informado de ella en todos los colores y hoy, frente al tío Pedro, limpio de diablos azules, le cuenta, le confiesa y se arrepiente y sabe que va a morir porque todo el mundo le dice que debe morir y el tío Pedro bien, bien, si así lo deseas procuraré que tu entierro esta vez sí, sea digno y sea verdadero porque en realidad, pienso, que ya no tienes nada que hacer en este mundo.
Y, en realidad, sintió que para él, a los veintiocho años de vida, ya todo estaba terminado, ya todo estaba hecho y deshecho, he hecho jirones de mi vida, su hermana le recordaba que se escapaba a la calle contra el permiso de la mamá que quería tenerlo cerca, más protegido que cualquiera, pero fugaba en cualquier momento y entonces sintió que todo era nuevamente luminoso como cuando sus pies entraban en la playa del río, vamos a buscar oro al río, le decían y se pasaban horas enteras en el cernido de toneladas de arena con la esperanza de lograr un granito de oro y hubo un periódico que publicó algo sobre los buscadores de oro del río que no sacan ni para el té, pero hablaba sobre sus ilusiones y sacrificios, sus técnicas del lavado de la arena que no sabía dónde las habían aprendido y de sus planes para cuando encontraran el oro que buscaban, del amor que tenían a su familia a la que querían sacar de aquel túnel de miseria en que se hallaba y que era el motivo de todas sus penas, sus vicios y desventuras y al final, frustrados y cansados se echaban entre las rocas de la orilla, se bañaban en las aguas turbias del río, regresaban hambrientos a sus casas y, por supuesto, la mamá se ponía a llorar o a hablar interminablemente reprochándole su ausencia mientras le servía la comida y él callado, sin atreverse a decir nada, sólo pensaba, solo respondía en pensamiento era para construirte una casa, mamá, para que tengamos una casa real en lugar de esta, era para que cambiáramos de barrio, para irnos adonde no hubiera miseria y con estos pensamientos en la memoria sintió ahora en su lecho de enfermo como decían sus hermanas que el templo enorme donde se encontraba estaba pleno de luz, libre de los diablos azules y que nada le dolía en el cuerpo ni nada le dolía en el fondo del corazón donde nada duele pero duele, porque comprendió entonces, que toda su vida, desde la búsqueda de oro en las sucias playas del Rímac, hasta su huida y muerte había sido una sucesión de fuegos artificiales donde los diablos azules danzaban hasta morir o hasta extinguirse en medio de su sed desesperada.



domingo, 28 de diciembre de 2008

Los uros del Titicaca quieren tranquilidad




Tienen electricidad, agua
potable y cuidan el ambiente
sin pedirle nada a nadie


Contaban los antiguos uros, el último de los cuales parece haber fallecido hace unos 60 años, que su raza no era la misma de los demás habitantes del Altiplano.
Mientras los demás tenían la sangre roja como todos los seres humanos, los uros, decía aquel hombre -a quien conocí no en Puno ni en sus islas flotantes, sino en Lima, hace buenos diez años-, que su sangre era negra porque eran hijos de la luna y no del sol como los demás.


Los uros ya no quieren vivir escondidos




Por eso quizá se sumieron en un aislamiento que durante décadas contribuyó a su progresiva extinción y ahora han salido a la luz del sol y reclaman respeto.
Hoy los uros han cambiado. Ya no son la raza escogida de sangre negra, quizá porque muchos de ellos han salido de las islas para estudiar la secundaria y la universidad y ya no creen en aquellas leyendas.
Los uros de hoy luchan por elevar el estatus de su comunidad a niveles que les permitan vivir con comodidad pero de acuerdo con sus costumbres sin renunciar a sus tradiciones ni lengua y adaptar el desarrollo de la sociedad actual a sus necesidades en medio del lago Titicaca.

Electricidad solar

Por eso es que ahora tienen electricidad producida por paneles solares, agua en tanques elevados y un sistema de eliminación de desechos que ya los quisieran en otras sociedades.


Alcalde Julio Vilca quiere respeto para su comunidad




El alcalde Julio Vilca Lujano, del Centro Poblado Turístico Chulluni, gobierna sobre más de 50 islas artificiales, creadas con sus propias manos que tejieron una superficie de totora de dos metros de espesor sobre la cual han construido sus casas, sus escuelas, su juzgado de paz y sus dependencias municipales.
“Tenemos cinco escuelas fiscales en Uros Toranipata, en Uros Tribeno, en Capi Cruz Grande, en Capitos Uros y otra en Chulluni, aparte de una sexta escuela privada adventista”, dijo el burgomaestre en una entrevista que le hice en Puno, adonde lo llaman con mucha frecuencia sus obligaciones ediles.


Los niños uros tienen seis escuelas en sus islas




Tres maestros uros se ocupan de la primera educación de unos 250 estudiantes.
El brgomaestre Vilca se congratula de que “ya no vivimos como antes”.
Gracias a que numerosas familias uros tienen electricidad, al caer la noche pueden verse desde las orillas cómo se encienden las luces en las islas, en medio del lago y forman una suerte de luminosa alfombra mágica en medio de las sombras.


Tanque de agua que, dicen, les da mejor agua que en la ciudad




“Tenemos también agua purificada con un proceso de ozono que nos permite beber mejor agua que en Puno y servicios higiénicos ecológicos, que no contaminan ni las islas, ni el lago ni el aire”, agrega con satisfacción.
Vilca Lujano señala que los uros no tienen por qué vivir en la pobreza y que, contradictoriamente, el Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena), es el organismo oficial que les provoca problemas allí donde no debieran existir.


Tienen más de 11 mil hectáreas de totorales




“Intentaron (los funcionarios de Inrena y la policía ecológica), cobrarnos 0.008 de sol por cada tallo de totora que sacáramos del lago, como si eso no fuera patrimonio de los uros desde la antigüedad, porque nuestros antepasados sembraron y cultivaron la totora”, declaró y añadió que alrededor de las islas hay 11 383 hectáreas de totorales.
“Los guardaparques también nos quitaban el pescado con que nos alimentamos”, denuncia.

800 turistas por día


Las islas flotantes reciben entre 800 y 900 turistas por día. La gente de las islas los atiende, les ofrece artesanía, alimentos, alojamiento en un hotel donde se puede pasar la noche cómodamente sobre el lago, un suelo que parece hundirse a cada paso pero que es muy firme y sobre todo, flotará aunque una tormenta del lago arranque las raíces que la anclan al fondo y la convierta en un barco a la deriva.

Modernas embarcaciones llevan y traen turistas




Los visitantes llegan hasta el embarcadero del puerto de la bahía de Puno en grupos numerosos. Cada moderna lancha con motor fuera de borda, de las aproximadamente 200 que hacen el servicio entre la orilla y las islas, en un viaje de unos 45 minutos, puede transportar unos 35 pasajeros por un precio módico.
El alcalde dice que las islas comenzaron a formarse alrededor de 1950 porque antes “he visto que la gente vivía en sus balsas, se alimentaba de lo que recogía del lago, tallos tiernos de totora, pescado o aves”.
Habla de la formación de la nación uro, “así como los quechuas y aimaras tienen sus naciones”.
“Nosotros éramos antes los únicos pobladores del lago. Vivíamos solos y ninguna autoridad venía a reclamarnos impuestos por sacar varas de totora para las balsas ni para las casas”, recuerda.
Afirma que las islas están rodeadas de 11,383 hectáreas de totorales y que cuando les quisieron cobrar por cada vara de totora, hicieron una bulliciosa pero pacífica demostración de protesta en pleno centro de Puno.
“Nosotros queremos que se reconozca a la población uro como comunidad campesina”, reclama el alcalde.

El nuevo juzgado


Del mismo criterio es el flamante juez de paz, un joven estudiante universitario de turismo, Carlos Lujano Charca, quien ha establecido su despacho en Chulluni, la isla más cercana al puerto.

Despacho del juez de paz por estrenar




En esa isla viven dos familias, que disfrutan de electricidad gracias a un panel solar, tienen agua potabilizada que llega desde un tanque elevado y un sistema de eliminación de residuos que los libera del riesgo de la contaminación.

Esperan que un criadero experimental de truchas dé resultados




En Chulluni hay, además, un criadero de truchas a las que alimentan con productos naturales “y por tanto son muy sabrosas y sanas” y se experimenta con pequeños sembríos sobre tierra traída de la orilla.
“La totora ha demostrado que puede ser buena base para establecer chacras y sembrar papas”, dijo el juez.

Los paneles solares han iluminado las negras noches del lago




Se le pregunta sobre cómo consiguieron sus paneles solares:
“Todo nos cuesta nuestro dinero. Nos juntamos dos familias que aportaron 750 dólares para comprar la instalación. Así podemos tener luz para tres focos, un radio y un televisor”, se regocija, porque han podido progresar gracias a que explotan el negocio del turismo y no tienen necesidad de reclamar ayuda del Estado.


Joven juez de paz de Chulluni, Carlos Lujano Charca




Lujano Charca extenderá su jurisdicción sobre los habitantes de las islas artificiales y sobre las comunidades uros que viven en las riberas de la bahía de Puno.
Como el alcalde, el juez también piensa que lo mejor que pueden hacer Inrena y la policía ecológica, es dejarlos tranquilos porque ellos cuidan mejor su ambiente y lo están demostrando.





lunes, 22 de diciembre de 2008

Cuatro frescas (XIX)

No hay zapatazo mal dado sino mal entendido. (Obama).

Tanto va el cántaro al agua que se convierte en zapatazo. (Muntadar al-Zeidi)

Un zapatazo cualquiera da en la vida y no hay cuerpo que lo resista. (Bush).

El que esté libre de pecado que arroje el primer zapato. (Nuri al-Maliki).

domingo, 21 de diciembre de 2008

Taller del Periodista (II)


(También para los que no lo son)

Esta es el segundo taller si así lo quieres denominar, que llevará consejos, recomendaciones o lo que quiera llamarse, en torno a los vicios, gaffes o errores más saltantes en que incurren no solo los periodistas –que según la doctora Martha Hildebrandt, mal utilizan cotidianamente la preciosa herramienta que es el lenguaje– sino encumbrados personajes de la política, la cultura, el arte, la literatura.

Nuestra colega Rosa María Palacios conductora de su muy difundido espacio nocturno Prensa Libre dice habitualmente “cerca a…” cuando debe decir cerca de... y la reportera del mismo programa Isabel Renjifo incurrió en el mismo error, pero se lanzó un salvavidas cuando repitió indistintamente esa frase y luego informaba “cerca de…”.

Parece que en todo caso, existe duda, pero aquí no valen dudas ni murmuraciones y mejor es estar seguro y para que lo esté el lector de este Taller, le envío un mensaje de acuerdo con las ordenanzas de la Real Academia Española y de su Diccionario, que son las que nos guían.
Hasta la máquina en que escribo estas líneas me corrige de oficio y me pone cerca de en lugar de cerca a cuando escribo la frase para graficar el error que muchos periodistas, políticos, profesores y quienes no lo son, insisten en implantar en nuestro lenguaje común.
Hay que precisar que cerca a, es una conjugación del verbo cercar, es decir, la policía cerca a una guarida de ladrones, el batallón rojo cerca (en este momento) a un pelotón azul, lo que NO ES IGUAL a la policía está cerca de una guarida de ladrones ni al batallón rojo está cerca de un pelotón azul.

Insisto: Cuando se dice cerca a en lugar de cerca de, se está hablando de una forma del verbo cercar.

Dice el diccionario:
Cercar: Rodear o circunvalar un sitio con un vallado, una tapia o un muro, de suerte que quede cerrado, resguardado y separado de otros.
Poner cerco o sitio a una plaza, ciudad o fortaleza.
Rodear a alguien o algo.

También es sustantivo: Se construyó el cerco de la ciudad.
Se levantó un cerco o una cerca en la plaza.

Cerca (del latín circa)

Proximidad.

Objetos situados en el primer término de un cuadro. La imagen estaba cerca del ángulo inferior izquierdo.
Ponte cerca de mí. Vive cerca de la escuela.
Se usa, asimismo, para designar la residencia de un embajador o funcionario en determinada corte extranjera. Es el Embajador cerca de la Santa Sede. Fue nombrado funcionario cerca de Su Majestad Católica.
Pero esta última forma está en franco desuso y no es el caso verla ahora.
También puede ser complemento de cantidad, casi. Murieron cerca de dos mil hombres.

Hasta el próximo Taller.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Agenda presidencial de diciembre



Cualquier semejanza con las actividades
de cualquier presidente, real o imaginario,
no pasa de ser simple coincidencia.

- Armar una teletón para que los niños con alguna discapacitación tengan una clínica donde hacerse curar. Hacer la actividad en el propio palacio de gobierno un día domingo y rifar al presidente para un baile con una animadora de televisión que debe venir vestida con plumas y lentejuelas.

Visión de Carlin en La República




- Vender el terreno del Pentagonito antes que se den cuenta. Y si se dan cuenta, dar marcha atrás sobre el pucho y dejar al gato gordo que dé las explicaciones de lo inexplicable y señalar que se quiere el bien general y no solo de unos cuantos ni que los terrenos iban a venderse subvaluados para levantar bloques de edificios en una de las pocas áreas verdes que le quedan a la ciudad.

- Poner en venta el terreno del Aero Club de Collique, también antes de que se den cuenta para levantar allí un complejo habitacional para 22 mil familias. Si se dan cuenta y señalan que una erogación pública compró ese terreno con el fin exclusivo de una escuela de aviación civil, dejar que el ministro de Vivienda dé las explicaciones necesarias y recular a tiempo. Después de todo lo mismo se quiso hacer con un enorme edificio azul en desuso del crucero Tacna-Emancipación hasta que el dueño apareció y dijo que dicho inmueble estaba en litigio judicial.

- Dar la ley para que los mototaxistas solo adquieran brevetes si acreditan quinto de secundaria. El próximo dispositivo reclamará que tengan título universitario si quieren vivir de una mototaxi. Dar marcha atrás si las cosas se ponen incontrolables y encomendar al ministro del Interior que haga frente a las requintadas de rigor que emitirán los afectados.

- Meter la cuchara en la Costa Verde y levantar los ánimos de los alcaldes involucrados hasta que se dé cuenta Lucho Castañeda y si reclama, poner el carro en retroceso y decir que solo se trató de entregar una colaboración para que ese litoral quede más bonito.

- Ir al distrito del Rímac para inaugurar una avenida asfaltada y hacer un llamado a los intelectuales y periodistas para que vayan a disfrutar de la hermoso que es el Cerro San Cristóbal, y hagan festivales los unos e informen los otros sobre tanta belleza. Si al llegar los cuadran y les roban todo lo que llevan encima, me avisan… para no ir.

- Promulgar la ley para que sigan llegando a la ZofraTacna y Ceticos hasta el 2010 vehículos chatarra con timón a la derecha “que no requieren para su ingreso cumplir con los requisitos de antigüedad y recorrido establecidos” y disponer su reconversión para no quitarle el trabajo a 900 comerciantes en detrimento de 28 millones de peruanos que están expuestos a accidentes y dejar que el buen Brack, que ahora está ausente, explique luego cómo dicha chatarra no contamina el ambiente de las ciudades adonde vaya a parar.

- Decirle a Nava y a Chirito que preparen una agenda igual para enero.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cuatro frescas (XVIII)

No hay que sacar plumas de la urraca caída. (Bogacaín).

Más que cargamento esa cocaína mezclada con guano resultó un verdadero cagamento. (Cartel de Huamancaca).

Estoy en cana por las reuniones con Canaán. (Ratón Alegría).

Los delitos se destiñen con el tiempo y se vuelven primero escándalos y luego escandaletes. (Chirito).


jueves, 11 de diciembre de 2008

El Alanacho, señal de que andamos mal



El presidente de todos
los peruanos arremetió
contra los “pitucos”


Era proverbial en la antigüedad clásica que los gobernantes que conquistaban rechiflas en Acho, ya podían dar por terminada su popularidad y pensar más bien en el declive.
El alanacho –vocablo inventado a partir de los botellazos del domingo 7– puede haber sido un incidente empatado por quienes lo aplaudieron desde la portátil de la ministra Vílchez, que así lo dicen las crónicas escritas con ese motivo, y quienes le arrojaron botellas y bolsas de agua, irónicamente donadas por Sedapal para aplacar la sed y el calor de los asistentes.

En Acho junto a la portátil Vílchez



Si se recuerda que los pitos o palmas de Acho son considerados un termómetro político y que muchos presidentes concurrieron a las corridas de ese coso o foro, para saber qué pensaba la gente de sus respectivos gobiernos, hay que detenerse a pensar en por qué fue Alan allí a tentar el difícil toro de la opinión.
Como usted puede comprobarlo, Alan cultiva un fino cálculo político, y por eso se asomó por allá cuando ya las corridas habían concluido y solo se trataba de un acto ajeno a la fiesta.
Sin embargo…
Esa alusión a las ratas, ratones y otras hierbas surgidas en su gobierno y presuntamente entre sus colaboradores del presente y del pasado, ha sido un verdadero honorario de éxito para los opositores del régimen que no son pocos.
Aquello de desearles la muerte a las ratas, ratones y otros hierbajos, no le debe haber caído nada bien a su amigo y vecino, el Cardenal, quien doctrinariamente no le desea a nadie que Dios se lo recoja de este mundo, sino debidamente confesado.
El periodista César Hildebrandt se inspiró en las frases presidenciales para aventar a los cuatro vientos una presunta desestabilidad mental del gobernante y recordar que como abogado de profesión, no ejerció sino una vez para defender a un narcotraficante vinculado a Perciles Sánchez Paredes, quien fuera arrancado de este mundo en un aparente ajuste de cuentas.
El indiscriminado anhelo de Alan, que significa de paso, la reiteración de algo parecido a su reacción cuando se descubrió el caso del ratón Rómulo, debe haber escarapelado el puerco a muchos colaboradores de dentro y fuera de Alfonso Ugarte y, probablemente allí radique el efecto ejemplarizador de la perorrata de Acho.
Pero el caso es que el discurso tuvo todos los ingredientes de un disparo al pie, como lo han dicho ya algunos analistas, porque aparte de los insultos que ya están siendo una característica de sus habituales verborreas, sus palabras tuvieron no solo un tufillo sino un turrón racista contra “pitucos metidos a izquierdistas” y una bendición a los “hombres de color cobrizo”.

No solo las ratas le caen mal, también los "pitucos"




¿No decía ser el presidente de todos los peruanos?
Lo que tampoco se le puede permitir es que intente, como antes de él lo hicieron algunos dictadores, decirle al oído al Poder Judicial que libere a una mujer que se encuentra sentenciada y cuya sentencia se halla en apelación. Y eso debiera saberlo el defensor magalinesco si tiene grado de abogado.
Eso no, Alan. Eso es intento de intervención en un Poder del Estado tan soberano y autónomo como el Ejecutivo y el Legislativo.
Todo esto nos debe poner en guardia para la próxima pataleta, ¿o no?

sábado, 29 de noviembre de 2008

El Paseo Mercaderes de Arequipa



Sus cuatro cuadras están llenas
de historia dramática y sabrosa



Por decisión de la Municipalidad de Arequipa, bajo la batuta del periodista y profesor universitario Simón Balbuena Marroquín, la vieja calle Mercaderes de Arequipa se convertirá en un bulevar, y así lo ha dicho, que será el primero en el centro de la Blanca Ciudad..

Con el respeto que me inspira su alta investidura, parece que la mano se le fue al burgomaestre porque bulevar, así, en español derivado de francés boulevard, es una “calle generalmente ancha y con árboles”, de acuerdo con una primera acepción del Diccionario de la Lengua Española, supervisado por la Real Academia de la Lengua y, de acuerdo con una segunda, es un “paseo central arbolado de una avenida o calle ancha”.


Alcalde Simón Balbuena Marroquín







Que se sepa la calle Mercaderes no es ni extraordinariamente ancha ni tiene árboles en sus zonas central ni lateral. Por todo lo cual urge, una reconsideración de la denominación y llamarla sencilla y adecuadamente paseo peatonal, que es lo que parece querer la comuna.

Por lo demás, la calle Mercaderes es dueña de una rica historia.

En la batalla del 50

Al principio de su primera cuadra, si usted me permite recordar la historia relativamente reciente, estuvo el edificio de La Rinascente, venta de telas y otros objetos buscados por la sociedad femenina de principios y mitad del siglo pasado. Desde uno de los pisos altos, un francotirador provisto de una ametralladora ZB-30 mantuvo a raya durante casi dos días, a una unidad del Ejército Peruano, empeñado en sofocar a sangre y fuego la rebelión de junio de 1950.

En La Pontezuela arranca la calle Mercaderes





En esa misma cuadra se encontraban los grandes almacenes y joyerías de aquella época que hicieron de esa parte de Mercaderes la más concurrida y cara de la ciudad, entre ellas, aparte de La Rinascente, la peletería Alaska, donde las bellas damas de la ciudad podían encontrar todo lo que podría abrigar su piel con elegancia y distinción, .

La segunda cuadra también tiene buena historia. Desde uno de los muros en construcción del que es hoy el Banco Internacional, hablaron los líderes de la Democracia Cristiana, Javier de Belaunde Ruiz de Somocurcio y Mario Polar Ugarteche, en diciembre de 1955 durante una manifestación de la Coalición Nacional, fundada por el industrial Pedro Roselló, con el fin de combatir a la dictadura de Manuel Odría.

Esa fecha constituyó, dijo el doctor Javier de Belaunde, el comienzo del fin de la dictadura, porque renunció el sanguinario ministro de Gobierno (hoy Interior), Alejandro Esparza Zañartu.

En esa misma segunda cuadra se encontraba y se encuentra el Teatro Municipal, que es remodelado actualmente para servir de centro cultural y que en los años 50s fue escenario de aquella gesta pues la policía de entonces lanzó bombas de gases lacrimógenas sobre la platea llena de gente y causó no pocos heridos y asfixiados que fueron la raíz de protestas masivas que concluyeron con la renuncia Esparza.

Frente al Teatro Municipal se encontraba La Comercial, un negocio del alemán y arequipeño por adopción, Ulrich Neisser, cuyo don de gentes, amor a Arequipa y aguda inteligencia lo llevaron a la alcaldía de la ciudad en los años 60s. En La Comercial, trabajaba como jefe de prensa el actual director del diario El Pueblo, el periodista Carlos Meneses Cornejo.

Por lo demás, fue uno de los pocos establecimientos de Arequipa, que vendía instrumentos musicales, muchos de ellos proporcionados por el periodista Víctor Salas Bartra, entonces aduanero e importador de instrumentos fabricados en el Japón. En La Comercial se vendían también discos de música de los grandes compositores, a precios tan bajos que nos permitían su adquisición cada quincena a pesar del bajo sueldo de que disfrutábamos.

¿Para qué llamarla pomposa y erróneamente bulevar?




Pionera de la vida nocturna

A principios de esa segunda cuadra se encontraba en un segundo piso, la famosa Boite La Negra, así llamada con todas sus letras, de propiedad de los señores Concha Fernández, también pioneros en ofrecer a la ciudad los primeros atisbos de una vida nocturna que heredan y explotan los cientos de locales de las actuales calles San Francisco, Zela, Ugarte, Santa Catalina y aledaños.

En la tercera cuadra, si usted me permite continuar, estaba el local del diario El Pueblo, hasta que el terremoto de enero de 1960 estremeció y resquebrajó sus viejas estructuras en tal medida que hubo de buscarse el actual local de Sucre.
Del estado de aquel inmueble, decía su entonces jefe de redacción, el recordado Juan José Barriga Gonzales, que las bóvedas no se caían solo porque aún las mantenían pegadas las telarañas del techo.

Frente al local del diario se encontraba una sucursal de la Caja de Depósitos y Consignaciones, que daría origen al Banco de la Nación y al lado de ella, la sanguchería de don Enrique Fuse, un japonés que llenaba de aroma de comida toda la cuadra.

Allí íbamos los bisoños periodistas de aquella época a comer sánguches de lechón, pavo o salchichas, regados con Kola Escocesa y en algunas especiales ocasiones, don Enrique, con quien hicimos una gran amistad, nos preparaba un plato que llamó “sukiyaki”, consistente en trozos de pierna de cerdo cebolla y rodajas de rocoto, rociadas con vinagre y sillau, recocidas en un baño de vapor, que era realmente un bocado sensacional para el hambre que nos atacaba a golpe de una o dos de la tarde.

En la tercera cuadra de aquel Mercaderes que yo conocí, se encontraba el Club Tarapacá, que concurrí en mi tierna infancia porque mi tío Goyo Zevallos, tenía la administración. En el Tarapacá, en el segundo piso de una enorme casa de la acera izquierda, se realizaban grandes bailes de carnaval.

Frente a ese local, que me parece hoy ocupado por una academia, se encuentra el Banco Wiese que es escenario con renovada frecuencia, de exposiciones de pintura, presentaciones de libros y otros acontecimientos culturales a algunos de los cuales, he podido asistir, durante algunas de mis cortas estadas en la Ciudad Blanca de los últimos años.

Por esa misma cuadra pasaba el tranvçia eléctrico que se dirigía a Miraflores. Su paradero original estaba en el mercado de San Camilo, subía por Perú, torcía en Mercaderes y luego tomaba Colón, la plaza España, la calle San Pedro, seguía por San Antonio, Misti y concluía su recorrido en Miraflores.

Por supuesto, esta no es la única historia de la calle Mercaderes. Algunos de ustedes deben conocer más sobre los establecimientos y personajes que se movieron en esas cuatro cuadras, sólo cuatro porque a continuación comienza, más allá de la calle Pizarro, la calle Octavio Muñoz Nájar. Por eso, se recibe toda clase de recuerdos o memorias que contribuyan a enriquecer la historia de lo que Balbuena quiere pomposamente llamar bulevar Mercaderes, sin serlo.

Bulevar puede llamarse con propiedad al bulevar Parra, donde nació y vivió sus primeros días de vida el laureado Mario Vargas Llosa.

Si se llama a Mercaderes paseo peatonal Mercaderes, no va a perder su importancia, ni su historia ni la gente se va a sentir agraviada por no tener, como ha dicho con conejil sonrisa el burgomaestre “el primer bulevar del centro de Arequipa”.

He dicho.




sábado, 22 de noviembre de 2008

El añuje, la ardilla y la castaña



Una inversión para los nietos que no
debe convertirse en madera efímera

Cuentan los viejos castañeros de Madre de Dios, algunos asentados en Alegría, otros en El Infierno, en Progreso y otras decenas de pueblos, caseríos de la selva del sur del Perú, que son los añujes y no las ardillas, los que favorecen el nacimiento, crecimiento, florecimiento y producción de los castaños.

El floreciente castaño se yergue por encima del nivel de la selva

La historia, si se la puede llamar así, comienza cuando el castaño deja caer a tierra su fruto, un paquete de más de medio kilo de peso o coco maduro. Algunos de estos son recolectados por los castañeros que la procesan como alimento o insumo industrial, pero esa es otra parte del cuento.
Entonces el añuje que siempre se da sus vueltas alrededor de los castaños que juzga están a punto de soltar sus frutos, encuentra el coco y a fuerza de dientes destruye la dura capa que protege las semiillas y como quien guarda pan pa’ mayo las entierra en cualquier lugar que juzga conveniente para volver cuando las papas escaseen.
El añuje hace todos los entierros que puede en cuanto lugar adecuado encuentra y piensa que nadie lo ha visto y que su tesoro está verdaderamente protegido por la naturaleza exuberante que lo rodea.

Un castaño contra crepúsculo muere de pie




Es entonces cuando entra en acción la ardilla, la que, probablemente ha seguido los movimientos del añuje desde algunos días u horas y vigilado sus movimientos de animal previsor. La ardilla no está dispuesta a que el tesoro de las nueces que el añuje ha enterrado se queden allí, En cuanto el añuje se ha ido, baja del árbol que la cobija y desentierra el fruto que le servirá a ella y a los suyos de alimento.

Añuje sin mapa
Mientras tanto el añuje, que no ha tenido la precaución de hacer un mapa de los lugares donde ha enterrados su tesoros, ha olvidado algunos y jamás volverá hacia ellos.
Entonces puede ocurrir una de tres cosas: que la ardilla ladrona desentierre el fruto y se lo lleve, con lo cual priva a la economía peruana de una posibilidad de desarrollo, que la semilla sea recordada por el añuje quien la descubrirá y desenterrará para que sirva de alimento, o en tercer lugar, que quede olvidada hasta cuando las lluvias y el tiempo la hagan germinar.
Eleuterio Añí Sunción, experimentado recolector de castañas de la comunidad de Monterrey en Iberia, distrito de Las Piedras, departamento de Madre de Dios, con 15 años dedicado a la recolección, quien acaba de llegar del monte, dice que aparte de aquellas posibilidades hay otras que, como un juego de azar, pueden privar al hombre de la exquisitez de la castaña.
Si el árbol crece sin problemas hasta alcanzar la edad de 45 o 50 años, producirá los frutos que él y otros cientos de castañeros de la región esperan para mantener su economía hogareña. Pero es posible que el arbolito en sus tiernos años, sufra accidentes. Puede ser pasto de algunos animales, o ser cortado por hombres que ignoran su valor o simplemente morir por causas naturales antes de ponerse lo suficientemente fuerte para producir sus frutos.
Si este árbol, que pertenece a la familia de las fagáceas, alcanza la plena madurez y da sus frutos, las castañas correrán por el mundo para darle mejor sabor al chocolate y para otros usos.
La castaña es calificada por los expertos como un “fruto muy nutritivo y sabroso, cubierto por una cáscara gruesa de color pardo oscuro”.
El coco que la contiene y que el árbol suelta tan repentinamente que los recolectores deben cuidarse de que les caiga en la cabeza para no sufrir un traumatismo, es de tal tamaño que solo cabe cómodamente en las dos manos del recolector.
Añí, respetuoso de las disposiciones existentes, dice que la recolección solo debe realizarse alrededor de los árboles que tengan un tronco de entre dos y dos metros cincuenta de diámetro y cuya estatura no sea menor a cinco metros desde el suelo hasta donde comienza la copa.

Eleuterio Añí, trabaja ante la curiosidad de sus hijos por los visitantes




Con una herramienta especial, despojan al fruto de su cáscara y lo acumulan en unidades de medidas que llaman barricas. Una barrica, equivalente a un barril lleno de castañas, se vende a 40 o 50 soles, con lo cual las empresas que las adquieran y cuyos representantes en la zona proclaman en grandes letreros “Se compra castaña a buen precio”, harán buenas utilidades luego de venderla a las fábricas de chocolates u otras industrias interesadas o las exportarán con los mismos fines.

Que no sea madera
En los últimos tiempos, ha aparecido el fenómeno de los taladores de castaños que buscan su madera porque es fuerte y es finísima, adecuada para pisos de lujo y muebles de exportación.



Con quizá cien años de existencia un castaño muestra su esqueleto




Han surgido, asimismo, quienes privan a los castaños de sus fuentes de alimentación, la humedad adecuada y desbrozan o queman sus zonas adyacentes, con lo cual, al poco tiempo, es doloroso verlos como enormes esqueletos blancos exhibiendo sus brazos espectrales entre el verdor de la selva.
Perú. Brasil y Bolivia que comparten esa parte de la selva amazónica, son los privilegiados por la producción de la castaña. Pero deben tener mucho cuidado y prohibir la extracción ilegal de madera que tala los castaños, sin tener en cuenta que tardan en dar frutos entre 30 años y medio siglo.
Bien dicen los castañeros y los economistas de Puerto Maldonado que “la inversión en castaña no es para hoy sino para los nietos”, lo que no significa que haya que renunciar a hacerla.
Las condiciones del clima, del terreno y de la fauna en la selva de Manu, Madre de Dios y las zonas vecinas cercanas de Brasil y Bolivia, favorece a estos tres países en la producción casi exclusiva de castaña de características tan especiales que la han hecho famosa a nivel mundial.
En Madre de Dios, -y me imagino que también en los otros dos países- se fabrican artesanalmente dulces cuyo principal ingrediente es la castaña, que se vende en forma natural, porque así se puede comer como una nuez cualquiera.
Vale la pena soñar –bonita frase, ¿verdad? robada de un programa de televisión- con que en el futuro, nadie corte un árbol de castaña y todos dejen como en gran parte aún ahora, que añuje, ardilla y semilla sigan manejados por la naturaleza para bien de quienes utilizan la castaña como fuente de alimentación y de bienestar que se alarguen muchos años hacia en el porvenir.
www.podestaprensa.com

martes, 11 de noviembre de 2008

Cuatro frescas (XVII)



Ahora la Casa Blanca va a parecer un paisaje… con un presidente de color. (Melcochita).

Cuadré a Mega TV de Miami porque no me ponía mi calentador. (Gayly).

Aparte de cuatro estrellas nosotros tenemos millones de galones… de gasolina. (Gasolinero Don Aires).

Cuando hay bronca en el chiquero, se produce una pelea puerco a puerco. (Gordo Gonzales)

viernes, 7 de noviembre de 2008

La discriminación de la camionera


Propongo las palabras chofera y marida
para el diccionario de la Lengua

No hace mucho, un noticiero español informaba sobre la denuncia de una mujer por discriminación a una empresa que no la quiso contratar como camionera. El gerente de la empresa había dicho simplemente: “Nosotros no contratamos mujeres”.
Ella afirmaba que no solo tenía licencia para conducir grandes vehículos sino que tenía experiencia.
La palabra camionera se hizo buscar en el diccionario de la Real Academia y sí existe como femenino de camionero.
No existe sin embargo, la palabra chofera, femenino de chofer, que me permito sugerirla a los sabios de la Real Academia de la Lengua para que la incluyan en su próxima versión del Diccionario.
No es una palabra fea y resulta hasta bonita, al lado de otras como actora que sí existe para nombrar no a la actriz sino como acepción diferente que bien podría ser considerada término jurídico pues señala “actora” como derivada de actor o demandante o acusador.

Pero, bueno, cuando comencé a hablarle de la camionera no quería entrar en problemas gramaticales, sino en un asunto sociológico como el de la invasión de las mujeres en todas –todas– las actividades humanas, muchas de las cuales antes hubieran resultado no solo inadecuadas sino prohibitivas para el bello sexo.
Recuerdo que cuando hace más de 50 años comencé lo que se llama la carrera del periodismo, en la redacción solo había una chica, frente a veinte redactores, a quien calificaría como la pionera a la conquista del un lugar en una redacción de periódico. Se trataba de Marcela Barriga Quintanilla, hija de nuestro jefe de Redacción, quien actuaba como alguien que hoy tendrá la función de secretaria de redacción. De paso recogía todos los datos de “sociales” –fulana se casa, el hijo de zutano será bautizado, etc.– con los que llenaba parte de una página de tamaño estándar del diario El Pueblo de Arequipa.
Luego asomaría por allí Ana María Portugal, quien quería trabajar en la redacción pero más bien era una intelectual que más tarde se dedicaría a la poesía. También pasaría por allí Nazareth Marroquín Mostajo, quien no quería realmente estar atada a una redacción con obligaciones reporteriles sino hacer algo por su cuenta, como efectivamente lo hizo al fundar su revista “Mistiana”.
Mucho más tarde, no sé cuántos años más, apareció Cecilia Valenzuela, tan fugazmente que cuando nos volvimos a ver en Lima, en alguna actividad periodística, creíamos que no nos conocíamos. Y ahora, como usted sabe, dirige un aguerrido espacio periodístico en la televisión y una agencia de noticias en Internet.

La apertura del diario Correo de Arequipa con corrientes capitalinas en febrero de 1963 atraería a un pequeño grupo –aún pequeño– de muchachas estudiantes que querían meter la nariz en la máquina de escribir pero que no se atrevían demasiado a codearse con los que alguien llamaría curtidos reporteros, dueños de esquinas, calles, bares y cantinas, que no le temían a los asaltos y más bien eran respetados por los delincuentes a quienes conocían bien porque los veían al lado del mayor o comandante comisario en la hora de la “calificación” en las comisarías.
De esa década de Correo se puede recordar a Roxana Ximani, una hermosa boliviana de la que media redacción estaba enamorada, Martha Arrisueño, una flaquita de rostro angelical, que estudiaba en la universidad Católica.
Es decir, el número de mujeres en las redacciones era escaso, minoritario definitivamente.
Eso era antes.

Ahora hay una superpoblación de mujeres y es fácil comprobarlo en las conferencias de prensa, cuando rodean a algún jerarca político o cuando micrófono en mano compiten con el más avezado reportero policial para pelearle la declaración de un recién capturado delincuente.
En esas ocasiones por lo menos hay diez mujeres por cada hombre. Es posible comprobarlo esta noche en los informativos de la televisión.
Pero no quería hablar únicamente del periodismo sino de otras profesiones en las que las chicas no solo han metido la cuchara sino se han introducido de cuerpo entero y junto a él su sabiduría universitaria, su audacia basada en “no me pueden hacer nada porque soy mujer”, su habilidad para enfrentarse a cualquier situación en la que un colega masculino, las vería feas… a la situación me refiero, no a las colegas.

En Lima he visto taxistas femeninos que pilotean sus coches hasta altas horas de la noche y ellas me han inspirado para pedir a la Real Academia de la Lengua, que incluya la palabra chofera en su diccionario.
He visto además:
- mujeres soldadoras en fábricas.
- maquinista de imprentas grandes y pequeñas.
- conductora de tractores en una chacra del norte
- árbitra ya aceptada con todos los honores por la Academia como
una “persona que en algunas competiciones deportivas cuida de la aplicación del reglamento, persona que arbitra en un conflicto entre partes, y persona cuyo criterio se considera autoridad”.
- jinetes de caballos de carrera lo que abonaría para que se incluyera la palabra jineta en el Diccionario para referirse a ellas y no como lo considera hoy un poco como quien no quiere la cosa “quizá de jinete, porque en Andalucía así se llamaba eufemísticamente a los bandoleros”. Sí se registra la palabra yoquey o yoqui, derivación del inglés “jocquey”. Por lo cual será lícito sugerir una palabra para señalar a las que algunos han llamado yoquesas. Pero los sabios tienen la vela en este entierro.
Hay que tener en cuenta que el diccionario sí registra “amazona” como “Mujer que monta a caballo”
y también “Mujer de ánimo varonil”, por lo que podríamos llamar amazonas a todas las que nos hacen la competencia en la oficina o la calle.
- herrera, que golpea un hierro al rojo en un yunque.
- soldada del Ejército, como marinera (sí lo hay) de la Armada o avionera de la Fuerza Aérea.
- bombera vestida de rojo junto a los apagafuegos.
Y así hasta el infinito…

Bien, se me ocurre que también podría incluirse en el DRAE la palabra marida, femenino de marido, aplicable cuando ella es la que manda en la casa y trae el pan de cada día, lo cual no es nada raro hoy en día en ninguna sociedad.
En fin, en homenaje a la legión femenina que ha invadido todas las profesiones, oficios y espacios reservados al sexo masculino, enarbolo la bandera de la inclusión en el DRAE de palabras adecuadas como contraparte de su respectivo masculino.
¿Alguien me sigue?


lunes, 3 de noviembre de 2008

Cuatro frescas (XVI)


Ahora ese Rómulo no es cola de león sino cabeza de rata. (Meckler).


El zambo Obama es el blanco perfecto. (McCaín).


Este es un gabinete muy elegante: tiene a Elena Conterno. (Calato).


De mis amigos y enemigos me defiendo muy bien a capa y espalda (Gayly).

domingo, 26 de octubre de 2008

Taller del periodista (II)



(y para los que no lo son)


No tenga miedo de decir
la médica en vez de la médico




Fui invitado a ofrecer una conferencia ante periodistas y abogados que se inscribieron para el II Seminario para Periodistas sobre el Sistema Judicial organizado por el Poder Judicial.
No podía decir no a la posibilidad de encontrarme frente a mis colegas en una reunión de tal naturaleza y al honor de participar como expositor en una actividad organizada por el Poder Judicial de mi país, que me daba el tema de “La transparencia judicial: hacia un lenguaje judicial comprensible”.
Y bueno, como le dieron al pato lo echaron al agua, allá fui, luego de dar picotazos a un libro que publiqué hace unos años y se titula “Algo que llamamos periodismo” y, por supuesto, al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, para confirmar si lo que iba a decir se hallaba en lo cierto, si estaba debidamente actualizado y podía entregar a mis colegas –y a algunos abogados que también se inscribieron en el seminario– un mensaje acerca de lo constructivo que es escribir o decir algo sin que la señora Martha Hildebrandt vaya a decirnos “qué mal escriben los periodistas”.
Recordé al abogado César Nakazaki decir por ejemplo, “la juez”, al referirse a la magistrada que sentenció a cinco meses de prisión efectiva a Magaly Medina y se me encendió el foco. Les dije a mis amigos que el doctor Nakazaki debió decir “la jueza”, así en femenino, porque tal palabra había sido ya aceptada por la Real Academia de la Lengua hacía un montón de años.

El abogado César Nakazaki (derecha) le dijo "juez" a la jueza




Esto me dio el pretexto para informar al auditorio que tanto periodistas como abogados no utilizábamos términos que ya la Real Academia había consagrado como lícitos y ya era pecado decir, por ejemplo, la abogado, en lugar de la abogada como debe ser, o decir la médico cuando la palabra médica ha sido aceptada y hay la obligación de escribirla o decirla.
Eso es producto del avance, les dije a mis colegas, de la avalancha de profesionales mujeres en campos que antes estaban ocupados solo por el sexo masculino.
Ahora, según acabo de ver en Internet, en España están a punto de hacer denuncias por discriminación porque ciertas empresas de transportes no quieren contratar a mujeres para conducir sus grandes camiones.

Las camioneras tienen derecho a protestar, pero de paso puedo decirles que la palabra camionero era única en el mundo, pero desde cuando las chicas se pusieron al frente del volante de esos monstruos que recorren día y noche las carreteras del mundo –creo que menos en el Perú… todavía– el Diccionario de la Lengua ha hecho justicia al consignar la palabra camionera en su página 414.
De paso, les di una relación sobre las formas femeninas que aún algunos se resisten a utilizar y que están perfectamente autorizadas por la Real Academia. He aquí una muestra:


… Y así hasta el infinito.
Y hasta nuestro próximo taller.

jueves, 23 de octubre de 2008

Nueva vida para el Teatro Municipal

Es parte de la rica historia
rebelde de Arequipa

Acabadito de cumplir sus primeros 68 años, el Teatro Municipal de Arequipa va a ser remodelado y su amplia estructura interna servirá para que los actos culturales se difundan todos los días y noches, como fue el destino original de aquel edificio de fachada blanca tallada en sillar, inaugurado precisamente en 1940 cuando la ciudad cumplía 400 años de fundación española.

La hermosa fachada de tallado sillar blanco del Teatro Municipal asoma sobre las obras



La lectura de una información periodística publicada en el diario El País, Madrid, España, remitida desde Arequipa por mi amigo y colega Óscar Gonzales Málaga, sobre aquella anunciada remodelación, me ha traído reminiscencias de varios colores, como dijera algún pintor.
El Teatro Municipal, al finalizar la tercera cuadra de la calle Mercaderes, en pleno centro de Arequipa, fue inaugurado el 15 de agosto de 1940, cuando la ciudad cumplía 400 años de fundación española.
La primera fundación, según el historiador Rómulo Cúneo Vidal, puede venir de varios siglos antes, cuando los atlantes en un éxodo epopéyico, cruzaron primero el mar Atlántico donde su Atlántida se hundía inexorablemente, luego se introdujeron en la selva amazónica en busca de un lugar donde refundar su civilización y llegaron al altiplano donde crearon el Tiahuanacu que extendió sus brazos hasta más allá de la cordillera para bajar por los contrafuertes andinos y establecer algunos asentamientos humanos a este lado de la geografía surperuana y probablemente en el valle de Arequipa, que los españoles descubrieron cuando ya asomaba la primavera de 1540.
Pero esa es otra historia de la que –promesa solemne– les hablaré en otra ocasión.
Ahora se trata del Teatro Municipal que yo recuerdo. Ese agosto de 1940, también se inauguraba el estadio Mariano Melgar, en el barrio de IV Centenario, cuyas primeras casas se construyeron precisamente para abrirse en esa solemne fecha.

Un concierto de theremín
Yo era entonces alumno de la Escuela Fiscal 962, también llamada Manuel Muñoz Nájar, cuya sede se encontraba en un enorme espacio que solo tenía salida a través de dos callejones, uno de los cuales terminaba en la avenida Goyeneche y el otro en la hoy avenida Mariscal Castilla.
En aquel agosto de tantas inauguraciones, nuestro director, el reverendo hermano de La Salle, Blaste María, alemán de Hamburgo, que lucía una cicatriz en el lado derecho del rostro a causa de un tajo de bayoneta que felizmente no lo mató en la Primera Guerra Mundial, dispuso que todo el alumnado concurriera al estadio Melgar para un concierto de theremín.
En el centro del estadio sobre un estrado había un solo instrumento, un aparatito no más grande que una máquina de escribir con dos antenas. El ejecutante, al parecer un músico alemán, extendió las manos sobre el aparatito y conforme las acercaba o las alejaba producía sonidos musicales muy diferentes a cualquiera de los que producen los conocidos instrumentos de una banda de músicos o una orquesta clásica.
Tenía escasa edad para saber qué piezas interpretaba el músico, pero sí recuerdo que en ocasiones el sonido parecía el de una voz humana lo que me obligaba a buscar quien era la cantante misteriosa que no aparecía en el escenario.
Muchos años más tarde, he averiguado que el theremín existe. Lo vi en el Museo Alemán de Münich, junto a una infinidad de instrumentos musicales y me parece que ya era una reliquia, pues a lo largo de mi vida, no he sabido que alguna vez se haya dado un concierto en ese instrumento ni si existe un concertista capaz de ofrecerlo.
Una enciclopedia me informa que el theremín fue uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos y fue inventado por el físico ruso Lev Serguerevich Termen, quien se nacionalizó francés y cambió su nombre por el de León Thèrèmin.
Aparte de físico, Termen o Thèrèmin era violoncelista y los musicólogos afirman que por ello, los sonidos del theremín tiene mucha semejanza con los del violoncelo. No puedo dar fe de ello.
Pero me había propuesto contarle algo del viejo Teatro Municipal y me ganó el recuerdo de aquel concierto del estadio Melgar, precisamente ofrecido a los estudiantes en homenaje a los 400 años que cumplía la ciudad.

En el foso de la orquesta
La primera vez que fui al Teatro Municipal fue cuando como alumno del Colegio de la Independencia Americana y miembro de la banda de músicos debimos concurrir para participar en una función de gala que se desarrollaría en ese escenario, en celebración del aniversario del colegio, organizada por los estudiantes de los años superiores.


En el Teatro comenzó a morir la dictadura militar de Odría en 1955




Los músicos nos ubicamos en el foso de la orquesta, que según la nota de Óscar Gonzales, será ampliado con la remodelación que se anuncia, interpretamos el himno nacional, algunas piezas de ambiente arequipeño en los entreactos y, como era de cajón, el himno de Arequipa al terminar la función.
Desde esa privilegiada posición, asistí a una de las funciones estudiantiles más notables que haya visto en mi vida.
Un grupo de alumnos de cuarto o quinto año de media, interpretó “El hombre es lobo del hombre”, pieza teatral en tres actos de nuestro profesor de historia, Carlos Manchego.
Otro grupo participó en una pieza humorística titulada creo ”El niño de la casa”, en que Pedro Róger Cateriano, más tarde respetado periodista y literato, salía finalmente vestido con pantalones cortos montado en una escoba a correr por el escenario.
Cateriano fue el único al que pude identificar porque años después tuve la ocasión de frecuentarlo en Arequipa y en el diario El Comercio, donde trabajó mucho tiempo.

Desde la galería
El Teatro Municipal acogía también a la Orquesta Sinfónica de Arequipa que ofrecía conciertos periódicos. Con mi condiscípulo de entonces, Daniel Neira Salinas, nos íbamos a la galería que colindaba con el techo del teatro, y cuyo precio estaba al alcance de nuestras propinas.
Encontrábamos mucha gente bien vestida que atribuía su presencia allí a que la acústica era mejor que en la platea, y favorecía escuchar las piezas clásicas que interpretaba la sinfónica, poderosa orquesta dirigida por el ruso Alexander Kosseleff, quien marcó la mejor época de la cultura musical de Arequipa.
Por supuesto, el Teatro Municipal también ofrecía regularmente tres funciones de cine diarias y la preocupación de sus conductores era poner en cartelera las mejores películas que podían conseguir.
Fue también en el Teatro Municipal donde se produjo el principio del fin de la dictadura militar de Manuel Odría.
La Coalición Nacional que fundara el industrial Pedro Roselló, organizó un acto político que tendría lugar el 21 de diciembre de 1955, pero las autoridades de entonces negaron permiso para la reunión. Entonces cientos de ciudadanos se concentraron en la Plaza de Armas y cuando fueron informados de que la reunión tendría lugar en el Teatro Municipal, hacia allá se dirigieron.
Protagonizaron aquella jornada Héctor Cornejo Chávez, Javier de Belaunde Ruiz de Somocurcio Juan Manuel Polar, Enrique Ferreyron y otros dirigentes de la Democracia Cristiana de entonces.
Todos ellos hablaron a los manifestantes desde un muro del Banco Internacional que estaba en construcción y colindaba con el Teatro Municipal.
La enardecida multitud invadió el teatro y pasó por encima de una formación de vendedoras del mercado de San Camilo, partidarias de Odría, que lanzaban tomates y verduras contra los manifestantes que tras derribarlas entraron a la platea del cine.
Cuando el teatro se hallaba lleno de gente y se esperaba que los líderes de la protesta subieran al escenario cayeron bombas de gases lacrimógenos en el recinto, disparadas desde la galería.
Los manifestantes salieron como pudieron y se informó de varios heridos y asfixiados. La protesta fue acallada, pero las instituciones de Arequipa decretaron un paro general que al tercer día provocó la renuncia del sanguinario ministro de Gobierno Alejandro Esparza Zañartu, con lo que, según las palabras de Javier de Belaunde, “la dictadura quedó herida de muerte”.

Y bien, ese histórico teatro, que el 15 de agosto pasado cumplió 68 años de existencia sirviendo a la cultura, y donde han tenido lugar solemnes ceremonias, será remozado y no se me puede impedir un sentimiento de optimista nostalgia, al saber que le será inyectada nueva vida para que sirva mejor a una ciudad que harto lo necesita.


Fotos de Óscar Gonzales Málaga

sábado, 18 de octubre de 2008

El semanario quincenal cumple diez años


“El Gallito” no se vende
porque no tiene precio


No puedo dejar de sentir el impacto de dos portadas de El Gallito, una publicación que se dice “quincenario mensual de aparición semanal” y que va a cumplir diez años el próximo noviembre en la Blanca Ciudad del Misti.
Aún no lo saben pero el director es un tal Álvaro “Lesness” Podestá Cuadros que nació en el Rímac y se avecindó en Arequipa al parecer per secula seculorum, donde ha establecido su cuartel general.
El tal “Lesness” se dio cuenta de que nadie compra por las buenas un periódico o una revista, salvo algunos que nos contamos con los dedos de los pies. Y decidió que “El Gallito” debía ser gratuito. Además le dijo al editor que aunque tiene solo cuatro páginas en blanco y negro y en modesto papel bond, le pusiera un regalo a los lectores en la ¡página 17!
Así, de juego en juego, fue llenando las páginas de El Gallito con un poco de imaginación, mucha fantasía, un buen humor insobornable y más mentiras de las que salen por la boca del infierno.
¡Y va a cumplir diez años con su lema El Gallito no se vende porque no tiene precio! Para desanimar a los fenicios infiltrados en la profesión que no pocas veces han aprovechado las técnicas modernas de impresión para sacar fotocopias y cobrar un sol por cada gallo, lo cual al autor, director, editor, publicista, reportero, fotógrafo, distribuidor, canillita y responsable de la publicación, no le cae nada bien.

Portada de El Gallito 204




Eso prueba de que El Gallito es una ave a prueba de balas y bolas y que, aunque algunos señores muy encumbrados le han criticado su lisurez y lo no pocas veces lo han calificado de ”grosero”, lo leen aunque sea a escondidas. Algo así como lo que ocurría con Naná, la famosa novela de Emilio Zolá, que todos comentaban en secreto y no se atrevían a leer en público, pero que tenían guardada bajo la almohada para darse el gusto a solas, sin testigos.
Bueno. El Gallito supo conquistar a algunos hombres de buena voluntad, que de paso eran –son– hombres de negocios, para que con sus contribuciones a cambio de un anuncio, le sacudan la pobreza y le permitan pagarle al diseñador Elvis Ninasivincha, al impresor, a los vendedores de papel, y, en fin, a los que no perdonan a nadie a la hora de cobrar por muy gallo que sea.
Y de paso le permitió hacer canjes que le permiten llevarse sabrosos pollos a la brasa o comer en distinguidos restaurantes y beber su tequila sunrise cuando está con ganas de mojar el buche.
Y, vea usted. Solo pensaba escribir un par de párrafos para presentar las últimas dos portadas de este El Gallito que cumplirá diez años sin haber ido a la olla en noviembre y ya voy por el décimo y con la perspectiva de un par más porque vale la pena felicitar a alguien que como Álvaro Podestá Cuadros, está haciendo periodismo sin ser periodista y ha conquistado más lectores que los que dicen tener alguna formales publicaciones.

Portada de El Gallito 205, de los últimos ejemplares llegados a Lima



Y todo eso, verdad de verdades, me parece a mí que soy su papá, una hazaña digna de no solo diez sino muuuuuuuuuchos años más para alegría de la gente que lo lee.
Ahora, basta de palabras y como ambas portadas son de toda actualidad, se las regalo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Taller del periodista (I)



(También para los
que no lo son)

El dequeísmo
Este es el primero de una serie de consejos, recomendaciones o lo que quiera llamarse, en torno a los vicios o errores más saltantes en que incurren no solo los periodistas –que según la doctora Martha Hildebrandt, son los que mal utilizan la preciosa herramienta del lenguaje– sino encumbrados personajes de la política, de instituciones diversas, del arte, de la literatura y hasta de la cultura.

Aquí seremos inmisericordes para señalar, a veces con mención del milagro y el santo y en ocasiones el milagro solo, de lo que se pueda pescar en ese firmamento de la televisión, la radio, los periódicos... el Congreso, el Palacio de Pizarro, las conferencias de prensa, los discursos y cualquier otro hecho que caiga bajo nuestra acuciosa observación.

Dijo, entre otras cosas, el líder político Ollanta Humala en una entrevista de la televisión frente a Mariella Balbi: “Nosotros pensamos de que …
Aparte de usar 23 veces la palabra tema en unos 20 minutos, es decir, más de una por minuto, incurrió en el dequeísmo en que pecan muchos hispanohablantes, lo cual nos da motivo para hablar de ese fenómeno y de su contraparte el antidequeísmo.

El llamado dequeísmo o uso irregular del de que, la preposición de seguida por la conjunción que ya es un virus generalizado del idioma y ataca a millones de hispanohablantes, sin respetar niveles sociales, políticos ni profesionales.
Pero no siempre la aparición de la preposición de y la conjunción que tiene que ser considerada como un error.
Lo más frecuente, sobre todo en los medios de televisión y la radio, es escuchar a políticos de alcurnia decir sin rubores yo creo de que, yo pienso de que...
Entonces surgieron en la otra vereda los guerreros del lenguaje que querían combatir el dequeísmo y trataban de ponerse a salvo de la epidemia y librar de ella a todos los demás, y lamentablemente optaron por una vacuna que los envió a la práctica de lo que los académicos llamaron el antidequeísmo. Es decir, para evitar el dequeísmo, pusieron en uso y abuso el antidequeísmo.
De modo que era bastante frecuente escuchar que mucha gente señalaba tengo la certeza que... o esa medida fue tomada después que...
Así, pues, el remedio resultó peor que la enfermedad. Se eliminaba una parte fundamental de la oración como es la proposición de y se produjo un fenómeno al que un estudioso llamó “un gazapo mortal”.

Regla fundamental para evitar el dequeísmo: no debe usarse el de que cuando uno habla o escribe en primera persona ni tercera persona.
No debe decirse: Yo pienso de que, sino yo pienso que...
Tampoco yo estimo de que sino yo estimo que…
Menos fulano dice de que... sino fulano dice que…
No decir ellos opinan de que… sino ellos opinan que....

La regla de la pregunta
Una regla que nos ayudará a evitar el dequeísmo –y por extensión el antidequeísmo– es convertir la frase que se va a pronunciar o escribir en una interrogación utilizando sus mismos elementos.
Ejemplo: Yo estoy seguro de que...
Hagamos la prueba de preguntarnos ¿de qué estoy seguro?
La respuesta natural es Yo estoy seguro de que … algo ocurrió.
Otra prueba: Tenemos la certeza de que...
Para saber si la construcción ha sido correcta hay que preguntarse: ¿De qué tenemos la certeza?
La respuesta que fluye con naturalidad es Tenemos la certeza de que allí ocurrió algo.

No es el mismo fenómeno de yo estimo de que porque si se utiliza la interrogación según la regla enunciada, no se puede preguntar ¿de qué estimo yo? Lo correcto, normal y natural es preguntar ¿qué estimo yo?
De modo que de ninguna manera debe decirse yo estimo de que…
Tampoco podrá decirse yo considero de que, ya que si aplicamos la regla de la pregunta e interrogamos ¿qué considero yo? la respuesta natural es yo considero que, porque de ningún modo la pregunta podría ser ¿de qué considero yo?
Siguen algunos ejemplos de cuándo debe utilizarse el de que y cuándo simplemente el que:

Del mismo modo debe usarse el de que en casos como:

Los ejemplos son de lo más corrientes y se los entrego con el afán de que te ayuden en tus conversaciones y colaboren en el buen hablar y buen escribir de todas las personas en general y de los periodistas en particular para acabar con esa una plaga.



lunes, 13 de octubre de 2008

Cuatro frescas (XV)


“Si no tenemos ética ¿para qué queremos Comisión de ética? (Lucha Kuku).

"Voy a pasar de francotirador a artillero franco porque me gusta Pepito Dos Cañones". (Gaymito).

"Ese Rómulo pasará a la historia no como León sino como una rata inmunda". (Garfía).

"Frente a los León y Químper, mis pollos a la brasa de 400 soles han quedado a la altura de pichones, oiga usted". (Hombre Arana).

domingo, 5 de octubre de 2008

La dictadura de Velasco a una sola voz



Otro aniversario feroz nos
recuerda un atentado
contra la voluntad popular


El 3 de octubre marca, de acuerdo con los que fueron sus partidarios –hoy fungen de demócratas, escriben en medios democráticos, participan en foros democráticos– un cambio de la sociedad peruana. Hace poco conversé con un médico quien aventó que “la historia del Perú está dividida en dos épocas: antes y después de Velasco”.
Afirma su opinión en el hecho de que incorporó al Perú, grandes masas de campesinos que antes ni siquiera se atrevían a venir a las grandes ciudades.

Fernando Belaunde en campaña en 1950




Olvidaba que en una campaña electoral, aquellas masas campesinas de Puno, Cusco, Huancayo, Apurímac gritaban “Terry, Terry, Terry” en abierta ovación a Fernando Belaunde y se incorporaban a la vida política mucho antes de la llamada “revolución peruana”, a cuya sombra se saldaron muchas cuentas con los enemigos de coyuntura, uno de ellos la oligarquía, cuyo espizano se había quebrado con la revolución, a decir desus áulicos, y se produjo una enorme corrupción de la que nadie ha rendido cuentas.
Y entonces, como lo recuerda Aldo Mariátegui en Correo, hubo grandes compras de armas a la Unión Soviética hechas a la sombra, que pusieron presuntamente al Perú entre los países mejor armados de América latina.
Aquellos campesinos siguieron a Fernando Belaunde Terry y confiaban en la democracia que él representaba, le dieron su voto mucho antes de que sus mastines le hicieran inventar a Velasco la famosa frase “el patrón ya no comerá de tu pobreza”, frase que ni dijo Túpac Amaru ni pronunció “el chino” de turno, sino algún inspirado ociólogo de los muchos que abundaron en los medios capturados por esa dictadura.
Como es habitual en los regímenes autoritarios, los áulicos abundaron también en todos los círculos del poder a partir del 3 de octubre de 1968. Y como Velasco atrapó los medios de comunicación, diz que para darles voz a los que no la tenían, aquellos encontraron la ubicación entre el personal idóneo para la revolución.
Así surgieron parvadas enteras de nuevos periodistas revolucionarios que en 1974, tras su captura, dirigieron los diarios “Ojo” para darles voz a los intelectuales, “Correo”, para que los profesionales hicieran sentir su voz, “El Comercio”, el más grande para los campesinos que también eran la tercera parte de la población peruana y nunca habían tenido voz, “Expreso” iba a ser la voz de los educadores, “La Prensa”, la de la comunidades industriales, “Ultima Hora”, para las cooperativas que el Apra acabaría de matar en el primer gobierno de Alan García, y finalmente “La Crónica” y “La Tercera”, del grupo Prado que debían un huevo de plata revirtieron al Estado que los juntó en una extraña mezcla con El Peruano y la agencia oficial Andina.
Así todos los sectores de la vida nacional tuvieron voz, pero la verdad fue que todos a una sola voz estaban al servicio de la revolución velasquista, para morder a quienes se opusieran al dictador y para aplaudir las deportaciones en que el Perú fue pródigo en aquella época.
Hoy día, algunos de esos directores revolucionarios son directores de bibliotecas nacionales, otros pasan piola sin que nadie les diga nada y escriben en medios democráticos, y a otros les quedó el compás dictatorial en el corazón o en el bolsillo y tras haber echado incienso al gobierno revolucionario, aprovecharon la mala memoria de los peruanos para adherirse a empresas públicas y volver a medrar de la democracia, es decir que… gallina que come huevo…
Aldo Mariátegui nos hace recordar desde Correo, que el cuartelazo del 3 de octubre fue “inexcusable porque Belaunde había tenido un gobierno impecable en términos democráticos y los comicios estaban a la vuelta de la esquina”.
Que el recuerdo de aquella dictadura a la que se sumó la de otro chino en el corto lapso, nos haga aprender la lección a civiles y militares. A los primeros, que su primera obligación es con la democracia y el estado de derecho que se traduce en el respeto por sí mismos. A los segundos que cumplan su obligación de guardianes del estado y no la peguen de sus mandamases que ese no es su papel.
La historia es implacable y ya está haciendo sentir su castigo sobre aquellos que un día pisotearon el estado de derecho para encumbrarse en las alturas que no les corresponden sino a quienes están ungidos por el voto de los ciudadanos.


sábado, 27 de septiembre de 2008

Cuatro frescas (XIV)

… Y todo esto, señores, ocurrió el día de anoche. (Corresponsal de Canal N de Trujillo).

Con mi rabieta, allí me gané mi calefacción, y aquí no se me escapará el aire… acondicionado. (Baily).

No me da la gana de abrir la cartera para que vean mis cuentas… de rosario. (Lourdes Alcuenta).

En el GEIN apresábamos a los terroristas vivos… pero también caían algunos sonsos. (Sheriff).

viernes, 26 de septiembre de 2008

No quiero ser millonario… otra vez



Los millonarios buscaban
desperdicios para llenar la olla


Vista la actual coyuntura económica –como dicen los que saben de estas cosas– y con el recuerdo no tan fresco de una época en que muchos de los pobres de este país fuimos millonarios, me atrevo a traer a la memoria colectiva que la hay, algunos episodios de entonces porque, la verdad, la verdad, no quisiera volver a ser millonario, señor presidente.






Los funcionarios de la burocracia de siempre, que entonces pertenecían como ahora al partido de la estrella, que lo llaman, y los congresistas, se aumentaban el sueldo cuando lo consideraban conveniente, porque se trataba de una “inflación controlada” y luego se la llamó “inflación correctiva” nombres con que bautizó un Saberbein a la inflación indomeñable que gobernaba el país.
Ahora el mago Valdivieso ya no frena, sino “modula” la economía. ¿No estaremos frente a otras mentiras como las de hace 20 años?


La quincena en bolsa negra
Trabajaba entonces en la agencia norteamericana de noticias The Associated Press, como redactor en español y recibía un salario de cerca de 800 dólares, a los que sumadas horas extras, horas nocturnas y días domingos y feriados, la suma podía muy redondearse en unos mil billetes verdes, traducidos a soles, porque de acuerdo con las regulaciones salariales de entonces no podíamos recibir pago en dólares sino en moneda nacional o eso, por lo menos era lo que nos hacían creer, porque sabíamos de otros cientos y miles de personas que recibían sus sueldos en moneda extranjera y no les pasaba nada.
Los pagos eran quincenales, de modo que dos veces por mes, a mediados y finales, a veces en un trío con Teófilo Caso y Pedro Torres y a veces solo, me dirigía a la carrera –sí, señores, a la carrera– hasta el Banco Continental de San Isidro, avenida Panamá, para cobrar los soles.
Recuerdo que casi siempre iba acompañado por mi hijo Gonzalo, provistos de una o dos bolsas plásticas negras. Cuando los empleados de ventanilla vieron la cantidad que debían pagar, me dijeron tiene que cobrar en el sótano. Y allá fuimos, hacia ese misterioso sector en cuyas puertas había celosos vigilantes, que le preguntaban por todo su currícula, dónde trabajaba y por qué venía a cobrar aquí y a cuánto ascendía la suma y otras sandeces destinadas a hacerle perder el tiempo a uno.
Esa era también la sección donde cobraban los tagarotes dueños de grandes empresas, rodeados de guardaespaldas con grandes maletines.
Tal agitación y concentración de gente se producía justamente los mediados y fines de mes como he recordado y se me imaginaba que por esas fechas también los empresarios buscaban la liquidez necesaria para pagar a sus empleados, por lo que el sótano estaba que reventaba la mayoría de las veces que me tocó ir a cobrar mi quincena.
Cuando al fin llegaba a la ventanilla, el empleado miraba con desconfianza a Gonzalo, decía solo atenderé a una persona, le explicaba es mi hijo que me acompaña, se cerraba en su negativa, luego examinaba el cheque por todos sus costados, lo ponía bajo una máquina identificadora de las firmas, volvía a mirarlo, chequeaba mi firma, me pedía mi documento de identidad, me preguntaba si vivía en la dirección que figuraba en el documento, que era diferente a la del cheque.
Le respondía que no, que la dirección del cheque pertenecía a mi actual domicilio en el distrito del Rímac y que la de la libreta electoral era mi domicilio de Arequipa, que no había cambiado ni iba a cambiar.


Los “ladrillos”
A veces el empleado se ponía a consultar. Cuando toda esa serie de precauciones terminaba al final de una sesión tediosa que se repetía quincena a quincena, sacaba paquetes de billetes nacionales a los cuales nosotros llamábamos “ladrillos” y los iba poniendo delante de la ventanilla.
–¿Tiene algo en que llevarlos? – preguntaba no pocas veces, algunas de ellas tratándose de hacerse el gracioso.
–Sí, he traído esta bolsa –le mostraba el plástico negro.
–Esa está bien –aprobaba.
Luego contaba uno, dos, tres cuatro, cinco millones, a veces seis o siete millones, y cuando el cheque incluía gratificaciones de fiestas patria o navidad, se solazaba ocho, nueve, diez, once, doce millones.
Así, con once o doce o simplemente con cuatro o cinco paquetes, ladrillos, salíamos del sótano, caminábamos rápidamente hasta la calle y allí mismo levantábamos el brazo en busca de un taxi. Los taxistas, que veían y sabían lo que uno llevaba en la bolsa negra también se querían pasar de vivos.
–Solo vamos aquí a la avenida Las Begonias, a la vuelta –le decía para hacerle ver que conocía la zona y no podía alargarme el viaje para cobrar más.
Pero siempre nos cobraban como una carrera larga, como si en lugar de ir a ese cercano lugar de San Isidro, el viaje fuera a ser hasta el Rímac.
Teníamos que resignarnos. Cuando llegábamos a Las Begobias, ya estaban los cambistas de dólares. Cambiábamos nuestros ladrillos de soles o intis por relucientes billetes verdes. Allí mismo, cinco o diez minutos después del engorroso trámite ante la ventanilla del banco, el dinero adquiría su verdadera dimensión. Seis o siete billetes de cien dólares.
Siempre reservábamos un ladrillo para entregarlo a la ama de casa y que sirviera para los primeros gastos de la quincena, pagar algunas cuentas de colegios, compra de útiles, si es que alcanzaba y tratar de estirar la plata hasta donde se pudiera hoy día, porque mañana se compraría la mitad. De modo que era preferible tener la refrigeradora llena que los ladrillos sin tocar.
Después íbamos sacando los dólares. Cambiábamos en el mismo barrio veinte o cincuenta para los gastos de la casa. Y le decía a mi esposa Delia que comprara todo lo que pudiera. De ese modo, siempre teníamos queso y mantequilla que no se malogra en el refrigerador, carne para unos dos o tres días, fruta, algunos paquetes de embutidos, té y café en lata, leche también enlatada y víveres no perecibles.

Como en la postguerra
Me recordaba la época de Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando los héroes de Erich María Remarque, en Sin novedad en el frente y De regreso, sobre todo, llevaban el dinero que podían ganar en carretillas para comprar una hogaza de pan o un kilo de salchichas. Y advertía a mi familia que podían venir tiempos peores.
-¿Peores que éstos? –me reprochaba mi esposa.
Y luego de un silencio.
-¡Y eso que tú no ganas tan mal. Imagínate qué harán las personas que ganan quinientos mil soles mensuales!
Eso era cierto.
La gente que algunos noticieros mostraban en la televisión ya no compraba carne, sino cabezas de pollo para hacerse un aguadito. Buscaba lo más barato y a veces, el horror llegaba al espanto, cuando mostraban a un anciano o anciana con su canasta vacía bajo el brazo, tratando de ocultarse pudorosamente a las miradas ajenas, mientras se inclinaba para buscar las tripas de aves evisceradas que los comerciantes arrojaban en un cilindro con los desperdicios.
Los trabajadores, muchos de los que ganaban solo un millón al mes, señor presidente, se acostumbró a comer uno de los cuatro panes que comía. Se acostumbró a medir la cantidad de fruta que podía distribuir entre los suyos, porque era un producto aún al alcance de la gente.






Las empresas subían sus precios, aumentaban los salarios de la gente en la medida que creían que los nivelaban con la inflación, pero era imposible alcanzarla ni con la mejor buena voluntad ni la más grande de las generosidades.
¡Cómo alcanzar una inflación de siete mil por ciento!

Por esas y otras causas, señor presidente, ya no queremos ser millonarios como en su primer gobierno. Y le rogamos encarecidamente que tenga en la cabecera de su cama, algún libro que le recuerde cómo fue aquel tiempo que usted bautizó como el futuro diferente.
Efectivamente lo fue. Pero por favor, no queremos uno nuevo…

(Ilustraciones tomadas de medios de comunicación limeños)